7a. Y a su sabor reposa, / el cuello reclinado.
7b. El cuello significa la fortaleza del
alma.
7c. Mediante la cual se hace esta junta y
unión entre ella y el Esposo.
7d. No podría el alma sufrir tan estrecho
abrazo si no estuviese ya muy fuerte.
7e. Porque en esta fortaleza trabajó el alma
y obró las virtudes, y venció los vicios, justo es que en aquello que venció y
trabajó repose, el cuello reclinado.
8a. Sobre los dulces brazos del amado.
8b. Reclinar el cuello en los brazos de Dios
es tener ya unida su fortaleza, o, por mejor decir, su flaqueza en la fortaleza
de Dios.
8c. Los brazos de Dios significan la
fortaleza de Dios, en que, reclinada y transformada nuestra flaqueza, tiene ya
fortaleza del mismo Dios.
8d. Muy cómodamente se denota[1]
este estado del matrimonio espiritual por esta inclinación del cuello en los dulces
brazos del Amado.
8e. Porque ya Dios es la fortaleza y dulzura
del alma, en que está guarecida y amparada de todos los males y saboreada en
todos los bienes.
8f. La esposa en los Cantares, deseando este
estado, dijo al Esposo:
8g. Cantar de los cantares 8,1: ¿Quién te me
diese, hermano mío, que mamases los pechos de mi madre, de manera que te
hallase yo solo afuera y te besase, y ya no me despreciase nadie.
8h. En llamarle hermano da a entender la
igualdad que hay en el desposorio de amor entre los dos antes de llegar a este
estado.
8i. Mamases los pechos de mi madre quiere
decir que enjugases apagases en mí los apetitos y pasiones, que son los pechos
y la leche de la madre Eva en nuestra carne.
8j. Los cuales son impedimento para este
estado.
8k. Esto hecho te hallase yo solo fuera.
8l. Fuera yo de todas las cosas y de mi
misma, en soledad y desnudez de espíritu.
8m. Lo cual viene a ser enjugados los
apetitos ya dichos.
8n. Y allí te besase sola a ti solo.
8ñ. Se uniese mi naturaleza ya sola y desnuda
de toda impureza temporal, natural y espiritual contigo solo, con sola
naturaleza sin otro algún medio.
8o. Lo cual solo es en el matrimonio
espiritual, que es el beso del alma a Dios, donde no la desprecia ni se le
atreve ninguno.
8p. En este estado, ni demonio, ni carne, ni
mundo, ni apetitos molestan.
8q. Aquí se cumple lo que también dice en los
Cantares:
8r. Cantar de los Cantares 2, 11: Ya pasó el
invierno y se fue la lluvia, y aparecieron las flores en nuestra tierra.

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