jueves, 24 de diciembre de 2020

Subida del Monte Carmelo. Libro 3. Capítulo 38. Mordaz y con sentido común en la crítica a los oratorios o capillas privadas excesivamente recargadas de santos, ornamentación, etc.

 


38. Que prosigue en los bienes motivos. Dice de los oratorios y lugares dedicados a la oración.

1a. En estos accidentes de las imágenes puede tener el espiritual tanta imperfección, y por ventura más peligrosa, poniendo su gusto y gozo en ellas.

1b. Así, se engañan a veces harto, pensando que ya están llenos de devoción porque se siente tener el gusto en estas cosas santas.

2a. De aquí es, porque comencemos a tratar de los oratorios, que algunas personas no se hartan de añadir unas y otras imágenes a su oratorio a fin de que su oratorio esté bien adornado y parezca bien.

2b. A Dios no le quieren más así que así, más antes menos, pues el gusto que ponen en aquellos ornatos pintados quitan a lo vivo.

2c. Aunque es verdad que todo ornato y atavío y reverencia que se puede hacer a las imágenes es muy poco, por lo cual los que las tienen con poca decencia y reverencia son dignos de mucha reprehensión, junto con los que hacen algunas tan mal talladas, que antes quitan la devoción que la añaden.

2d. Habían de impedir a algunos oficiales que en esta arte son cortos y toscos.

2e. ¿Qué tiene esto que ver con la propiedad y asimiento y apetito que tú tienes en estos ornatos y atavíos exteriores, cuando de tal manera te engolfan el sentido, que te impiden mucho el corazón de ir a Dios y amarle y olvidarte de todas las cosas con su amor?

2f. Si a esto faltas, por esotro, no solo no te lo agradecerá, mas te castigará, por no haber buscado en todas las cosas su gusto más que el tuyo.

2g. Lo cual podrás entender bien en aquella fiesta que hicieron a su majestad cuando entró en Jerusalén, recibiéndole con tantos cantares y ramos.

2h. Mateo 21, 8-9: “La multitud alfombró el camino con mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y la gente que iba delante y detrás gritaba: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!”.

2i. Y lloraba el Señor.

2j. Lucas 19, 41: “Al acercarse y ver la ciudad, lloró sobre ella”.

2k. Porque, teniendo ellos su corazón muy lejos de él, le hacían pago con aquellas señales y ornatos exteriores.

2l. Más se hacían fiestas a sí mismos que a Dios, como acaece a muchos el día de hoy, que, cuando hay alguna solemne fiesta en alguna parte, más se suelen alegrar por lo que ellos se han de holgar[1] en ella, ahora por ver o ser vistos, ahora por comer, ahora por otros sus respectos, que por agradar a Dios.

2m. En las cuales inclinaciones e intenciones ningún gusto dan a Dios, mayormente los mismos que celebran las fiestas cuando inventan para interponer en ellas cosas ridículas e indevotas para incitar a risa la gente, con que más se distraen.

2n. Otros ponen cosas que agraden más a la gente que la muevan a devoción.

3a. ¿Qué diré de otros intentos que tienen algunos de intereses en las fiestas que celebran?

3b. Tienen más el ojo y codicia a esto que al servicio de Dios, ellos se lo saben, y Dios, que lo ve.

3c. Por lo que su gusto o el de los hombres hacen, no lo toma Dios a su cuenta, antes muchos se estarán holgando de lo que comunican en las fiestas de Dios.

3d. Dios se estará con ellos enojando; como hizo con los hijos de Israel cuando hacían fiesta cantando y bailando a su ídolo, pensando que hacían fiesta a Dios, de los cuales mató muchos millares (Éxodo 32, 7-28).

3e. Éxodo 32, 19: “Al acercarse al campamento y ver el becerro y las danzas, Moisés, encendido en ira, tiró las tablas y las rompió al pie de la montaña”.

3f. Como los sacerdotes Nadab y Abiú, hijos de Aarón, a quien mató Dios con los incensarios en las manos porque ofrecían fuego ajeno.

3g. Levítico 10, 1-2: “Nadab y Abihú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, les pusieron fuego, les echaron incienso y ofrecieron ante el Señor un fuego profano, que él no les había mandado. Entonces salió de la presencia del Señor un fuego que los devoró y murieron en presencia del Señor”.

3h. O, como el que entró en las bodas mal ataviado y compuesto, al cual mandó el rey echar en las tinieblas exteriores, atado de pies y manos.

3i. Mateo 22, 12-13: “Y le dijo: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin el vestido de boda?. El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los servidores: Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes”.

3j. En lo cual se conoce cuán mal sufre Dios en las juntas que se hacen para su servicio estos desacatos.

3k. ¡Cuántas fiestas, Dios mío, os hacen los hijos de los hombres en que se lleva más el demonio que Vos!

3l. Y el demonio gusta de ellas, porque en ellas, como el tratante, hace él su feria.

3m. ¡Y cuántas veces diréis Vos en ellas:

3n: Mateo 14, 8: Este pueblo con los labios me honra solo, mas su corazón está lejos de mí, porque me sirven sin causa.

3ñ. No sirviéndole solo por quien él es, es servirle sin causa final de Dios.

4a. Volviendo a los oratorios, digo que algunas personas los atavían más por su gusto que por el de Dios.

4b. Algunos hacen tan poco caso de la devoción de ellos, que no los tienen en más que sus camariles profanos, y aun algunos no en tanto, pues tienen más gusto en lo profano que en lo divino.

5a. Muchos de estos de tal manera dan en tener asido el apetito y gusto a su oratorio y ornato de él, que todo lo que habían de emplear en oración de Dios y recogimiento interior se les va en esto.

5b. No echan de ver que, no ordenando esto para el recogimiento interior y paz del alma, se distraen tanto en ello como en las demás cosas.

5c. Se inquietarán en el tal gusto a cada paso, y más si se lo quisieren quitar.



[1] holgar: divertirse, entretenerse a gusto.

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