6a.
Isaías 28, 9-11: ¿A quién enseñará Dios ciencia? ¿y a quién hará entender la
profecía y palabra suya? Solamente a aquellos que están ya apartados de la
leche y desarraigados de los pechos. Porque todos dice – es a saber, sobre las
profecías –: promete y vuelve luego a prometer, espera y vuelve a esperar,
espera y vuelve a esperar; un poco allí, un poco allí, porque en la palabra de
su labio y en otra lengua hablará a este pueblo.
6b.
Dice Isaías que hacían éstos burla de las profecías y decían por escarnio este
proverbio de espera y vuelve luego a esperar, dando a entender que nunca se les
cumplía, porque estaban ellos asidos a la letra, que es la leche de los niños.
7a.
Jeremías 4, 10: ¡Ay, ay, ay, Señor Dios!, ¿por ventura has engañado a este
pueblo y a Jerusalén, diciendo: paz vendrá sobre vosotros, y ves aquí ha venido
cuchillo hasta el ánima?
7b. La
paz que les prometía Dios era la que había de haber entre Dios y el hombre por
medio del Mesías que les había de enviar, y ellos entendían de la paz temporal.
Y, por eso, cuando tenían guerras y trabajos, les parecía engañarles Dios,
acaeciéndoles al contrario de lo que ellos esperaban.
7c.
Jeremías 8, 15: Esperando habemos paz, y no hay bien de paz.
7d. Y
así, era imposible dejarse ellos de engañar, gobernándose sólo por el sentido
literal.
7e.
Salmo 71, 12: Librará al pobre del poder del poderoso, y al pobre que no tenía
ayudador.
7f. Viéndole
después nacer en bajo estado, y vivir en pobreza, y morir en miseria, y que no
sólo temporalmente no se enseñoreó de la tierra mientras vivió, sino que se
sujetó a gente baja, hasta que murió debajo del poder de Poncio Pilato, y que
no sólo a sus discípulos pobres no los libro de las manos de los poderosos temporalmente,
mas los dejó mater y perseguir por su nombre.
8a. Y
así, hablaba Dios de Cristo y de sus secuaces que eran reino eterno y libertad
eterna; y ellos entendiendo, a su modo, de lo menos principal, de que Dios hace
poco caso, que era señorío temporal y libertad temporal, lo cual delante de Dios
ni es reino ni libertad.
8b. Hechos
13, 27: Los que moraban en Jerusalén y los príncipes de ellas, no sabiendo
quién era ni entendiendo los dichos de los profetas, que cada sábado se
recitan, juzgando, le acabaron.
9a.
Lucas 24, 21: Nosotros esperábamos que había de redimir a Israel.
9b. Entendiendo
ellos [los discípulos de Emaús] también que había de ser la redención y señorío
temporal. A los cuales, apareciendo Cristo nuestro Redentor, reprendió de
insipientes y pesados y rudos de corazón para creer las cosas que habían dicho
los profetas.
9c. Y
aun al tiempo que se iba al cielo, todavía estaban algunos en aquella rudeza y
el preguntaron.
9d.
Hechos 1, 6: Señor, haznos saber si has de restituir en este tiempo al reino de
Israel.
9e.
Hace decir el Espíritu santo muchas cosas en que él lleva otro sentido del que
entienden los hombres, como se hecha de ver en lo que hizo decir a Caifás de
Cristo.
9f.
Juan 11, 50: Que convenía que un hombre muriese por que no pereciese toda la
gente.
9g. Lo
cual no lo dijo de suyo; y él lo dijo y entendió a un fin, y el Espíritu santo
a otro.
10. De
donde se ve que, aunque los dichos y revelaciones sean de Dios, no nos podemos
asegurar en ellos, pues no podemos muchos y muy fácilmente engañar en nuestra
manera de entenderlos; porque ellos todos son abismo y profundidad de espíritu,
y quererlos limitar a lo que de ellos entendemos y pude aprehender el sentido
nuestro no es más que querer palpar el aire y palpar alguna mota que encuentra
la mano en él; y el aire se va y no queda nada.

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