8a. Y en él preso quedaste.
8b. ¡Oh cosa digna de toda acepción y gozo, quedar Dios preso en un cabello!
8c. La causa de esta prisión tan preciosa es el haber Dios querido pararse a mirar el vuelo del cabello, como dicen los versos antecedentes.
8d. El mirar de Dios es amar.
8e. Si él por su gran misericordia no nos mirara y amara primero, como dice san Juan.
8f. 1 Juan 4, 10: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo, como víctima de propiciación por nuestros pecados”.
8g. Y se abajara, ninguna presa hiciera en él el vuelo del cabello de nuestro bajo amor.
8h. Porque tenía él tanto vuelo que llegase a prender a esta divima ave de las alturas.
8i. Porque ella se bajo a mirarlos y a provocar el vuelo y levantarlo de nuestro amor, dándole valor y fuerza para ello, por eso mismo él mismo se prendó en el vuelo del cabello.
8j. Él mismo se pagó y se agradó, por lo cual se prendó.
8k. Eso quiere decir: Mirástele en mi cuello, y en él preso quedaste.
8l. Cosa muy creíble es que el ave de bajo vuelo pueda prendar al águila real muy subida, si ella se viene a lo bajo queriendo ser presa.
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