5a. En el ameno huerto deseado.
5b. Es como si dijera: transformado se ha en
su Dios, que es el que aquí llama huerto ameno, por el deleitoso y suave
asiento[1]
que halla el alma en él.
5c. A este huerto que llena transformación,
el cual es ya gozo y deleite y gloria de matrimonio espiritual, no se viene sin
pasar primero por el desposorio espiritual y por el amor leal y común de
desposados.
5d. Después de haber sido el alma algún
tiempo esposa en entero y suave amor con el Hijo de Dios.
5e. Después la llama Dios y la mete en este
huerto florido suyo a consumar este estado felicísimo del matrimonio consigo.
5f. En que se hace tal junta de las dos
naturalezas y tal comunicación de la divina a la humana, que, no murando alguna
de ellas su ser, cada una parece Dios.
5g. Aunque en esta vida no pueda ser
perfectamente.
5h. Aunque es sobre todo lo que se puede
decir y pensar.
6a. Esto da muy bien a entender el mismo
Esposo en los Cantares:
6b. Cantar de los cantares 5, 1: Ven y entra
en mi huerto, hermana mía, esposa, que ya he segado mi mirra con mis especias
olorosas.
6c. Llámale hermana y esposa, porque ya lo
era en el amor y entrega que le había hecho de sí antes que la llamase a este
estado de matrimonio espiritual.
6d. Donde dice que tiene ya segada su olorosa
mirra y especias aromáticas.
6e. Son los frutos de las flores ya maduros y
aparejados para el alma.
6f. Los cuales son los deleites y grandezas
que en este estado de sí la comunica, esto es, en sí mismo a ella.
6g. Él es ameno y deseado huerto para ella.
6h. Todo el deseo y fin del alma y de Dios en
todas las obras de ella es la consumación y perfección de este estado, por lo
cual nunca descansa el alma hasta llegar a él.
6i. Halla en este estado mucha más abundancia
y henchimiento de Dios, y más segura y estable paz, y más perfecta suavidad sin
comparación que en el desposorio espiritual.
6j. Bien así como ya colocada en los brazos
de tal Esposo, con el cual ordinariamente siente el alma tener un estrecho
abrazo espiritual, que verdaderamente es abrazo.
6k. Por medio del cual abrazo vive el alma
vida de Dios.
6l. De esta alma se verifica aquello que dice
san Pablo:
6m. Gálatas 2, 20: Vivo, ya no yo, pero vive
en mí Cristo.
6n. Viviendo el alma aquí vida tan feliz y
gloriosa, como es vida de Dios, considere cada uno, si pudiere, que vida tan
sabrosa como será esta que vive.
6ñ. Así como Dios no puede sentir algún
sinsabor, ella tampoco le siente, mas goza y siente deleite de gloria de Dios
en la sustancia del alma ya transformada en él.
6o. Por eso se dice en el verso siguiente: Y
a su sabor reposa / el cuello reclinado.

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