martes, 24 de noviembre de 2020

Subida del Monte Carmelo. Libro 3. Capítulo 26. Negar todo gozo interior, como la esponja, secarse totalmente para que así quedar totalmente llena de Dios.


 Capítulo 26. De los provechos que se siguen al alma en la negación del gozo acerca de las cosas sensibles, las cuales son espirituales y temporales.

1. Admirables son los provechos que el alma saca de la negación de este gozo.

2a. Primero: se restaura acerca de la distracción en que demasiado ejercicio de los sentidos ha caído, recogiéndose en Dios.

2b. Consérvase el espíritu y virtudes que ha adquirido, y se aumentan y va ganando.

3a. Segundo: de sensual se hace espiritual, de animal se hace racional y aún que de hombre camina a porción angelical, y que de temporal y humano se hace divino y celestial.

3b. Así como el hombre que busca el gusto de las cosas celestiales no merece otro nombre que este que sensual, animal, temporal, etc.

3c. Así, cuando levanta el gozo de estas cosas sensibles merece todos estos: espiritual, celestial, etc.

4a. Como quiera que el ejercicio de los sentidos contradiga, como dice el apóstol (Gal 5, 17), a fuerza y ejercicio espiritual, menguando y acabando las unas de estas fuerzas, ha de crecer y aumentarse las otras fuerzas contrarias.

4b. Gálatas 5, 17: “Pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne: efectivamente, hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais”.

4c. Pablo al sensual, el ejercicio de la voluntad solo en lo sensible, le llama animal, que no percibe las cosas de Dios; y a esotro, que levanta a Dios la voluntad, llama espiritual, y que este lo penetra y juzga todo hasta los profundos de Dios.

4d. 1 Corintios 2, 14: “Pues el hombre natural no capta lo que es propio del Espíritu de Dios, le parece una necedad; no es capaz de percibirlo, porque solo se puede juzgar con el criterio del Espíritu”.

4e. Por tanto, tiene aquí el alma un admirable provecho de una grande disposición para recibir bienes de Dios y dones espirituales.

5a. Tercero: con grande exceso se le aumentan los gustos y el gozo de la voluntad temporalmente, pues, como dice el Salvador, en esta vida por uno le dan ciento.

5b. Mt 19, 29: “Todo el que por mi deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna”.

5c. Si uno niegas, ciento tanto te dará el Señor en esta vida temporal y espiritualmente; como también, por un gozo que de esas cosas sensibles tengas, te nacerá ciento tanto de pesar y sinsabor.

5d. Del ojo ya purgado en los gozos de ver, se le sigue el alma gozo espiritual, enderezado a Dios en todo cuanto ve, ahora sea divino, ahora sea profano lo que oye.

5e. Así como en el estado de la inocencia a nuestros primeros padres todo cuanto veían y hablaban y comían en el paraíso les servía para mayor sabor de contemplación, por tener ellos bien sujeta y ordenada la parte sensitiva a la razón.

5f. Así el que tiene el sentido purgado y sujeto al espíritu de todas las cosas sensibles, desde el primer movimiento saca deleite de sabrosa advertencia y contemplación de Dios.

6a. Al limpio todo lo alto y lo bajo le hace más bien y le sirve para más limpieza.

6b. El impuro de lo uno y de lo otro, mediante su impureza, suele sacar mal; mas el que no vence el gozo del apetito, ni gozará de serenidad de gozo ordinario, en Dios por medio de sus criaturas.

6c. Si el alma vive vida espiritual, mortificada la animal, ha de ir con todo a Dios.

6d. Este tal, ya limpio de corazón, en todas las cosas halla noticia de Dios gozosa y gustosa, casta, pura, espiritual, alegre y amorosa.

7a. Hasta que el hombre venga a tener tan habituado el sentido de la purgación del gozo sensible tiene necesidad de negar su gozo y gusto acerca de ellas para sacar de la vida sensitiva el alma.

7b. Juan 3, 6: lo que nace de carne, carne es; y lo que nace del espíritu, espíritu es.

8a. Los bienes de gloria que en la otra vida se siguen por el negamiento de este gozo serán más excelentes que los de aquellos que no se negaron.

8b. El aumento de la gloria esencial del alma, que responde al amor de Dios, por quien negó las dichas cosas sensibles, por cada gozo que negó momentáneo y caduco.

8c. 2 Corintios 4, 17: inmenso peso de gloria obrará en él eternamente.

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