6a. Haremos las guirnaldas.
6b. Todas las virtudes y dones que el alma y
Dios adquieren en ella son en ella como una guirnalda de varias flores con que
está admirablemente hermoseada, así como de una vestidura de preciosa variedad.
6c. Así como las flores materiales se van
cogiendo, las van en la guirnalda que de ellas hacen componiendo.
6d. De la misma manera, así como las flores
espirituales de virtudes y dones se van adquiriendo, se van en el alma asentando.
6e. Acabadas de adquirir está ya la guirnalda
de perfección en el alma acabada de hacer, en que el alma y el Esposo se
deleitan hermoseados con esta guirnalda y adornados, bien así como en estado de
perfección.
6f. Estas son las guirnaldas que dice ha de hacer,
que es ceñirse y cercarse de variedad de flores y esmeraldas de virtudes y
dones perfectos.
6g. Para parecer dignamente con este hermoso
y precioso adorno delante de la cara del rey y merezca la iguale consigo,
poniéndola como reina a su lado, pues ella lo merece con la hermosura de su variedad.
6h. Hablando David con Cristo en este caso,
dijo:
6i. Salmo 44, 10: Astitit regina a dextris
tuis in vestitu desaurato, circundata varietate.
6j. Salmo 44, 10: Estuvo la reina a tu
diestra en vestidura de oro, cercada de variedad.
6k. Estuvo a tu diestra vestida de perfecto
amor y cercada de variedad de dones y virtudes perfectas.
6l. No dice haré yo las guirnaldas solamente,
ni harás tú tampoco a solas, sino haremos entrambos juntos.
6m. Las virtudes no las puede obrar el alma
ni alcanzarlas a solas si ayuda de Dios, ni tampoco las obra Dios a solas en el
alma sin ella.
6n. Aunque es verdad que todo lo bueno y todo
lo perfecto sea de arriba descendido del Padre de las lumbres, como dice
Santiago.
6ñ. Santiago 1, 17: “Todo buen regalo y todo
don perfecto viene de arriba, procede del Padre de las luces, en el cual no hay
ni alteración ni sombra de mutación[1].
6o. Todavía eso mismo no se recibe sin la
habilidad y ayuda del alma que lo recibe.
6p. Hablando la esposa de los Cantares con el
esposo, dijo:
6q. Cantar de los cantares 1, 3: Tráeme,
después de ti correremos.
6r. El movimiento para el bien de Dios ha de
venir solamente.
6s. Mas el correr no dice que él solo, ni
ella sola, sino correremos entrambos, que es el obrar de Dios y el alma juntamente.

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