Capítulo 22. En que se desata una duda, como no será lícito ahora en la ley de gracia preguntar a Dios por vía sobrenatural, como lo era en la Ley vieja. Pruébase con una autoridad de san Pablo.
1a. De
entre las manos nos van saliendo las dudas, y así no podemos correr, con la
prisa que querríamos adelante.
1b. Así
como las levantamos estamos obligados a allanarlas para que la verdad de la
doctrina siempre quede llana y en su fuerza.
2a. Habemos
dicho cómo no es voluntad de Dios que las almas quieran recibir por vía
sobrenatural cosas distintas de visiones o locuciones, etc.
2b.
Habemos visto que allí se han alegado de la sagrada Escritura que se usaba el
dicho trato con Dios en la ley vieja y era lícito; y no sólo lícito, que Dios
se lo mandaba. Y, cuando no lo hacían,
los reprendía Dios.
2c.
Vemos en la divina sagrada Escritura que Moisés siempre preguntaba a Dios, y el
rey David y todos los reyes de Israel y los sacerdotes y profetas antiguos, y
Dios respondía y hablaba con ellos y no se enojaba, y era bien hecho; y si no
lo hiciesen fuera mal hecho.
2d.
¿Por qué ahora en la ley nueva y de gracia no lo será como antes lo era?
3a. La
principal causa por que en la ley de escritura eran lícitas las preguntas que
se hacían a Dios era porque aún entonces no estaba bien fundamentada la fe ni
establecida la ley evangélica.
3b. Ya
que está fundada la fe en Cristo y manifiesta la ley evangélica en esta era de
gracia, no hay para que preguntarle de aquella manera, ni para qué él hable ya
ni responda como entonces.
3c.
Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene
otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más
que hablar.
4a. Hebreos
1, 1-2: Lo que antiguamente habló Dios en los profetas a nuestros padres de
muchos modos y de muchas maneras, ahora a la postre, en estos días nos lo ha
hablado en el Hijo de todo de una vez.
4b.
Dios ha quedado como mudo y no tiene más que hablar, porque lo que hablaba
antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en él todo, dándonos al Todo,
que es su Hijo.
5a. El
que ahora quisiere preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no
sólo haría una necedad sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos
totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad.
5b. Le
podría responder Dios: “Si te tengo ya habladas todas las cosas en mi palabra,
que es mi Hijo, y no tengo otra, ¿qué te puedo yo responder o revelar que sea
más que eso? Pon los ojos sólo en él, porque en él te lo tengo todo dicho y
revelado, y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas”.
5c. “Porque
tú pides locuciones y revelaciones en parte, y si pones en él los ojos, lo
hallarás en todo; porque él es toda mi locución y respuesta y es toda mi visión
y toda mi revelación. Lo cual os he ya hablado, respondido, manifestado y
revelado, dándoosle por hermano, compañero y maestro, precio y premio”.
5d. “Porque
desde aquel día que bajé con mi Espíritu sobre él en el monte Tabor, diciendo:”.
5e.
Mateo 7, 5: Este es mi amado Hijo, en que me he complacido, a él oíd.
5f. “Ya
alcé yo la mano de todas esas maneras de enseñanzas y respuestas y se la di a
él. Oídle a él, porque yo no tengo más fe que revelar, ni más cosas que
manifestar”.
5g. “Que,
si antes hablaba, era prometiendo a Cristo; y si me preguntaban, eran las
preguntas encaminadas a la petición y esperanza de Cristo, en que habían de
hallar todo bien, como ahora lo da a entender toda la doctrina de los
evangelistas y apóstoles”.
5h. “Mas
ahora, el que me preguntase de aquella manera y quisiese que yo le hablase o
algo le revelase, era, en alguna manera pedirme otra vez a Cristo, y pedirme
más fe, y ser falto en ella, que ya está dada en Cristo”.
5i. “Y
así, haría mucho agravio a mi amado Hijo, porque no sólo en aquello le faltara
en la fe, mas le obligaba otra vez a encarnar y pasar por la vida y muerte
primera”.
5j. “No
hallarás qué pedirme ni qué desear de revelaciones o visiones de mi parte”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario