11a.
Estas locuciones sucesivas pueden proceder en el entendimiento de tres causas:
11b. Del
Espíritu divino, que mueve y alumbra el entendimiento.
11c. De
la lumbre natural del mismo entendimiento.
11d.
Del mismo demonio, que le puede hablar por sugestión.
11e.
Decir las señales e indicios para conocer cuándo proceden de una causa y cuándo
de otra, sería dificultoso dar de ello enteras muestras e indicios; aunque bien
se pueden dar algunos generales, y son estos:
11d.
Cuando en las palabras y conceptos juntamente el alma va amando y sintiendo
amor con humildad y reverencia de Dios, es señal que anda por allí el Espíritu
Santo, el cual, siempre que hace algunas mercedes, las hace envueltas en esto.
11e.
Cuando precede de la viveza y lumbre del entendimiento:
11f.
Después de pasada la meditación queda la voluntad seca.
11g.
Del buen espíritu: la voluntad queda ordinariamente aficionada a Dios e
inclinada a bien, puesto que algunas veces después acaecerá quedar la voluntad
seca, aunque la comunicación haya sido del buen espíritu; y otras veces no sentirá
el alma mucho las operaciones o movimientos de aquellas virtudes, y será bueno
lo que tuvo.
11h. Es
dificultosa de conocer algunas veces la diferencia que hay de unas a otras.
11i.
Las que son del demonio, aunque es verdad que ordinariamente dejan la voluntad
seca acerca del amor de Dios y el ánimo inclinado a vanidad, todavía pone
algunas veces en el ánimo una falsa humildad y afición hervorosa de voluntad
fundada en amor propio.
11j. A
veces es menester que la persona sea harto espiritual para que lo entienda.
11i.
Esto hace el demonio, el cual sabe muy bien algunas veces hacer derramar
lágrimas sobre los sentimientos que le pone, para ir poniendo en el alma la
afición que el quiere.
11j. Pero
siempre les procurará mover la voluntad a que estimen aquellas comunicaciones
interiores, y que hagan mucho caso de ellas, porque se den a ellas y ocupen el
alma en lo que no es virtud, sino ocasión de perder la que hubiese.
12a. Quedemos,
pues, en esta necesaria cautela para no ser engañados ni embarazados con ellas,
que no hagamos caudal de nada de ellas, sino solo de saber enderezar la
voluntad con fortaleza a Dios, obrando con perfección su ley y santos consejos,
que es la sabiduría de los santos, contentándonos de saber los misterios y
verdades con la sencillez y verdad que nos propone la Iglesia.
12b. Que
basta para inflamar mucho la voluntad, sin meternos en otras profundidades y
curiosidades en que por maravilla falta peligro.
12c.
Romanos 12, 3: “Por la gracia de Dios que me ha sido dada os digo a todos y
cada uno de vosotros: No os estiméis en más de lo que conviene, sino estimaos
moderadamente, según la medida de la fe, que Dios otorgó a cada cual”.
13c.
Porque a este propósito dice san Pablo: No conviene saber más de lo que
conviene saber.

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