miércoles, 21 de octubre de 2020

Subida del Monte Carmelo. Libro 3. Capítulo 9. La gran tentación: la soberbia espiritual.

 


Capítulo 9. Del segundo género de daños, que es peligro de caer en propia estimación y vana presunción.

1a. Las aprehensiones sobrenaturales de la memoria son también a los espirituales grande ocasión para caer en alguna presunción o vanidad, si hacen caso de ellas.

1b. El que lo tiene, tiene la ocasión en la mano de pensar que ya es algo, pues tiene aquellas comunicaciones sobrenaturales.

1c. Aunque es verdad que lo puede atribuir a Dios y darle gracias teniéndose por indignos, con todo eso se suele quedar cierta satisfacción oculta en el espíriut y estimación de aquello y de sí.

1d. Sin sentirlo les nace la soberbia espiritual.

2a. Lo cual pueden ver ellos claramente en el disgusto que les hace y desvío [desagrado, rae.es] con quien no les alaba su espíritu ni les estima aquellas cosas que tienen.

2b. Y la pena que les da cuando piensan o les dicen que otros tienen aquellas cosas o mejores.

2c. Todo lo cual nace de la secreta estimación y soberbia.

2d. Piensan que basta cierta manera de conocimiento de su miseria, estando juntamente con esto llenos de oculta estimación y satisfacción de sí mismo, agradándose más de su espíritu y bienes espirituales que del ajeno.

2e. Como el fariseo que daba gracias a Dios que no era como los otros hombres y que tenía tales y tales virtudes, en lo cual tenía satisfacción de sí y presunción.

2f. Lucas 18, 11-12: «El fariseo erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”».

2g. Aunque formalmente no lo digan como este, lo tienen habitualmente en espíritu.

2h. Algunos llegan a ser tan soberbios, que son peores que el demonio.

2i. Ellos ven en sí algunas aprehensiones y sentimientos devotos y suaves de Dios, a su parecer, ya se satisfacen de manera que piensan están muy cerca de Dios.

2j. Los que no tienen aquello están muy bajos, y los desestiman como el fariseo.

3a. Para huir este pestífero daño, a los ojos de Dios aborrecible, han de considerar dos cosas.

3b. La primera, que la virtud no está en las aprehensiones y sentimientos sino está en lo que no tienen en sí, que es mucha humildad y desprecio de sí y de sus cosas, y gustar de que los demás sientan de él aquello mismo, no queriendo valer nada en el corazón ajeno.

4a. Lo segundo, han menester advertir que todas las visiones y revelaciones y sentimientos del cielo y cuanto más ellos quisieren pensar, no valen tanto como el menor acto de humildad.

4b. La cual tiene los efectos de la caridad, que no estima sus cosas ni las procura, ni piensa mal sino de sí, y de sí ningún bien piensa, sino de los demás.

4c. 1 Corintios 13, 4-7: “El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe, no es indecoroso 

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