viernes, 25 de diciembre de 2020

Subida del Monte Carmelo. Libro 3. Capítulo 39. El lugar donde orar, siguiendo a Cristo quien subía a los montes a orar en soledad.

 


Capítulo 39. De cómo se han de usar de los oratorios y templos, encaminando el espíritu a Dios por ellos.

1a. Para encaminar a Dios el espíritu de este género, conviene advertir que a los principiantes bien se les permite y aun les conviene tener algún gusto o jugo sensible acerca de las imágenes, oratorios y otras cosas devotas visible.

1b. Aún no tienen destetado y desarrimado el paladar de las cosas del siglo.

1c. Con este gusto dejen el otro; como el niño que, por desembarazarle la mano de una cosa, se la ocupan con otra porque no llore dejándole las manos vacías.

1d. Para ir adelante se ha de desnudar el espiritual de todos los gustos y apetitos en que la voluntad puede gozarse.

1e. El puro espíritu muy poco se ata de estos objetos, sino solo en recogimiento interior y trato mental con Dios.

1f. Aunque se aprovecha de las imágenes y oratorios, es muy de paso, olvidado de todo los sensible.

2a. Aunque es mejor orar donde más decencia hubiere, con todo, aquel lugar se ha de escoger donde menos se embarace el sentido y el espíritu de ir a Dios.

2b. Nos conviene tomar aquello que responde nuestro Salvador a la mujer samaritana, cuando le preguntó que cuál era el más acomodado lugar para orar, el templo o el monte.

2c. Le respondió que no estaba la verdadera oración aneja al monte ni al templo, sin que los adoradores de que se agradaba el Padre son los que le adoran en espíritu y verdad.

2d. Juan 4, 23-24: “Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad.

2e. Aunque los templos y lugares apacibles son dedicados y acomodados a oración, aquel lugar se debe escoger que menos ocupe y lleve tras el sentido.

2f. No ha de ser lugar ameno y deleitable al sentido, como suelen procurar algunos, porque, en vez de recoger a Dios el espíritu, no pare en recreación y gusto y sabor del sentido.

2g. Es bueno lugar solitario y aun áspero, para que el espíritu sólida y derechamente suba a Dios, no impedido ni detenido en las cosas visibles.

2h. Nuestro salvador escogía lugares solitarios para orar.

2i.  Mateo 14, 23: “Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar”.

2j. Y aquellos que no ocupasen mucho los sentidos, para darnos ejemplo, sino que levantasen el alma a Dios, como eran los montes que se levantan de la tierra, y ordinariamente son pelados de sensitiva recreación.

2k. Lucas 6, 12: “En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios”.

3a. El verdadero espiritual nunca se ata ni mira en que lugar para orar sea de tal o tal comodidad, sino solo al recogimiento interior, escogiendo para esto el lugar más libre de objetos y jugos sensibles, para poder gozarse a solas de criaturas con su Dios.

3b. Es cosa notable ver algunos espirituales que todo se les va en componer oratorios y acomodar lugares agradables a su condición o inclinación; y del recogimiento interior hacen menos caudal y tienen muy poco de él.

3c. Si le tuviesen no podrían tener gusto a aquellos modos y maneras, antes les cansarían.

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