Canción 10.
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacerlos;
y véante mis ojos
pues eres lumbre[1]
dellos,
y solo para ti quiero tenellos.
Declaración:
4a.
Prosigue pidiendo al Amado quiera ya poner término a sus ansias y penas.
4b. No
hay otro que baste, sino solo él, para hacerlo, y que sea de manera que le
puedan ver los ojos de su alma.
4c.
Solo él es la luz en que ellos miran, y ella no los quiere emplear en otra cosa
sino solo en él.
5a.
Apaga mis ojos.
5b.
Tiene eta propiedad la concupiscencia[2]
del amor, que todo lo que no hace o dice y conviene con aquello que ama la
voluntad, la cansa y fatiga y enoja y la pone desabrida, no viendo cumplirse lo
que ella quiere.
5c. A
esto, y a algunas fatigas que tiene por ver a Dios, llama aquí enojos.
5d. Los
cuales ninguna cosa basta para deshacellos, sino la posesión del Amado.
5e. Por
lo cual dice que los apague él con su presencia, refrigerándolos todos, como
hace el agua fresca al que está fatigado del calor.
5f. Por
eso usa aquí de este vocablo apagar, para dar a entender que ella está
padeciendo con fuego de amor.
6a.
Pues que ninguno basta a deshacellos.
6b.
Para mover y persuadir más el alma a que cumpla su petición el Amado, dice que
pues otro ninguno sino él basta a satisfacer su necesidad, que sea él el que
apague sus enojos.
6c. Es
de notar que entonces está Dios bien presto para consolar el alma y satisfacer,
en sus necesidades y penas, cuando ella no tiene ni pretende otra satisfacción
y consuelo fuera de él.
6d. El
alma que no tiene otra cosa que la entretenga fuera de Dios, no puede estar
mucho sin visitación del amado.
7a. Y
véante mis ojos.
7b.
Esto es, véante yo cara a cara con los ojos del alma.
8a.
Pues eres lumbre dellos.
8b.
Demás de que Dios es lumbre sobrenatural de los ojos del alma, sin la cual está
en tinieblas, llámale ella aquí por afición lumbre de los ojos.
8c. Al
modo que la amante suele llamar al que ama lumbre de sus ojos, para mostrar la
afición que le tiene.
8d. Es
como si dijera en los dos versos sobredichos: pues los ojos de mi alma tienen
otra lumbre, ni por naturaleza ni por amor, sino a ti, véante mis ojos, pues de
todas maneras eres lumbre de ellos.
8e.
Esta lumbre echaba menos David cuando con lástima decía:
8f.
Salmo 37, 11: La lumbre de mis ojos ésa no está conmigo.
8g. Y
Tobías cuando dijo:
8h.
Tobías 5, 12: ¿Qué gozo podrá ser el mío, pues estoy sentado en las tinieblas y
no veo la lumbre del cielo?
8i. En
la cual deseaba la clara visión de Dios.
8j. La
lumbre del cielo es el Hijo de Dios, según dice san Juan:
8k.
Apocalipsis 21, 23: La ciudad celestial no tiene necesidad de sol ni de luna
que luzcan en ella, porque la claridad de Dios la alumbra, y la lucerna de ella
es el Cordero.
9a. Y
solo para ti quiero tenellos.
9b. En
lo cual quiere el alma obligar al Esposo a que la deje ver esta lumbre de sus
ojos.
9c. No
solo porque, no teniendo otra, estará en tinieblas, sino también porque no los
quiere tener para otra alguna cosa que para él.
9d. Así
como justamente es privada de esta divina luz el alma que quiere poner los ojos
de su voluntad en otra su lumbre de propiedad de alguna cosa fuera de Dios por
cuanto ello ocupa la vista para recibir la lumbre de Dios.
9e. Así
también congruamente[3]
merece que se le dé al alma que a todas las cosas cierra los dichos ojos, para
abrirlos solo a su Dios.
[1]
Lumbre: 4. luz (// claridad que irradia un cuerpo en combustión). www.rae.es
[2]
Concupiscencia. En la moral católica, deseo de los bienes terrenos y, en
especial, apetito desordenado de placeres deshonestos.
[3]
Congruamente: 1. De manera congruente [conveniente, coherente, lógico]. www.rae.es

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