Declaración.
2a. En los grandes deseos y fervores de amor
suele el Amado visitar a su esposa casta y delicada y amorosamente, y con
grande fuerza de amor.
2b. Ordinariamente, según los grandes favores
y ansias de amor que han precedido en el alma, suelen también las mercedes y
visitas que Dios le hace grandes.
2c. Como ahora el alma con tantas ansias
había deseado estos divinos ojos descubrióle el Amado algunos rayos de su
grandeza y divinidad, según ella deseaba.
2d. Los cuales fueron de tanta alteza y con
tanta fuerza comunicados, que la hizo salir de sí por arrobamiento y éxtasis.
2e. Lo cual acaece al principio con gran
detrimento[1]
y temor natural.
2f. No pudiendo sufrir el exceso en sujeto
tan flaco, dice en la presente canción: Apártalos, Amado.
2g. Es a saber, esos tus ojos divinos, porque
me hacen volar, saliendo de mí a suma contemplación sobre lo que sufre el
natural.
2h. Lo cual dice porque le parecía volar su
alma de las carnes, que es lo que ella deseaba.
2i. Que por eso le pidió que los apartase,
conviene a saber, dejando de comunicárselos en la carne, en que no los puede
sufrir y gozar como querría, comunicándoselos en el vuelo que ella hacía fuera
de la carne.
2j. El cual deseo y fuego le impidió luego el
esposo, diciendo:
2k. Vuélvete, paloma, que la comunicación que
ahora de mí recibes, aún no es de ese estado de gloria que tú ahora pretendes.
2l. Pero vuélvete a mí, que soy a quien tú,
llagada de amor buscas.
2m. También yo, como el ciervo, herido de tu
amor, comienzo a mostrarme a ti por tu alta contemplación, y tomo recreación y
refrigerio en el amor de tu contemplación.
2n. Dice el alma al Esposo: ¡Apártalos,
Amado!

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