Capítulo 11. Del cuarto daño que le sigue al alma de las aprehensiones sobrenaturales distintas de la memoria, que es impedirle la unión.
1a. Del
cuarto daño para que el alma se venga a unir con Dios en esperanza, ha de
renunciar toda posesión de la memoria.
1b.
Para que la esperanza sea entera de Dios, nada ha de haber en la memoria que no
sea Dios.
1c. Y
como, habemos dicho, ninguna forma, ni figura, ni imagen ni otra noticia que
pueda caer en la memoria, sea Dios ni semejante a él.
1d.
Ahora celestial, ahora terrena, natural o sobrenatural.
1e.
Salmo 85,8: Señor, en los dioses ninguno hay semejante a ti.
1f. Si
la memoria quiere hacer alguna presa de algo de esto, se impide para Dios.
1g. Se
embaraza y mientras más tiene en posesión, tanto menos tiene en esperanza.
2.
Necesario le es al alma quedarse desnuda y olvida de formas y noticias
distintas de cosas sobrenaturales para no impedir la unión en esperanza
perfecta con Dios.

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