8a. Montes, valles, riberas.
8a. Por estos tres nombres se denotan[1]
los actos viciosos y desordenados de las tres potencias del alma, que son:
memoria, entendimiento y voluntad.
8b. Los cuales actos son desordenados y
viciosos cuando en extremo son altos y cuando son en extremo bajos y remisos[2].
8c. O, aunque no lo sean en extremo, cuando
declinan hacia uno de los dos extremos.
8d. Por montes, que son muy altos, son
significados los actos extremados en demasía desordenada.
8e. Por valles, que son muy bajos, significan
los actos de estas tres potencias extremados en menos de lo que conviene.
8f. Por las riberas, que ni son muy altas ni muy
bajas, sino que por no ser llanas participan algo de un extremo y del otro, son
significados los actos de las potencias
cuando exceden o faltan algo del medio y llano de lo justo.
8g. Los cuales aunque no son extremadamente
desordenados, que sería llegando a pecado mortal, todavía lo son en parte.
8h. Ahora en venial, ahora en imperfección,
por mínima que sea, en el entendimiento, memoria y voluntad.
8i. A todos estos actos excesivos de lo justo
conjura también que cesen por las amenas liras y canto dicho.
8j. Las cuales tienen puestas a las tres
potencias del alma tanto en su punto de efecto, que están empleadas en la justa
operación que las pertenece.
8k. Que no solo en su extremo, pero ni aún en
parte de el participan alguna cosa.

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