Anotación para la siguiente canción.
1a. Estando
el alma en este término de amor, está como un enfermo muy fatigado que,
teniendo perdido el gusto y el apetito, de todos los manjares fastidia y todas
las cosas le molestan y enojan.
1b. Solo
en todas las cosas que se le ofrecen al pensamiento o a la vista tiene presente
un solo apetito y deseo, que es de su salud.
1c.
Todo lo que a esto no hace le es molesto y pesado.
1d.
Esta alma, por haber llegado a esta dolencia de amor de Dios, tiene estas tres
propiedades:
1e. En
todas las cosas que se le ofrecen y trata siempre tiene presente aquel ¡ay! de
su salud, que es su Amado; y así, aunque por no poder más ande en ellas, en él
tiene siempre el corazón.
1f.
Tiene perdido el gusto a todas las cosas.
1g.
Todas ellas le son molestas, y cualquier tratos, pesados y enojosos.
2a. La
razón de todo esto es que, como el paladar de la voluntad del alma anda tocado y
saboreado con este manjar de amor de Dios, en cualquier cosa o trato que se le
ofrece, luego en continente, sin mirar otro gusto o respeto, se inclina la
voluntad a buscar y gozar en aquello que su Amado.
2b.
Como hizo María Magdalena cuando con ardiente amor andaba buscándole por el huerto,
pensando que era el hortelano, sin otra razón ni acuerdo le dijo:
2c.
Juan 20, 15: Si tú me le tomaste dímelo, y yo le tomaré.
2d.
Trayendo semejante ansia esta alma de hallarle en todas las cosas, y no
hallándole luego como desea, antes muy al revés, no solo no las gusta, mas
también le son tormento, y a veces muy grande.
2e.
Semejantes almas padecen mucho en tratar con la gente y otros negocios, porque
antes la estorban que la ayudan a su pretensión.
3a. Estas
tres propiedades da bien a entender la esposa que tenía ella cuando buscaba su
esposo en los Cantares:
3b.
Cantar de los cantares 5, 6-7: Busquéle y no le hallé. Pero halláronme los que
rodean la ciudad, y llagáronme, y los guardas de los muros me quitaron el
manto.
3c. Los
que rodean la ciudad son los tratos del mundo.
3d.
Cuando hallan el alma que busca a Dios, hácenle muchas llagas, penas, dolores y
disgustos.
3e. No
solamente en ellos no halla lo que quiere, sino antes se lo impiden.
3f. Los
que defienden el muro de la contemplación para que el alma no entre en ella son
los demonios y negociaciones del mundo, quitan el manto de la paz y quietud de
la amorosa contemplación.
3g. El
alma enamorada de Dios recibe mil desabrimientos y enojos, de los cuales,
viendo que, en tanto que está en esta vida sin ver a su Dios, no puede librarse
en poco o mucho de ellos prosigue los ruegos con su amado, y dice la siguiente
canción.
Canción
10.
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacerlos;
y véante mis ojos
pues eres lumbre dellos,
y solo para ti quiero tenellos.

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