lunes, 8 de marzo de 2021

Noche ocura. Libro 2. Capítulo 25. Tras las tinieblas, la luz.

 


Capítulo 25. En que brevemente declara la tercera canción.

En la noche dichosa,

en secreto, que nadie me veía,

ni yo miraba cosa,

sin otra luz y guía

sino la que en el corazón ardía.

 

Declaración.

1a. Continuando el alma la metáfora y semejanza de la noche temporal en esta suya espiritual, va contando y engrandeciendo las buenas propiedades que hay en ella

1b. Por medio de ella halló y llevó, para que breve y seguramente consiguiese su deseado fin. De los cuales aquí pone tres.

2. La primera es que en esta dichosa noche de contemplación lleva Dios el alma por un tan solitario y secreto modo de contemplación y tan remoto y ajeno del sentido, que cosa ninguna perteneciente a él, ni toque de criatura, alcanza a llegarle al alma.

3. La segunda es por causa de las tinieblas espirituales de esta noche no se detiene en nada fuera de Dios para ir a él, por cuanto va libre de los obstáculos de formas y figuras y de las aprensiones naturales, que son las que suelen empachar el alma para no ser unir siempre con el ser de Dios.

4a. La tercera es que aunque ni va arrimada a alguna particular luz interior del entendimiento ni alguna guía exterior, teniéndola privada de todo esto estas oscuras tinieblas, pero el amor solo que en este tiempo arde es el que guía y mueve al alma entonces.

4b. La hace volar a su Dios por el camino de la soledad, sin ella saber cómo y de qué manera.

4c. Síguese el verso: En la noche dichosa.

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