23a. En par de los levantes de la aurora.
23b. Esta noche sosegada dice que es no de
manera que sea como oscura noche, sino como la noche junto ya a los levantes de
la mañana.
23c. Este sosiego y quietud en Dios no le es
al alma del todo oscuro, como oscura noche, sino sosiego y quietud en luz divina,
en conocimiento de Dios nuevo, en que el espíritu está suavísimamente quieto,
levantado a la luz divina.
23d. Llama bien propiamente aquí a esta luz
divina levantes de la aurora, que quiere decir la mañana.
23e. Así como los levantes de la mañana
despiden la oscuridad de la noche y descubren la luz del día.
23f. Así este espíritu sosegado y quieto en
Dios es levantado de las tinieblas del conocimiento natural a la luz matinal
del conocimiento sobrenatural de Dios, no claro sino, como dicho es, oscuro.
23g. Como noche en par de los levantes de la
aurora.
23h. Así como la noche en par de los levantes
ni del todo es noche ni del todo es día, sino, entre dos luces.
23i. Así esta soledad y sosiego divino, ni
con toda claridad es informado de la luz divina ni deja de participar algo en
ella.
24j. En este sosiego se ve el entendimiento
levantado con extraña novedad sobre todo natural entender a la luz divina.
24k. Como el que, después de un largo sueño,
abre los ojos a la luz que no esperaba.
24l. Este conocimiento entiendo quiso dar a
entender David cuando dijo: Vigilavi, et factus sum sicut passer solitarious in
tecto.
21m. Salmo 101, 8: Recordé y fui hecho
semejante al pájaro solitario en el tejado.
21n. Como si dijera: Abrí los ojos de mi
entendimiento y halléme sobre todas las inteligencias naturales, solitario sin
ellas, en el tejado, que es sobre todas las cosas de abajo.
21ñ. Fue hecho semejante al pájaro solitario,
porque en esta manera de contemplación tiene el espíritu las propiedades de
este pájaro, las cuales son cinco.
21o. La primera, que ordinariamente se pone
en lo más alto; y así el espíritu, en este paso, se pone en altísima
contemplación.
21p. La segunda, que siempre tiene vuelto el
pico donde viene el aire; y así el espíritu vuelve aquí al pico de afecto hacia
donde viene el espíritu de amor, que es Dios.
21q. La tercera es que ordinariamente está
solo y no consiente otra ave alguna junto a sí, sino que, en posándose alguna
junto, luego se le va; y así el espíritu en esta contemplación está en soledad
de todas las cosas, desnudo de todas ellas, ni consciente en sí otra cosa que
soledad en Dios.
21r. La cuarta propiedad es que canta muy
suavemente; y lo mismo hace a Dios el espíritu en este tiempo, porque las
alabanzas que hace a dios son suavísimo amor, sabrosísimas para sí y preciosísimas
para Dios.
21s. La quinta es que no es de algún
determinado color; y así es el espíritu perfecto, que no solo en este exceso no
tiene algún color de afecto sensual y amor propio, mas si aun particular
consideración en lo superior ni inferior, ni podrá decir de ello modo ni
manera.
21t. Es abismo de noticia de Dios la que
posee.

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