viernes, 21 de agosto de 2020

2 Suibida del Monte Carmelo. Capítulo 11-a. Visiones: ¿ certezas de Dios o engaños de la mente o del demonio? Razones sanjuanistas para la duda.

 

Capítulo 11. De impedimento y daño que puede haber en las aprehensiones del entendimiento por vía de lo sobrenaturalmente se representa en los sentidos corporales exteriores y cómo el alma se ha de haber en ellas.

1a. Lo que habemos de tratar en el presente capítulo será aquellas noticias y aprehensiones que solamente pertenecen al entendimiento sobrenaturalmente por vía de los sentidos corporales exteriores.

1b. Que son: ver, oír, oler, gustar y tocar.

1c. Acerca de todas las cuales pueden y suelen nacer a los espirituales representaciones y objetos sobrenaturales.

1d. Acerca de la vista se les suelen representar figuras y personajes de la otra vida, de algunos santos y figuras de ángeles, buenos y malos.

1e. Con los oídos oír algunas palabras extraordinarias, ahora dichos por esas figuras que ven, ahora sin ver quién las dice.

1f. En el olfato sienten a veces olores suavísimos sensiblemente, sin saber de donde vienen.

1g. En el gusto acaece sentir muy suave sabor, y en el tacto grande deleite, y a veces tanto, que parece que todas las médulas y huesos gozan y florecen y se bañan en deleite.

1h. Este gusto del sentido es muy ordinario a los espirituales, porque del afecto y devoción del espíritu sensible les procede más o menos a cada cual en su manera.

2a. Aunque todas estas cosas pueden acaecer a los sentidos corporales por vía de Dios, nunca jamás se han de asegurar en ellas ni las han de admitir, antes totalmente han de huir de ellas, sin querer examinar si son buenas o malas.

2b. Porque así como son más exteriores y corporales, así tanto menos ciertas son de Dios.

2c. Más propio y ordinario le es a Dios comunicarse al espíritu, en lo cual hay más seguridad y provecho para el alma, que al sentido, en el cual ordinariamente hay mucho peligro y engaño, por cuanto en ella se hace el sentido corporal juez y estimador de las cosas espirituales.

2d. Pensando que son así como las siente, siendo ellas tan diferentes como el dcuerpo del alma y la sensualidad de la razón.

3a. Yerra mucho el que tales cosas estima, y en gran peligro se pone de ser engañado.

3b. Siempre se han de tener las tales cosas por más cierto ser del demonio que de Dios; el cual en lo más exterior y corporal tiene más a mano.

4a. Son muy fáciles y ocasionadas para criar error y presunción y vanidad en el alma.

4b. Como son tan palpables y materiales, mueven mucho al sentido, y parécele al juicio del alma que es más por ser más sensible, y vase tras ello, desamparando a la fe, pensando que aquella luz es guía y medio de su pretensión, que es la unión de Dios.

4c. Pierde más el camino y medio que es la fe, cuanto más caso hace de las tales cosas.

5a. El demonio sabe ingerir en el alma satisfacción de sí oculta y a veces harto manifiesta.

5b. Él pone muchas veces en los objetos en los sentidos, demostrando a la vista figuras de santos y resplandores hermosísimos, y palabras a los oídos harto disimulados y olores muy suaves, y dulzuras en la boca, y en el tacto deleite, para que, engolosinándolos por allí, los induzca en muchos males.

5c. Siempre se ha de desechar tales representaciones y sentimientos, porque, dado caso que algunas sean de Dios, no por eso se hace a Dios agravio ni se deja de recibir el afecto y fruto que quiere Dios.

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