Capítulo 9. Del segundo género de daños, que es peligro de caer en propia estimación y vana presunción.
1a. Las
aprehensiones sobrenaturales de la memoria son también a los espirituales
grande ocasión para caer en alguna presunción o vanidad, si hacen caso de ellas.
1b. El
que lo tiene, tiene la ocasión en la mano de pensar que ya es algo, pues tiene
aquellas comunicaciones sobrenaturales.
1c.
Aunque es verdad que lo puede atribuir a Dios y darle gracias teniéndose por
indignos, con todo eso se suele quedar cierta satisfacción oculta en el
espíriut y estimación de aquello y de sí.
1d. Sin
sentirlo les nace la soberbia espiritual.
2a. Lo
cual pueden ver ellos claramente en el disgusto que les hace y desvío [desagrado,
rae.es] con quien no les alaba su espíritu ni les estima aquellas cosas que
tienen.
2b. Y
la pena que les da cuando piensan o les dicen que otros tienen aquellas cosas o
mejores.
2c.
Todo lo cual nace de la secreta estimación y soberbia.
2d.
Piensan que basta cierta manera de conocimiento de su miseria, estando
juntamente con esto llenos de oculta estimación y satisfacción de sí mismo,
agradándose más de su espíritu y bienes espirituales que del ajeno.
2e.
Como el fariseo que daba gracias a Dios que no era como los otros hombres y que
tenía tales y tales virtudes, en lo cual tenía satisfacción de sí y presunción.
2f. Lucas
18, 11-12: «El fariseo erguido, oraba así en su interior: “¡Oh Dios!, te doy
gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni
tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo
lo que tengo”».
2g. Aunque formalmente no lo digan como este, lo
tienen habitualmente en espíritu.
2h. Algunos llegan a ser tan soberbios, que son
peores que el demonio.
2i. Ellos ven en sí algunas aprehensiones y
sentimientos devotos y suaves de Dios, a su parecer, ya se satisfacen de manera
que piensan están muy cerca de Dios.
2j. Los que no tienen aquello están muy bajos, y los
desestiman como el fariseo.
3a. Para huir este pestífero daño, a los ojos de
Dios aborrecible, han de considerar dos cosas.
3b. La primera, que la virtud no está en las
aprehensiones y sentimientos sino está en lo que no tienen en sí, que es mucha
humildad y desprecio de sí y de sus cosas, y gustar de que los demás sientan de
él aquello mismo, no queriendo valer nada en el corazón ajeno.
4a. Lo segundo, han menester advertir que todas las
visiones y revelaciones y sentimientos del cielo y cuanto más ellos quisieren
pensar, no valen tanto como el menor acto de humildad.
4b. La cual tiene los efectos de la caridad, que no
estima sus cosas ni las procura, ni piensa mal sino de sí, y de sí ningún bien
piensa, sino de los demás.

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