jueves, 19 de noviembre de 2020

Subida del Monte Carmelo. Libro 3. Capítulo 22. La causa de la destrucción del ser humano.

 


Capítulo 22. De los daños que se le siguen al alma de poner el gozo de la voluntad en los bienes naturales.

1a. Mi principal intento es decir los particulares daños y provechos que acerca de cada cosa, por el gozo o no gozo de ella, se siguen al alma.

1b. Los cuales llamo particulares, porque de tal manera e inmediatamente se causal de tal genero de gozo, que no se causa directamente, y así este daño es a todos estos seis géneros general.

1c. El fornicio es daño particular.

2a. Los daños espirituales y corporales que derecha y efectivamente se siguen al alma cuando pone el gozo en los bienes naturales, se reducen a seis daños principales.

2b. El primero es vanagloria, presunción, soberbia y desestima del prójimo.

2c. No puede uno poner los ojos de la estimación de una cosa que no los quite de las demás.

2d. De lo cual se sigue desestima real de las demás cosas.

2e. El segundo daño es que mueve el sentido a complacencia y deleite sensual y lujuria[1].

2f. El tercer daño es hacer caer en adulación y alabanza vanas, en que hay engaño y vanidad.

2g. Isaías 3, 12: Pueblo mío, el que te alaba te engañó.

2h. La razón es porque, aunque algunas veces dicen verdad alabando gracias y hermosura, todavía por maravilla deja de ir envuelto algún daño, o haciendo caer al otro en vana complacencia y gozo, y llevando allí sus afectos e intenciones imperfectas.

2i. El cuarto daño es porque se embota mucho la razón y el sentido del espíritu.

2j. Porque como los bienes naturales son más conjuntos[2] al hombre que los temporales, con más eficacia y presteza hacen el gozo de los tales impresión y huella en el sentido y más frecuentemente le embelesa.

2k. La razón y el juicio no quedan libres, sino anublados con aquella afección de gozo muy conjunto.

2l. De aquí nace el quinto daño, que es distracción de la mente en las criaturas.

2m. Y de aquí nace y se sigue la tibieza y flojedad de espíritu, que es el sexto daño, que suele llegar a tanto que tenga tedio grande y tristeza en las cosas de Dios, hasta venirlas a aborrecer.

2n. Piérdese en este gozo el espíritu puro, por lo menos al principio.

2ñ. Si algún espíritu se siente será muy sensible y grosero, poco espiritual y poco interior y recogido.

2o. El espíritu está tan bajo y flaco que así no apaga el hábito del tal gozo.

2p. Reina la carne, que milita contra el espíritu.

2q. Ga 5, 17: “Pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne; efectivamente, hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais”.

2r. Aunque no sienta daño el espíritu, por lo menos se le causa ocultamente distracción.

3a. Volviendo a hablar en aquel segundo daño, cada día por esta causa se ven tantas muertes de hombres, tantas honras perdidas, tantos insultos hechos, tantas haciendas disipadas, tantas emulaciones[3] y contiendas, tantos adulterios, estupros[4] y fornicios cometidos y tantos santos caídos en el suelo, que se comparen a la tercera parte de las estrellas del cielo derribadas con la cola de aquella serpiente en la tierra.

3b. Apocalipsis 12, 4a: “Y su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las arrojó sobre la tierra”.

3c. Lamentaciones 4, 1-2: El oro fino, perdido su primer lustre, en el cieno y los ínclitos[5] y nobles de Sión, que vestían de oro primo, estimados en vasos de barro quebrado, hechos tiestos.

4a. ¿Hasta donde no llega la ponzoña[6] de este daño? ¿Y quién no bebe o poco o mucho de este cáliz dorado de la mujer babilónica del Apocalipsis?

4b. Apocalipsis 17, 4-5: “La mujer iba vestida de púrpura y escarlata y enjoyada con oro, piedras preciosas y perlas. Tenía en su mano una copa de oro llena de abominaciones y de las impurezas de la fornicación; en la frente llevaba escrito un nombre misterioso: La gran Babilonia, madre de las prostitutas y de las abominaciones de la tierra”.

4c. Que en sentarse ella sobre aquella bestia, que tenía siete cabezas y diez coronas, da a entender que apenas hay alto ni bajo, ni santo ni pecador que no dé a beber de su vino, sujetando en algo su corazón, pues allí se dice de ella.

4d. Apocalipsis 7, 2: fueron embriagados todos los reyes de la tierra del vino de su prostitución.

4e. A todos los estados coge, hasta el supremo e ínclito del santuario y divino sacerdocio, asentado su abominable vaso, como dice Daniel en lugar santo, apenas dejando fuerte que poco o mucho no le dé a beber del vino de este cáliz, que es este vano gozo.

4f. Daniel 9, 27: “Hará una alianza firme con muchos durante una semana: durante media semana hará sin cesar sacrificios y ofrendas, y pondrá sobre el altar de la abominación de la desolación, hasta que el fin decretado le llegue al desolador”.

4g. Que por eso dice que “todos los reyes de la tierra fueron embriagados de este vino”, pues tan pocos se hallarán que, por santos que hayan sido, no les haya embelesado y trastornado algo esta bebida del gozo y gusto de la hermosura y gracias naturales.

5a. Donde es de notar el decir que “se embriagaron”; porque por poco que se beba del vino de este gozo, luego al punto se ase al corazón, y embelesa y hace el daño de oscurecer la razón, como a los asidos del vino.

5b. Si luego no se toma alguna triaca[7] contra este veneno con que se eche fuera presto, peligro corre la vida del alma.

5c. Tomando fuerzas la flaqueza espiritual, le traerá a tanto mal que, como Sansón, sacados los ojos de su vista y cortados los cabellos de su primera fortaleza, se verá moler en las atahonas[8], cautivo entre sus enemigos, y después, por ventura, morir la segunda muerte, como él con ellos; causándole todos estos daños la bebida de que gozó espiritualmente, como a él corporalmente se los causó y causa hoy a muchos; y después le vengan a decir sus enemigos, no sin grande confusión suya: ¿Eres tú el que rompías los lazos doblados, desquijarrabas los leones, maltabas los mil filisteos y arrancabas los postigos, y te librabas de todos tus enemigos?

5d. Jueces 16, 19: “[Dalila] lo adormeció sobre sus rodillas y llamó a un hombre que le rapó las siete guedejas[9] de su cabeza. Entonces comenzó a debilitarse y su fuerza se alejó de él.

6a. Concluyamos, pues, poniendo el documento necesario contra esta ponzoña, y sea: luego que el corazón se sienta mover de este vano gozo de bienes naturales, se acuerde cuán vana cosa es gozarse de otra que de servir a Dios y cuán peligrosa y perniciosa, considerando cuánto daño fue para los ángeles gozarse y complacerse de su hermosura y bienes naturales, pues por esto cayeron en los abismos feos y cuántos males siguen a los hombres cada día por esa misma vanidad.

6b. Por eso se animen con tiempo a tomar el remedio que dice el poeta a los que comienzan a aficionarse a lo tal.

6c. Proverbios 23, 31-32: “Date priesa ahora al principio a poner remedio; porque cuando los males han tenido tiempo de crecer en el corazón, tarde viene el remedio y la medicina. No mires al vino, dice el Sabio, cuando su color está rubicundo[10] y resplandeciente en el vidrio; entra blandamente, y [al fin] muerde como culebra y derrama venenos como el régulo[11].



[1] Lujuria: exceso o demasía en alguna cosa. Id. www.rae.es

[2] Conjunto: unido o contiguo a otra cosa. Id.

[3] Emular: imitar las acciones de otro procurando igualarlas, e incluso excederlas. Id.

[4] Estupro: coito con persona mayor de 12 años y menor de 18, prevaliéndose de superioridad, originada por cualquier relación o situación; acceso carnal con persona mayor de 12 años y menor de 16, conseguido con engaño; antiguamente coito con soltera núbil [en edad de contraer matrimonio] o viuda, logrado sin su libre consentimiento. Id.

[5] Ínclito: ilustre, esclarecido, afamado. Id.

[6] Ponzoña: sustancia que tiene en sí cualidades nocivas para la salud y destructivas de la vida. Ib.

[7] Triaca: confección farmacéutica usada de antiguo y compuesta de muchos ingredientes y principalmente de opio. Se ha empleado para las mordeduras de animales venenosos. Ib.

[8] Tahona: molino de harina cuya rueda se mueve con caballería. Ib.

[9] Guedeja: cabellera larga. Ib.

[10] Rubicundo: rubio que tira a rojo.

[11] Rey o señor de un territorio pequeño y atrasado.

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