Capítulo 39. De cómo se han de usar de los oratorios y templos, encaminando el espíritu a Dios por ellos.
1a. Para
encaminar a Dios el espíritu de este género, conviene advertir que a los
principiantes bien se les permite y aun les conviene tener algún gusto o jugo
sensible acerca de las imágenes, oratorios y otras cosas devotas visible.
1b. Aún
no tienen destetado y desarrimado el paladar de las cosas del siglo.
1c. Con
este gusto dejen el otro; como el niño que, por desembarazarle la mano de una
cosa, se la ocupan con otra porque no llore dejándole las manos vacías.
1d.
Para ir adelante se ha de desnudar el espiritual de todos los gustos y apetitos
en que la voluntad puede gozarse.
1e. El
puro espíritu muy poco se ata de estos objetos, sino solo en recogimiento
interior y trato mental con Dios.
1f. Aunque
se aprovecha de las imágenes y oratorios, es muy de paso, olvidado de todo los sensible.
2a. Aunque
es mejor orar donde más decencia hubiere, con todo, aquel lugar se ha de
escoger donde menos se embarace el sentido y el espíritu de ir a Dios.
2b. Nos
conviene tomar aquello que responde nuestro Salvador a la mujer samaritana,
cuando le preguntó que cuál era el más acomodado lugar para orar, el templo o
el monte.
2c. Le
respondió que no estaba la verdadera oración aneja al monte ni al templo, sin
que los adoradores de que se agradaba el Padre son los que le adoran en espíritu
y verdad.
2d. Juan
4, 23-24: “Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos
adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo
adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y
verdad.
2e.
Aunque los templos y lugares apacibles son dedicados y acomodados a oración,
aquel lugar se debe escoger que menos ocupe y lleve tras el sentido.
2f. No
ha de ser lugar ameno y deleitable al sentido, como suelen procurar algunos, porque,
en vez de recoger a Dios el espíritu, no pare en recreación y gusto y sabor del
sentido.
2g. Es
bueno lugar solitario y aun áspero, para que el espíritu sólida y derechamente
suba a Dios, no impedido ni detenido en las cosas visibles.
2h.
Nuestro salvador escogía lugares solitarios para orar.
2i. Mateo 14, 23: “Y después de despedir a la
gente subió al monte a solas para orar”.
2j. Y
aquellos que no ocupasen mucho los sentidos, para darnos ejemplo, sino que levantasen
el alma a Dios, como eran los montes que se levantan de la tierra, y
ordinariamente son pelados de sensitiva recreación.
2k.
Lucas 6, 12: “En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche
orando a Dios”.
3a. El
verdadero espiritual nunca se ata ni mira en que lugar para orar sea de tal o
tal comodidad, sino solo al recogimiento interior, escogiendo para esto el
lugar más libre de objetos y jugos sensibles, para poder gozarse a solas de
criaturas con su Dios.
3b. Es
cosa notable ver algunos espirituales que todo se les va en componer oratorios
y acomodar lugares agradables a su condición o inclinación; y del recogimiento
interior hacen menos caudal y tienen muy poco de él.
3c. Si
le tuviesen no podrían tener gusto a aquellos modos y maneras, antes les
cansarían.

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