miércoles, 6 de enero de 2021

Subida del Monte Carmelo. Libro 3. Capítulo 45. El buen predicador.

 


Capítulo 45. En que se trata del segundo género de bienes distintos en que se puede gozar vanamente la voluntad.

1a. Son los que provocan o persuaden a servir a Dios, que llamamos provocativos.

1b. Estos son los predicadores, de los cuales podríamos hablar de dos maneras.

1c. Cuanto a lo que toca a los mismos predicadores y cuanto a los oyentes.

1d. A los unos y a los otros no falta que advertir cómo han de guiar a Dios el gozo de su voluntad.

2a. El predicador, para aprovechar al pueblo y no embarazarse[1] a sí mismo con vano gozo y presunción, conviénele advertir que aquel ejercicio más es espiritual que vocal.

2b. Aunque se ejercita con palabras de fuera, su fuerza y eficacia no la tiene sino del espíritu interior.

2c. Por más alta que sea la doctrina que predica y por más esmerada la retórica y subido el estilo con que va vestida, no hace de suyo ordinariamente más provecho que tuviere de espíritu.

2d. Aunque es verdad que la palabra de Dios de suyo es eficaz, pero también el fuego tiene virtud de quemar, y no quemará cuando en el sujeto no hay disposición.

2e. Salmo 67, 34: Él dará a su voz, voz de virtud.

3a. Para que la doctrina pegue su fuerza, dos disposiciones ha de haber.

3b. Una del que predica y otra del que oye.

3c. Por eso se dice cual es el maestro, tal suele ser el discípulo.

3d. Cuando en los Actos de los apóstoles aquellos siete hijos de aquel príncipe de los sacerdotes de los judíos acostumbraban a conjurar los demonios con la misma forma que san Pablo, se embraveció el demonio contra ellos, diciendo, embistiendo en ellos, los desnudó y llagó:

3e. Hechos de los Apóstoles 19, 15: A Jesús confieso yo y a Pablo conozco; pero vosotros ¿quiénes sois?

3f. Lo cual no fue porque ellos no tenían la disposición que convenía, y no porque Cristo no quisiese que en su nombre no lo hiciesen.

3g. Porque una vez hallaron los apóstoles a uno que no era discípulo echando un demonio en nombre de Cristo, y se lo estorbaron, y el Señor se lo reprendió, diciendo:

3h. Marcos 9, 38: No se lo estorbéis, porque ninguno podrá decir mal de mí en breve espacio si en mi nombre hubiese hecho alguna virtud.

3i. Pero tiene ojeriza con los que, enseñando ellos la ley de Dios, no la guardan, y predicando ellos buen espíritu, no le tienen.

3j. Romanos 2, 21: Tú enseñas a otro, y no te enseñas a ti. Tú que predicas que no hurten, hurtas.

3k. Salmo 49, 16-17: Al pecador dijo Dios: ¿Por qué platicas tú mis justicias y tomas mi ley con tu boca, y tú has aborrecido la disciplina y echado mis palabras a las espaldas?

3l. En lo cual se da a entender que tampoco les dará el espíritu para que hagan fruto.

4a. Comúnmente vemos que cuanto el predicar es de mejor vida, mayor es el fruto que hace, por bajo que sea su estilo, y poca su retórica, y su doctrina común, porque del espíritu vivo se pega el calor.

4b. El otro muy poco provecho hará, aunque más subido sea su estilo y doctrina.

4c. Aunque es verdad que el buen estilo y acciones y subida doctrina y buen lenguaje mueven y hacen efecto acompañado de buen espíritu.

4d. Sin él, aunque da sabor y gusto el sermón al sentido y al entendimiento, muy poco o nada de jugo pega a la voluntad, porque comúnmente se queda tan floja y remisa como antes para obrar, aunque haya dicho maravillosas cosas maravillosamente dichas.

4e. Solo sirven para deleitar el espíritu.

4f. No teniendo la voz virtud para resucitar al muerto de su sepultura.

5a. Poco importa oír una música mejor que otra sonar si me mueve esta más que aquella a hacer obras, porque aunque haya dicho maravillas, luego se olvidan, como no pegaron fuego a la voluntad.

5b. Aquella presa que hace el sentido en el gusto de tal doctrina, impide que no pase al espíritu.

5c. Quedándose solo en la estimación del modo y accidentes como va dicha.

5d. Alabando al predicar en esto o aquello y por esto siguiéndole, más que por la enmienda que de ahí saca.

5e. 1 Corintios 2, 1-4: Yo, hermanos, cuando vine a vosotros, no vine predicando a Cristo con alteza de doctrina y sabiduría, y mis palabras y mi predicación no eran retórica de humana sabiduría, sino en manifestación del espíritu y de la verdad.

5d. Aunque la intención del apóstol y la mía aquí no es condenar el buen estilo y retórica y buen término.

5e. El buen término y estilo aun las cosas caídas y estragadas[2] levanta y reedifica, así como el mal término a las buenas estraga y pierde.

Nota del editor: Aquí termina Subida, bruscamente y sin desarrollar el amplísimo programa propuesto en 3 Subida 16, 3.



[1] Impedir, estorbar o retardar algo. www.rae.es

[2] Viciar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Llama de amor viva. Canción 2. 10-12. Abandonada el alma en un mar de amor.

  10a. En este íntimo punto de la herida, que parece quedar en la mitad del corazón del espíritu, que es donde se siente lo fino del deleite...