3a. Cuando alguna alma tuviese algo de este grado de solitario amor, grande agravio se le hacía a ella y a la Iglesia si, aunque fuese por poco espacio, la quisiesen ocupar en cosas exteriores y activas, aunque fuesen de mucho caudal[1].
3b. Porque, pues Dios conjura que no la
recuerden[2]
de este amor, ¿quién se atreverá y quedará sin reprensión?
3c. Al fin, para este fin de amor fuimos
criados.
3d. Adviertan, pues, aquí los que son muy
activos, que piensan ceñir[3]
al mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho
harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios dejado aparte el buen ejemplo
que de sí darían, si gastasen siquiera la mitad de este tiempo en estarse con
Dios en oración, aunque no hubiesen llegado a tan alta como esta.
3e. Cierto, entonces harían más y con menos
trabajo con una obra que con mil, mereciéndolo su oración, y habiendo cobrado
fuerzas espirituales en ella.

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