9a. Aguas, aires, ardores / y miedos de las noches veladores.
9b. Por estas cuatro cosas entiende las
afecciones de las cuatro pasiones que son: dolor, esperanza, gozo y temor.
9c.
Por las aguas se entienden las afecciones del dolor que afligen al alma,
porque así como agua se entran en el alma, de donde David dice a Dios hablando
de ellas:
9d. Salmo 68, 2: Sálvame, Dios mío, porque
han entrado las aguas hasta mi alma.
9e. Por los aires entiende las afecciones de
la esperanza, porque así como aire vuelan a desear lo ausente que se espera, de
donde también David dice, …, como si dijera:
9f. Salmo 118, 131: Abrí la boca de mi
esperanza y atraje el aire de mi deseo, porque esperaba y deseaba tus
mandamientos.
9g. Salmo 118, 131: “Abro la boca y respiro,
ansiando tus mandamientos”.
9h. Por los ardores se entienden las afecciones
de la pasión del gozo, las cuales inflaman el corazón a manera de fuego; por lo
cual el mismo David dice:
9i. Salmo 38, 4: Dentro de mí se calentó mi
corazón y en mi meditación se encenderá fuego.
9j. Que es tanto como decir: En mi meditación
se encenderá el gozo.
9k. Por los miedos de las noches veladores se
entienden las afecciones de la otra pasión, que es el temor.
9l. Las cuales en los espirituales que aún no
han llegado a este estado del matrimonio espiritual, del que vamos hablando,
suelen ser muy grandes, a veces de parte de Dios.
9m. Al tiempo que les quiere hacer algunas
mercedes que les suele hacer temor al espíritu y pavor y también encogimiento
de la carne y sentidos.
9n. Por no tener ellos fortalecido y
perfeccionado el natural y habituado a aquellas mercedes.
9ñ. A veces también de parte del demonio, el
cual al tiempo que Dios da al alma recogimiento y suavidad en sí, teniendo él
grande envidia y pesar de aquel bien y paz del alma, procura poner horror y
temor en el espíritu por impedirla aquel bien.
9o. A veces como amenazándola allá en el
espíritu.
9p. Cuando ve que no puede llegar a lo
interior del alma, por estar ella muy recogida y unida a Dios, a lo menos por
de fuera de la parte sensitiva.
9q. Pone distracción, variedad y aprietos y
dolores y horror al sentido, a ver si por este medio puede inquietar a la
esposa en su tálamo.
9r. A los cuales llama miedos de las noches,
por ser de los demonios y porque con ellos el demonio procura difundir
tinieblas en el alma, por oscurecer la divina luz de que goza.
9s. Llama veladores a estos temores, porque
de suyo hacen velar y recordar al alma de suave sueño interior.
9t. Porque los demonios que los causan están
siempre velando por ponerlos estos temores, que pasivamente de parte de Dios o
del demonio, se ingieren en el espíritu de los que no son ya muy espirituales.
9u. No trato aquí de otros temores temporales
y naturales, porque tener los tales temores no es de gente espiritual; mas
tener los espirituales temores ya dichos es propiedad de espirituales.

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