9a. Do mana el agua pura.
9b. Donde la noticia y sabiduría de Dios que
aquí llama agua pura, al entendimiento, limpia y desnuda de accidentes y
fantasías y clara, sin tinieblas de ignorancia.
9c. Este apetito tiene siempre el alma de
entender clara y puramente las verdades divinas.
9d. Cuanto más ama, más adentro de ellas apetece
entrar.
9e. Y por eso pide lo tercero:
10a. Entremos más adentro en la espesura.
10b. En la espesura de tus maravillosas obras
y profundos juicios, cuya multitud es tanta y de tantas diferencias, que se puede
llamar espesura.
10c. En ellos hay sabiduría abundante y tan
llena de misterios, que no solo la podemos llamar espesa, mas aun cuajada,
según lo dice David:
10d. Salmo 67, 16: Mons Dei, mons pinguis,
mons coagulatus.
10e. Que quiere decir: El monte de Dios es
monte grueso y monte cuajado.
10f. Esta espesura de sabiduría y ciencia de
Dios es tan profunda e inmensa, que, aunque más el alma sepa de ella, siempre
puede entrar más adentro.
10g. Por cuanto es inmensa y sus riquezas
incomprehensibles, según exclama san Pablo diciendo:
10h. Romanos 11, 33: ¡Oh alteza de riquezas
de sabiduría y ciencia de Dios, cuán incomprehensibles son sus juicios e
incomprehensibles sus vías!
11a. El alma en este espesura e
incomprehensibilidad de juicios y vías desea entrar, porque muere en deseo de
entrar en el conocimiento de ellos muy adentro.
11b. El conocer en ellos es deleite
inestimable que excede todo sentido.
11c. Hablando David del sabor de ellos dijo
así:
11d. Salmo 18, 10-12: Los juicios de Dios son
verdaderos y en sí mismos tienen justicia; son más deseables y codiciados que
el oro y que la preciosa piedra de grande estima; y son dulces sobre la miel, y
el panal, tanto, que tu siervo los amó y guardó.
11e. En gran manera desea el alma engolfarse
en estos juicios y conocer más adentro de ellos.
11f. A trueque de esto le sería grande
consuelo y alegría entrar por todos los aprietos y trabajos del mundo, y por
todo aquello que te pudiese ser medio para esto, por dificultoso y penoso que
fuese.
11g. Y por las angustias y trances de la
muerte, por verse más adentro en su Dios.
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