Capítulo 11. De impedimento y daño que puede haber en las aprehensiones del entendimiento por vía de lo sobrenaturalmente se representa en los sentidos corporales exteriores y cómo el alma se ha de haber en ellas. II parte.
6a.
Dios da aquellas cosas sobrenaturalmente sin dilighencia bastante y sin
habilidad de ella.
6b. Sin
diligencia y sin habilidad de ella hace Dios el efecto que quiere con las tales
cosas en ella.
6c. Es
cosa que hace y obra pasivamente en el espíritu.
6d. No
consiste en querer o no querer, para que sea o deje de ser, así como si a uno
echasen fuego estando desnudo, poco aprovecharía no querer quemarse, porque el
fuego por fuerza había de hacer su efecto.
6e. Así
son las visiones y representaciones buenas, que, aunque el alma no quiera,
hacen su efecto en ella primera y principalmente que en el cuerpo.
6d. Las
que son parte del demonio sin que el alma las quiera causan en ella alboroto o
sequedad, o vanidad o presunción de espíritu.
6e. Las
del demonio solo pueden poner primeros movimientos en la voluntad y no moverla
a más si ella no quiere, y alguna inquietud que no dura mucho.
6f. Las
que son de Dios penetran el alma, y mueven la voluntad a amar, y dejan su
efecto, al cual no puede el alma resistir aunque quiera, más que la vidriera al
rayo de sol cuando da en ella.
7a. El
alma nunca se ha de atrever a quererlas admitir, aunque, como digo, sean de
Dios, porque, si las quiere admitir hay seis inconvenientes.
7b. Se
le va disminuyendo la fe, porque mucho derogan a la fe las cosas que se
experimentan con los sentidos. Apártase del medio de la unión de Dios, no
cerrando los ojos del alma a todas esas cosas del sentido.
7c. Son
impedimento para el espíritu si no se niegan, porque se detiene en ellas el
alma y no vuela el espíritu a lo invisible.
7d. Jn
20, 17: “Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si
no me voy no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio si me voy, os lo enviaré”.
7e. Jn
20, 17: “Jesús le dice: No me retengas, que todavía no he subido al Padre.
Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios
mío y Dios vuestro””.
7f.
Tampoco dejó a María Magdalena que llegase a sus pies después de resucitado,
porque se fundase en la fe.
7g. El
alma no camina a la verdadera resignación y desnudez de espíritu.
7f. Van
perdiendo el efecto de ellas y el espíritu que causan en lo interior, porque
pone los ojos en lo sensual de ellas, que es lo menos principal. Y así, no
recibe copiosamente el espíritu que causan, el cual se imprime y conserva más
negando todo lo sensible.
7h. Va
perdiendo las mercedes de Dios, porque las va tomando como propiedad y no
aprovecha bien en ellas.
7i.
Abre la puerta al demonio para que le engañe en otras semejantes, las cuales
sabe él muy bien disimular y disfrazar, de manera que parezcan a las buenas.
7j. 1
Cor 11, 14: “Y no hay por qué extrañarse, pues el mismo Satanás se disfraza de
ángel de luz”.
7i.
Pues puede, como dice el apóstol transfigurarse en ángel de luz.
8a.
Siempre conviene al alma desecharlas a ojos cerrados, sean de quien fueren.
8b. Es
bueno cerrarse en ellas y negarlas todas, porque en las malas se quitan los
errores del demonio, y en las buenas el impedimento de la fe.
8c.
Cuando el alma está resignada y contraria a ellas, el demonio va cesando de que
ve que no hace daño, y Dios, por el contrario, va aumentando y aventajando las
mercedes en aquel alma humilde y desapropiada, haciéndola sobre lo mucho, como
al siervo que fue fiel en lo poco.
8d. Mt
25, 21: “Su señor le dijo: Bien, siervo bueno y fiel, como has sido fiel en lo
poco te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.
9a.
Nuestro Señor de tal manera va probando el alma y levantándola, que primero la
da cosas muy exteriores y bajas según el sentido, conforme a su poca capacidad,
para que habiéndose ella como debe, tomando aquellos primeros bocados con
sobriedad para fuerza y sustancia, la lleve a más y mejor manjar.
9b. Si
venciere al demonio en lo primero, pasará a lo segundo, y si también en lo segundo,
pasará a lo tercero; y de ahí adelante todas las siete mansiones, hasta meterla
el Esposo en la cela vinaria de su perfecta caridad, que son los siete grados
de amor.
9c.
Cantar de los Cantares 2, 4: “Me llevó al banquete, / y enarboló sobre mí la
bandera de su amor”.
10a. Ap
12, 3: “Y apareció otro signo en el cielo un gran dragón rojo que tiene siete
cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas”.
10b.
¡Dichosa el alma que supiere pelear contra aquella bestia del Apocalipsis que
tiene siete cabezas contrarias a estos siete grados de amor, con las cuales
contra cada uno hace la guerra.
10c. Ap
13, 1-7: Vi una bestia que salía del mar, tenía diez cuernos y siete cabezas,
llevaba en los cuernos diez diademas y en las cabezas un nombre blasfemo. La bestia
que vi era semejante a una pantera con patas de oso y fauces de león. El dragón
le dio su poder, su trono y gran autoridad. Y vi que una de sus cabezas estaba
como herida de muerte, pero su herida mortal se había curado. Todo el mundo,
admirado, seguía a la bestia; y adoraron al dragón por haber dado su autoridad
a la bestia y adoraron a la bestia, diciendo: “¿Quién como la bestia?, ¿quién
puede combatir con ella?”. Y se le dio una boca grandilocuente y blasfema y se
le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Abrió su boca para blasfemar
contra Dio, para blasfemar contra su nombre y contra su morada y contra los que
habitan en el cielo. Y se le dio combatir contra los santos y vencerlos, y se
le dio autoridad sobre toda raza, pueblo, lengua y nación”.
10d. Es
mucho de doler por muchos, entrando en esta batalla espiritual contra la
bestia, aun no sean para cortarle la primera cabeza, negando las cosas
sensuales del mundo.
10e. Y
ya que algunos acaban consigo y se la cortan, no le cortan la segunda, que es
las visiones del sentido de que vamos hablando.
10f. La
tercera, que es acerca de los sentidos sensitivos, pasando de estado de
meditación.
10g. Y
aun más adelante, al tiempo de entrar en lo puro del espíritu, los vence esta
espiritual bestia, y vuelve a levantar contra ellos y a resucitar hasta la
primera cabeza, y hácense las postrimerías de ellas peores que las primerías en
su recaída, tomando otros siete espíritus consigo peores que él.
10h.
Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí.
Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.
11a. Ha,
pues, el espiritual de negar todas las aprehensiones con los deleites
temporales que caen en los sentidos exteriores, si quiere cortar la primera
cabeza y la segunda a esta bestia, entrando en el primer aposento de amor, y
segundo de viva fe, no queriendo hacer presa ni embarazarse con lo que se le da
a los sentidos, por cuanto es lo que más deroga a la fe.
12a. Jn
20, 17: “Jesús le dice: “No me retengas, que todavía no he subido al Padre.
Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al
Dios mío y Dios vuestro”.
12b. Jn
20, 29: Jesús dijo: “¿Por qué me has visto has creído? Bienaventurados los que
crean sin haber visto”.
12c. Y
una de las causas por que no quería Cristo que le tocase la Magdalenta y santo
Tomás era esta.
12f. El
demonio gusta cuando un alma quiere admitir revelaciones y la ve inclinada a
ella.
12g.
Tiene él entonces mucha ocasión y mano para ingerir errores y derogar en lo que
pudiere a la fe.
13a.
Heme alargado algo en estas aprehensiones exteriores por dar y abrir alguna más
luz para las demás de que luego habemos de tratar.
13b.
Solo con decir que tenga cuidado de nunca admitir, si no fuese algo con algún
muy raro parecer, y entonces, no con gana ninguna de ello, me parece basta en
esta parte lo dicho.

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