Capítulo
45. En que se trata del segundo género de bienes distintos en que se puede
gozar vanamente la voluntad.
1a. Son
los que provocan o persuaden a servir a Dios, que llamamos provocativos.
1b. Estos
son los predicadores, de los cuales podríamos hablar de dos maneras.
1c.
Cuanto a lo que toca a los mismos predicadores y cuanto a los oyentes.
1d. A
los unos y a los otros no falta que advertir cómo han de guiar a Dios el gozo
de su voluntad.
2a. El
predicador, para aprovechar al pueblo y no embarazarse[1]
a sí mismo con vano gozo y presunción, conviénele advertir que aquel ejercicio
más es espiritual que vocal.
2b. Aunque
se ejercita con palabras de fuera, su fuerza y eficacia no la tiene sino del espíritu
interior.
2c. Por
más alta que sea la doctrina que predica y por más esmerada la retórica y subido
el estilo con que va vestida, no hace de suyo ordinariamente más provecho que
tuviere de espíritu.
2d.
Aunque es verdad que la palabra de Dios de suyo es eficaz, pero también el
fuego tiene virtud de quemar, y no quemará cuando en el sujeto no hay
disposición.
2e.
Salmo 67, 34: Él dará a su voz, voz de virtud.
3a.
Para que la doctrina pegue su fuerza, dos disposiciones ha de haber.
3b. Una
del que predica y otra del que oye.
3c. Por
eso se dice cual es el maestro, tal suele ser el discípulo.
3d.
Cuando en los Actos de los apóstoles aquellos siete hijos de aquel príncipe de
los sacerdotes de los judíos acostumbraban a conjurar los demonios con la misma
forma que san Pablo, se embraveció el demonio contra ellos, diciendo,
embistiendo en ellos, los desnudó y llagó:
3e.
Hechos de los Apóstoles 19, 15: A Jesús confieso yo y a Pablo conozco; pero
vosotros ¿quiénes sois?
3f. Lo
cual no fue porque ellos no tenían la disposición que convenía, y no porque
Cristo no quisiese que en su nombre no lo hiciesen.
3g. Porque
una vez hallaron los apóstoles a uno que no era discípulo echando un demonio en
nombre de Cristo, y se lo estorbaron, y el Señor se lo reprendió, diciendo:
3h.
Marcos 9, 38: No se lo estorbéis, porque ninguno podrá decir mal de mí en breve
espacio si en mi nombre hubiese hecho alguna virtud.
3i.
Pero tiene ojeriza con los que, enseñando ellos la ley de Dios, no la guardan,
y predicando ellos buen espíritu, no le tienen.
3j.
Romanos 2, 21: Tú enseñas a otro, y no te enseñas a ti. Tú que predicas que no
hurten, hurtas.
3k.
Salmo 49, 16-17: Al pecador dijo Dios: ¿Por qué platicas tú mis justicias y
tomas mi ley con tu boca, y tú has aborrecido la disciplina y echado mis
palabras a las espaldas?
3l. En
lo cual se da a entender que tampoco les dará el espíritu para que hagan fruto.
4a. Comúnmente
vemos que cuanto el predicar es de mejor vida, mayor es el fruto que hace, por
bajo que sea su estilo, y poca su retórica, y su doctrina común, porque del
espíritu vivo se pega el calor.
4b. El
otro muy poco provecho hará, aunque más subido sea su estilo y doctrina.
4c.
Aunque es verdad que el buen estilo y acciones y subida doctrina y buen
lenguaje mueven y hacen efecto acompañado de buen espíritu.
4d. Sin
él, aunque da sabor y gusto el sermón al sentido y al entendimiento, muy poco o
nada de jugo pega a la voluntad, porque comúnmente se queda tan floja y remisa
como antes para obrar, aunque haya dicho maravillosas cosas maravillosamente
dichas.
4e.
Solo sirven para deleitar el espíritu.
4f. No
teniendo la voz virtud para resucitar al muerto de su sepultura.
5a. Poco
importa oír una música mejor que otra sonar si me mueve esta más que aquella a
hacer obras, porque aunque haya dicho maravillas, luego se olvidan, como no
pegaron fuego a la voluntad.
5b.
Aquella presa que hace el sentido en el gusto de tal doctrina, impide que no
pase al espíritu.
5c.
Quedándose solo en la estimación del modo y accidentes como va dicha.
5d.
Alabando al predicar en esto o aquello y por esto siguiéndole, más que por la
enmienda que de ahí saca.
5e. 1
Corintios 2, 1-4: Yo, hermanos, cuando vine a vosotros, no vine predicando a
Cristo con alteza de doctrina y sabiduría, y mis palabras y mi predicación no
eran retórica de humana sabiduría, sino en manifestación del espíritu y de la
verdad.
5d.
Aunque la intención del apóstol y la mía aquí no es condenar el buen estilo y
retórica y buen término.
5e. El
buen término y estilo aun las cosas caídas y estragadas[2]
levanta y reedifica, así como el mal término a las buenas estraga y pierde.
Nota
del editor: Aquí termina Subida, bruscamente y sin desarrollar el
amplísimo programa propuesto en 3 Subida 16, 3.

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