7a. Porque no se deje de decir algo de aquello, digamos lo que dijo de ello Cristo a san Juan en el Apocalipsis por muchos términos y vocablos y comparaciones en site veces.
7b. Por no poder ser comprehendido aquello en
un vocablo, ni en una vez, porque aun en todas aquellas se quedó por decir.
7c. Apocalipsis 2, 7: El que venciere, darle
he a comer del árbol de la vida que está en el paraíso de mi Dios.
7d. Porque este término no declara bien
aquello, dice luego otro y es:
7e. Apocalipsis 2, 10: Sé fiel hasta la
muerte, y darte he la corona de la vida.
7f. Aunque tampoco este término lo dice, dice
luego otro más oscuro y que más lo da a entender diciendo:
7g. Apocalipsis 2, 17: Al que venciere le
daré le maná escondido y darle he un cálculo[1]
blanco, y en el cálculo un nombre escrito, que ninguno le sabe sino el que le
recibe.
7h. Y porque tampoco este término basta para
decir aquello, luego dice otro el Hijo de Dios de grande alegría y poder:
7i. Apocalipsis 2, 26-28: El que venciere y
guardare mis obras hasta el fin, darle he potestad sobre las gentes, y regirlas
ha en vara de hierro, y como un vaso de barro se desmenuzarán, así como yo
también, recibí de mi Padre, y darle he la estrella matutinal.
7j. Y, no se contentando con estos términos
para declarar aquello, dice luego:
7k. Apocalipsis 3, 5: El que venciere de esta
manera, será vestido con vestiduras blancas, y no borraré su nombre del libro
de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre.
8a. Mas, porque todo lo dicho queda corto,
luego dice muchos términos para declarar aquello, los cuales encierran en sí
inefable majestad y grandeza:
8b. Apocalipsis 3, 12: El que venciere
hacerle he columna en el templo de mi Dios, y no saldrá fuera jamás, y
escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el
nombre de la ciudad nueva de Jerusalén de mi Dios, que desciende del
cielo de mi Dios, y también mi nombre nuevo.
8c. Y dice luego lo séptimo, para declarar
aquello, y es:
8d. Apocalipsis 3, 21-22: El que venciere, yo
le daré que se siente conmigo en mi trono, como yo vencí y me senté con mi
Padre en su trono. El que tiene oídos para oír, oiga, etc.
8e. Hasta aquí son palabras del Hijo de Dios,
para dar a entender aquello.
8f. Las cuales cuadran a aquello muy perfectamente,
pero aún no lo declaran.
8g. Las cosas inmensas esto tienen, que todos
los términos excelentes y de calidad y grandeza y bien cuadran, mas ninguno de
ellos le declaran[2],
ni todos juntos.
9a. Pues veamos ahora si dice David algo de
aquel aquello. En un salmo dice:
9b. Salmo 30, 20: ¡Cuán grande es la multitud
de tu dulzura, que escondiste a los que te temen!
9c. Por eso en otra parte llama a aquello
torrente de deleite, diciendo:
9d. Salmo 35, 9: Del torrente de tu deleite
los darás a beber.
9e. Porque tampoco halla David igualdad en
este nombre, llámalo en otra parte:
9f. Salmo 20, 4: prevención de las
bendiciones de la dulzura de Dios.
9g. Salmo 20, 4: “Que se acuerde de todas tus
ofrendas, que le agraden tus sacrificios”.
9h. De manera que nombre que justo cuadre a
aquello que aquí dice el alma, que es la felicidad para que Dios la predestinó,
no se halla.
9i. Pues quedémonos con el nombre que aquí le
pone el alma de aquello, y declaremos el verso de esta manera:
9j. Aquello que me diste.
9k. Esto es, aquel peso de gloria en que me predestinaste,
¡oh Esposo mío!, en el día de tu eternidad.
9l. Cuando tuviste por bien de determinar de
criarme.
9m. Me darás luego allí en el mi día de mi
desposorio y bodas y en el día mío de la alegría de mi corazón.
9n. Cuando, desatándome de la carne y
entrándome en las subidas cavernas de tu tálamo, transformándome en ti gloriosamente.
9ñ. Bebamos el mosto de las suaves granadas.
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