martes, 26 de enero de 2021

Noche oscura. Libro 1. Capítulo 13. Los beneficios de la sequedad interior: conocimiento realista de la propia miseria y de Dios, crecimiento en humildad respecto de los demás. Amor auténtico.

Capítulo 12. De los provechos que causa en el alma esta noche.

1a. Esta noche y purgación del apetito tantos bienes y provechos hace en ella, que así como Abraham hizo gran fiesta cuando quitó la leche a su hijo Isaac, se gozan gran fiesta en el cielo de que ya saque Dios a esta alma de pañales, sde que la baje de los brazos, de que la haga andar por su pie, de que también, quitándola el pecho de la leche y blando y dulce manjar de niños, la haga comer pan con corteza y comience a gustar el manjar de los robustos.

1b. Génesis 21, 8: “El chico creció y lo destetaron. Abrahán dio un gran banquete el día que destetaron a Isaac”.

1c. En estas sequedades y tinieblas del sentido se comienza a dar al espíritu vacío y seco de los jugos del sentido, que es la contemplación infusa que habemos dicho.

2a. Este es el primero y principal provecho que causa esta seca y oscura noche de la contemplación: el conocimiento de sí y de su miseria.

2b. La hacen conocer de sí la bajeza y miseria que en el tiempo de su prosperidad no echaba de ver.

2c. De esto hay buena figura en el Éxodo, donde, queriendo Dios humillar a los hijos de Israel y que se conociesen, les mandó quitar y desnudar el traje y atavío festival con que ordinariamente andaban compuestos en el desierto.

2d. Éxodo 33, 5: Ahora ya de aquí adelante despojaos el ornato festival y poneos vestidos comunes y de trabajos, para que sepáis el tratamiento que merecéis.

2e. Es como si dijera: Por cuanto el traje que traéis, por ser de fiesta y alegría, os ocasionáis a no sentir de vosotros tan bajamente como vosotros sois, quitaos ya este traje, para que de aquí adelante, viéndoos vestidos de vilezas, conozcáis que no merecéis más y quién sois vosotros.

2f. La verdad, que el alma antes no conocía, de su miseria.

2g. En el tiempo que andaba como de fiesta, hallando en Dios mucho gusto y consuelo y arrimo, andaba algo más satisfecha y contenta, pareciéndole que en algo servía a Dios.

2h. En la satisfacción halla el gusto, se le asienta algo en ella y ya puesta en estotro traje de trabajo, de sequedad y desamparo, oscurecidas sus primeras luces, tiene más de veras estas en esta tan excelente y necesaria virtud del conocimiento propio.

2i. No se teniendo ya en nada, ni teniendo satisfacción ninguna de sí.

2j. Ve que, de suyo, no hace nada ni puede nada.

2k. Esta poca satisfacción de sí y desconsuelo que tiene de que no sirve a Dios, tiene y estima Dios en más que todas las obras y gustos primeros que tenía el alma y hacía.

2l De este traje de sequedad nacen como de su fuente y origen, del conocimiento propio proceden.

3a. Nácele al alma tratar con Dios con más comedimiento y más cortesía, que es lo que siempre ha de hacer en el trato con el Altísimo.

3b. Lo cual en la prosperidad de su gusto y consuelo no hacía.

3c. Como acaeció a Moisés cuando sintió que Dios le hablaba, cegado de aquel gusto y apetito, se atrevía a llegar, si no le mandará Dios que se detuviera y descalzara.

3d. Lo cual denota el respeto y discreción en desnudez de apetito con que se ha de tratar con Dios.

3e. Cuando obedeció en esto Moisés quedó tan puesto en razón y tan advertido, que dice la escritura que no solo no se atrevió a llegar, más que ni aun osaba considerar.

3f. Éxodo 3, 2-6: “El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas, Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés se dijo: ‘Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable a ver por qué no se quema la zarza’. Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: ‘Moisés, Moisés’. Respondió él: ‘Aquí estoy’. Dijo Dios: ‘No te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado’. Y añadió: ‘Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob’. Moisés se tapó la cara, porque temía a Dios”.

3g. Porque quitados los zapatos de los apetitos y gustos, conocía su miseria grandemente delante de Dios, porque así le convenía para oír la palabra de Dios.

3h. Como también la disposición de Dios a Jacob para hablar con él, no fueron aquellos deleites y glorias que el mismo Job allí refiere que solía tener en su Dios (1, 1-8), sino tenerle desnudo en el muladar[1], desamparado y aun perseguido de sus amigos, lleno de angustia y amargura, y sembrado de gusanos el suelo (Job 29-30).

3i. Job 1, 1-8: “Había en la tierra de Hus un hombre llamado Job. Era justo, honrado y temeroso de Dios y vivía apartado del mal. Tenía siete hijos y tres hijas. Poseía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas burras y una servidumbre numerosa. Era el más rico de los hombres de Oriente. Sus hijos solían celebrar banquetes, cada uno en su día, e invitaban a sus tres hermanas a comer con ellos. Terminados esos días de fiesta, Job los hacia venir para purificarlos; madrugaba y ofrecía un holocausto por cada uno, por si habían pecado maldiciendo a Dios en su interior. Job hacía lo mismo en cada ocasión. Un día los hijos de Dios se presentaron ante el Señor, entre ellos apareció Satán. El Señor preguntó a Satán: ‘¿De dónde vienes?’. Satán respondió al Señor: ‘De dar vueltas por la tierra; de andar por ella’. El Señor añadió: ‘¿Te has fijado en mi siervo Job? En la tierra no hay otro como él; es un hombre justo y honrado que teme a Dios y vive apartado del mal”.

3j. Job 30, 17-21: “La noche me taladra los huesos, pues no duerme el dolor que me roe. Me agarra violento por la ropa, me ahoga con el cuelo de la túnica, me arroja por tierra, en el fango, confundido con el barro y la ceniza. Te pido auxilio y no respondes; me presento ante ti, y no lo adviertes. Te has convertido en mi verdugo y me atacas con tu brazo musculoso”.

3k. Entonces de esa manera se preció el que

3l. Salmo 112, 7: levanta al pobre del estiércol.

3m. El Altísimo de Dios, de descender y hablar allí cara a cara con él, descubriéndole las altezas profundas, grandes de su sabiduría, cual nunca antes había hecho en el tiempo de la prosperidad (Job 38-42).

3n. Job 42, 5: “Te conocía solo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos”.

4a. Así nos conviene notar otro excelente provecho que hay en esta noche y sequedad del sensitivo apetito.

4b. En esta noche oscura del apetito, porque se verifique lo que dice el profeta, es a saber: : Lucirá tu luz en las tinieblas.

4c. Isaías 58, 10: “Cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía”.

4d. Alumbrará Dios al alma, no solo dándole conocimiento de su bajeza y miseria, sino también de la grandeza y excelencia de Dios.

4e. Apagados los apetitos y gustos y arrimos sensibles, queda limpio y libre el entendimiento para entender la verdad, porque el gusto sensible y apetito, aunque sea de cosas espirituales, ofusca y embaraza el espíritu.

4f. Aquel aprieto y sequedad del sentido ilustra y aviva el entendimiento, como dice Isaías, que la vejación hace entender.

4g. Isaías 28, 19: “Cada vez que pase, tomará posesión de vosotros, día tras día, de día o de noche. Será un horror aprender la lección”.

4h. Dios en el alma vacía y desembarazada sobrenaturalmente por medio de esta noche oscura y seca de contemplación le va instruyendo en su divina sabiduría.

5a. En esto da muy bien a entender el mismo profeta Isaías, diciendo: ¿A quién enseñará Dios su ciencia y a quién hará oír su audición? A los destetados, dice, de la leche, a los desarrimados por los pechos.

5b. Isaías 28, 9: “¿A quién pretende instruir, a quien explicar su mensaje? ¿A recién destetados, que apenas han dejado el pecho?”.

5c. Para esta divina influencia no es la disposición la leche primera de la suavidad espiritual, ni el arrimo del pecho de los sabrosos discursos de las potencias sensitivas que gustaba el alma, sino el crecer de lo uno y desarrimo de lo otro.

5d. Para oír a Dios le conviene al alma estar muy en pie y desarrimada, según el afecto y sentido.

5e. Habacuc 2, 1: Estaré en pie sobre mi custodia, esto es, desarrimado el apetito, y afirmaré el paso, esto es, no discurriré con el sentido, para contemplar, esto es, para entender lo que de parte de Dios se me alegare.

5f. De esta noche seca sale el conocimiento primeramente, de donde, como de fundamento, sale esotro conocimiento de Dios. Que, por eso decía san Agustín a Dios: Conózcame yo, Señor, a mí, y conocerte he a ti.

5g. Como dicen los filósofos, un extremo se conoce bien por el otro.

6a. Salmo 62, 3: En la tierra desierta, sin agua, seca y sin camino parecí delante de ti para poder ver tu virtud y tu gloria.

6b. Los deleites espirituales y gustos muchos que él [David] había tenido le fuesen disposición y medio para conocer la gloria, sino las sequedades y desarrimos de la parte sensitiva, que se entiende aquí por la tierra seca y desierta.

6c. Y que no diga también que los conceptos y discursos divinos, de que él había usado mucho, fuesen camino para sentir y ver la virtud de Dios, sino el no poder fijar el concepto en Dios.

6d. Para conocer a Dios y a sí mismo, esta noche oscura es el medio con sus sequedades y vacíos, aunque no con la plenitud y abundancia que en la otra del espíritu, porque este conocimiento es como principio de la otra.

7a. Saca también el alma en las sequedades y vacíos de esta noche del apetito humildad espiritual, que es la virtud contraria al primer vicio capital que dijimos ser soberbia espiritual.

7b. La humildad que adquiere por el dicho conocimiento propio, se purga de todas aquellas imperfecciones en que caía acerca de aquel vicio de soberbia en el tiempo de su prosperidad.

7c. Como se ve tan seca y miserable, ni aun por primer movimiento le parece que va mejor que los otros, antes, por el contrario, conoce que los otros van mejor.

8a. De aquí nace el amor al prójimo, porque los estima y no los juzga como antes solía cuando se veía a sí con mucho fervor y a los otros no.

8b. Solo conoce su miseria y la pone delante de los ojos tanto, que no la deja ni da lugar para poner los ojos en nadie.

8c. Admirablemente David, estando en esta noche, manifiesta:

8d. Salmo 38, 3: Enmudecí y fui humillado y tuve silencio en los bienes y renovóse mi dolor.

8e. Porque le parecía que los bienes de su alma estaban tan acabados, mas acerca de los ajenos también enmudeció con dolor del conocimiento de su miseria.

9a. Se hacen sujetos y obedientes en el camino espiritual.

9b. No solo oyen lo que los enseñan, mas aun desean que cualquiera los encamine y diga que deben hacer.

9c. Quítaseles la presunción afectiva que en la prosperidad tenían.

9d. De camino se les barren todas las demás imperfecciones que notamos allí acerca de este vicio primero que es soberbia espiritual.



[1] Muladar: lugar o sitio donde se echa el estiércol o la basura de las casas. 

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