6a. Mi Amado, las montañas.
6b. Las montañas tienen alturas, son
abundantes, anchas, hermosas, graciosas[1],
floridas y olorosas.
7a. Los valles solitarios nemorosos[2].
7b. Los valles solitarios son quietos, amenos,
frescos, umbrosos, de dulces aguas llenos, y en variedad de su arboleda y suave
canto de aves hacen gran recreación y deleite al sentido.
7c. Dan refrigerio y descanso en su soledad y
silencio.
7d. Estos valles es mi Amado para mí.
8a. Las ínsulas[3]
extrañas.
8b. Las ínsulas extrañas están ceñidas con el
mar y allende[4]
de los mares muy apartadas y ajenas de la comunicación de los hombres.
8c. En ellas se crían y nacen cosas muy diferentes
de las de por acá, de muy extrañas maneras y virtudes nunca vistas de los hombres.
8d. Hacen grande novedad y admiración a quien
las ve.
8e. Por las grandes y admirables novedades y
noticias extrañas alejadas del conocimiento común que el alma ve en Dios, le
llama ínsulas extrañas.
8f. Extraño llaman a uno por una de dos
cosas:
8g. Porque se anda retirado de la gente.
8h. Porque es excelente y particular entre
los demás hombres en sus hechos y obras.
8i. Por estas dos cosas llama el alma aquí a
Dios extraño.
8j. No solamente es extrañez de las ínsulas
nunca vistas, pero también sus vías, consejos y obras son muy extrañas y nuevas
y admirables para los hombres.
8k. No es maravilla que sea Dios extraño a
los hombres que no le han visto, pues también lo es a los santos ángeles y
almas que le ven.
8l. No le pueden acabar de ver ni acabarán, y
hasta el último día del juicio van viendo en él tantas novedades.
8m. Según sus profundos juicios y cerca de
las obras de misericordia y justicia, que siempre les hace novedad y se
maravillan más.
8n. No solamente los hombres, pero también
los ángeles le pueden llamar ínsulas extrañas.
8ñ. Solo para sí no es extraño, ni tampoco
para sí es nuevo.

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