12a. El silbo de los aires amorosos:.
12b. Dos cosas dice el alma en el presente
verso, es a saber: aires y silbos.
12c. Por aires amorosos se entienden aquí las
virtudes y gracias del Amado, las cuales, mediante la dicha unión del Esposo,
embisten en el alma y amorosísimamente se comunican y tocan en la sustancia[1]
de ella.
12d. Al silbo de estos aires llama una
subidísima y sabrosísima inteligencia de Dios y de sus virtudes.
12e. La cual redunda en el entendimiento del
toque que hacen estas virtudes de Dios en la sustancia del alma.
12f. Este es el más subido deleite que hay en
todo lo demás que gusta el alma aquí.
13g. Así como en el aire se sienten dos
cosas, que son toques y silbo o sonido; así en esta comunicación del Esposo se
sienten otras dos cosas: que son sentimiento de deleite e inteligencia.
13h. Así como el toque del aire se gusta en
el sentido del tacto y el silbo del mismo aire con el oído, así también el
toque de las virtudes del Amado se sienten y gozan con el tacto de esta alma,
que es en la sustancia de ella.
13i. La inteligencia de las tales virtudes de
Dios se sienten en el oído del alma, que es el entendimiento.
13j. Es también de saber que entonces se dice
venir el aire amoroso cuando sabrosamente hiere, satisfaciendo el apetito del
que deseaba el tal refrigerio.
13k. Entonces se regala y recrea el sentido
del tacto.
13l. Con este regalo del tacto siente el oído
gran regalo y deleite en el sonido y silbo del aire.
13m. Mucho más que el tacto en el toque del
aire, porque el sentido del oído es más espiritual, o, por mejor decir,
allégase más a lo espiritual que el tacto, y así el deleite que causa es más
espiritual que el que causa el tacto.
14a. Este toque de Dios satisface grandemente
y regala la sustancia del alma.
14b. Cumpliendo suavemente su apetito, que
era de verse en tal unión, llama a dicha unión o toques aires amorosos.
14c. Porque amorosa y delicadamente se le
comunican las virtudes del Amado en él, de lo cual se deriva en el
entendimiento el silbo de la inteligencia.
14d. Llámale silbo, porque, así como el silbo
del aire causado se entra agudamente en el vasillo del oído, así esta
sutilísima y delicada inteligencia se entra con admirable sabor y deleite en lo
íntimo de la sustancia del alma.
14e. Que es muy mayor deleite que todos los
demás.
14f. La causa es porque se le da sustancia
entendida y desnuda de accidentes y fantasmas[2].
14g. Porque se da al entendimiento que llaman
los filósofos pasivo o posible, porque pasivamente, sin él hacer nada de su
parte, la recibe.
14h. Lo cual es el principal deleite del alma.
14i. Porque es en el entendimiento, en que
consiste la fruición[3],
como dicen los teólogos, que es ver a Dios.
14j. Por significar este silbo la dicha
inteligencia sustancial, piensan algunos teólogos que vio nuestro padre Elías a
Dios en aquel silbo de aire delgado que sintió en el monte a la boca de la
cueva.
14k. 1 Reyes 19, 12: “Después del terremoto
fuego, pero en el fuego tampoco estaba el Señor. Después del fuego el susurro
de una brisa suave”.
14l. Allí le llama la Escritura silbo de aire
delgado, porque de la sutil y delicada comunicación del espíritu le nacía la
inteligencia en el entendimiento.
14m. Aquí le llama el alma silbo de aires
amorosos, porque de la amorosa comunicación de las virtudes de su Amado le
redunda en el entendimiento, y por eso le llama silbo de aires amorosos.

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