Capítulo 10. Del tercer daño que se le puede seguir al alma de parte del demonio, por las aprehensiones imaginarias de la memoria.
1a. Cuanto
daño se le puede seguir al alma, por vía de estas aprehensiones [percepciones] sobrenaturales,
de parte del demonio imprimiéndolas por sugestión, de manera que le parezca al
alma que no hay otra cosa, sino que aquello es así como se le asienta.
1b.
Como se transfigura en ángel de luz, parécele al alma luz.
1c. En
las verdaderas que son parte de Dios puede tentarla de muchas maneras, moviéndole
los apetitos y afectos, espirituales y sensitivos, desordenadamente acerca de
ellas.
1d. Si
el alma gusta de las tales aprehensiones, le es muy fácil al demonio hacerle crecer
los apetitos y afectos y caer en gula espiritual y otros daños.
2a.
Suele sugerir y poner gusto, sabor o deleite en el sentido acerca de las mismas
cosas de Dios, para que el alma, enmelada y encandilada en aquel sabor, se vaya
cegando con aquel gusto y poniendo los ojos más en el sabor que en el amor, a
lo menos ya no tanto en el amor.
2b. Y
que haga más caso de la aprehensión que de la desnudez y vacío que hay en la fe
y esperanza y amor de Dios.
2c. De
aquí vaya poco y poco engañándola y haciéndola creer en sus falsedades con gran
facilidad.
2d. Al
alma ciega la falsedad no le parece falsedad.
2e. Le
parecen las tinieblas luz, y la luz tinieblas.
2f. De
ahí viene dar en mil disparates, así acerca de lo natural como de lo moral como
de lo espiritual.
2g. Y
lo que era vino se volvió en vinagre.
2h.
Todo lo cual le viene porque al principio no fue negado el gusto.
2g. Mateo
13, 32: “Aunque [el grano de mostaza] es la más pequeña de las semillas, cuando
crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que
vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas”.
2h.
Como en principio es poco o no es tan malo, no se recata tanto el alma, y déjale
estar y crece, como el grano de mostaza en árbol grande.
2i.
Pequeño yerro en el principio grande es en el fin.
3a.
Para huir este daño grande del demonio conviene mucho al alma no querer gustar
de las tales cosas.
3b.
Salmo 138, 11: Por ventura en mis deleites me cegarán las tinieblas, y tendré
la noche por mi luz.

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