7a. Y corran sus olores.
7b. Los cuales son en tanta abundancia
algunas veces, que al alma le parece estar vestida de deleites y bañada en
gloria inestimable.
7c. Tanto, que no solo ella lo siente de
dentro, pero aun suélele redundar tanto de fuera, que lo conocen los que saben
advertir.
7d. Les parece estar la tal alma como un
deleitoso jardín lleno de deleites y riquezas de Dios.
7e. No solo cuando estas flores están
abiertas se echa de ver esto en estas santas almas.
7f. Ordinariamente traen en sí un no sé qué
de grandeza y dignidad, que causa detenimiento[1]
y respeto a los demás, por el efecto natural que se difunde en el sujeto de la
próxima y familiar comunicación con Dios.
7g. Cual se describe en el Éxodo de Moisés,
que no podían mirar en su rostro por la honra y gloria que le quedaba, por
haber tratado cara a cara con Dios.
7h. Éxodo 34, 30: “Aarón y todos los hijos de
Israel vieron a Moisés con la piel de la cara radiante y no se atrevieron a
acercarse a él”.
8a. En este aspirar el Espíritu Santo por el
alma, que es visitación suya en amor a ella, se comunica en alta manera el
Esposo Hijo de Dios.
8b. Por eso envía su Espíritu primero como a
los apóstoles, que es su aposentador, para que le prepare la posada del alma
esposa.
8c. Levantándola en deleite, poniéndole el
huerto a gusto, abriendo sus flores, descubriendo sus dones, arreándola de la
tapicería de sus gracias y riquezas.
8d. Con grande deseo desea el alma esposa
todo esto.
8e. Que se vaya el cierzo, que venga el
austro, que aspire por el huerto, porque entonces gana el alma muchas cosas
juntas.
8f. Gana el gozar las virtudes puestas en el
punto de sabroso ejercicio.
8g. Gana el gozar al Amado en ellas, pues
mediante ellas se comunica en ella con más estrecho amor y haciéndole más
particular merced que antes.
8h. Gana que el Amado mucho más se deleita en
ella por este ejercicio actual de virtudes, que es lo que ella más gusta, es a
saber, que guste su amado.
8i. Gana también la continuación y duración
del tal sabor y suavidad de virtudes.
8j. La cual dura en el alma todo el tiempo
que el Esposo asiste en ella.
8k. En tal manera, estándole dando la esposa
suavidad en sus virtudes, según en los Cánticos ella lo dice en esta manera:
8l. Cantar de los cantares 1, 11: En tanto
que estaba el rey en su reclinatorio, es a saber, en el alma, mi arbolico
florido y oloroso dio olor de suavidad.
8m. Entendiendo aquí por este arbolico
oloroso la misma alma, que, de flores de virtudes que en sí tiene, da olor de
suavidad al Amado, que en ella mora en esta manera de unión.
9a. Mucho es de desear este divino aire del
Espíritu Santo y que pida cada alma aspire por su huerto para que corran
divinos olores de Dios.
9b. Por ser esto tan necesario y de tanta
gloria y bien para el alma, la esposa lo deseó y pidió por los mismos términos
que aquí, en los Cantares, diciendo:
9c. Cantar de los cantares 4, 16: Levántate
de aquí, cierzo, y ven, ábrego[2],
y aspira por mi huerto, y correrán sus olorosas y preciosas especias.
9d. Esto todo lo desea el alma, no por el
deleite y gloria que de ello se le sigue, sino por lo que en esto sabe que se
deleita su Esposo.
9e. Porque esto es disposición y pronunció
para que el Hijo de Dios venga a deleitarse en ella; que por eso dice luego:
9f. Y pacerá el Amado entre las flores.
[1]
Detenimiento: Atención o dedicación que se pone al realizar una actividad o al
pensar o explicar un asunto. www.google.com
[2]
Ábrego: 1. Viento templado y húmedo del sudoeste, que trae lluvias.

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