viernes, 2 de octubre de 2020

Subida del Monte Carmelo. Libro 2. Capítulo 29. 6-12. Para conocer a Dios: saber los miseterios y verdades con sencillez y verdad que nos propone la Iglesia.

 


11a. Estas locuciones sucesivas pueden proceder en el entendimiento de tres causas:

11b. Del Espíritu divino, que mueve y alumbra el entendimiento.

11c. De la lumbre natural del mismo entendimiento.

11d. Del mismo demonio, que le puede hablar por sugestión.

11e. Decir las señales e indicios para conocer cuándo proceden de una causa y cuándo de otra, sería dificultoso dar de ello enteras muestras e indicios; aunque bien se pueden dar algunos generales, y son estos:

11d. Cuando en las palabras y conceptos juntamente el alma va amando y sintiendo amor con humildad y reverencia de Dios, es señal que anda por allí el Espíritu Santo, el cual, siempre que hace algunas mercedes, las hace envueltas en esto.

11e. Cuando precede de la viveza y lumbre del entendimiento:

11f. Después de pasada la meditación queda la voluntad seca.

11g. Del buen espíritu: la voluntad queda ordinariamente aficionada a Dios e inclinada a bien, puesto que algunas veces después acaecerá quedar la voluntad seca, aunque la comunicación haya sido del buen espíritu; y otras veces no sentirá el alma mucho las operaciones o movimientos de aquellas virtudes, y será bueno lo que tuvo.

11h. Es dificultosa de conocer algunas veces la diferencia que hay de unas a otras.

11i. Las que son del demonio, aunque es verdad que ordinariamente dejan la voluntad seca acerca del amor de Dios y el ánimo inclinado a vanidad, todavía pone algunas veces en el ánimo una falsa humildad y afición hervorosa de voluntad fundada en amor propio.

11j. A veces es menester que la persona sea harto espiritual para que lo entienda.

11i. Esto hace el demonio, el cual sabe muy bien algunas veces hacer derramar lágrimas sobre los sentimientos que le pone, para ir poniendo en el alma la afición que el quiere.

11j. Pero siempre les procurará mover la voluntad a que estimen aquellas comunicaciones interiores, y que hagan mucho caso de ellas, porque se den a ellas y ocupen el alma en lo que no es virtud, sino ocasión de perder la que hubiese.

12a. Quedemos, pues, en esta necesaria cautela para no ser engañados ni embarazados con ellas, que no hagamos caudal de nada de ellas, sino solo de saber enderezar la voluntad con fortaleza a Dios, obrando con perfección su ley y santos consejos, que es la sabiduría de los santos, contentándonos de saber los misterios y verdades con la sencillez y verdad que nos propone la Iglesia.

12b. Que basta para inflamar mucho la voluntad, sin meternos en otras profundidades y curiosidades en que por maravilla falta peligro.

12c. Romanos 12, 3: “Por la gracia de Dios que me ha sido dada os digo a todos y cada uno de vosotros: No os estiméis en más de lo que conviene, sino estimaos moderadamente, según la medida de la fe, que Dios otorgó a cada cual”.

13c. Porque a este propósito dice san Pablo: No conviene saber más de lo que conviene saber.

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