Capítulo 25. En que brevemente declara la tercera canción.
En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.
Declaración.
1a.
Continuando el alma la metáfora y semejanza de la noche temporal en esta suya
espiritual, va contando y engrandeciendo las buenas propiedades que hay en ella
1b. Por
medio de ella halló y llevó, para que breve y seguramente consiguiese su
deseado fin. De los cuales aquí pone tres.
2. La
primera es que en esta dichosa noche de contemplación lleva Dios el alma por un
tan solitario y secreto modo de contemplación y tan remoto y ajeno del sentido,
que cosa ninguna perteneciente a él, ni toque de criatura, alcanza a llegarle
al alma.
3. La
segunda es por causa de las tinieblas espirituales de esta noche no se detiene
en nada fuera de Dios para ir a él, por cuanto va libre de los obstáculos de
formas y figuras y de las aprensiones naturales, que son las que suelen
empachar el alma para no ser unir siempre con el ser de Dios.
4a. La
tercera es que aunque ni va arrimada a alguna particular luz interior del entendimiento
ni alguna guía exterior, teniéndola privada de todo esto estas oscuras
tinieblas, pero el amor solo que en este tiempo arde es el que guía y mueve al
alma entonces.
4b. La
hace volar a su Dios por el camino de la soledad, sin ella saber cómo y de qué
manera.
4c.
Síguese el verso: En la noche dichosa.

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