sábado, 22 de agosto de 2020

2 Subida del monte Carmelo 11. 2ª parte. Rechazar toda visión, aunque se de Dios. El misterio demoniaco del ángel de luz.

 

Capítulo 11. De impedimento y daño que puede haber en las aprehensiones del entendimiento por vía de lo sobrenaturalmente se representa en los sentidos corporales exteriores y cómo el alma se ha de haber en ellas. II parte. 

6a. Dios da aquellas cosas sobrenaturalmente sin dilighencia bastante y sin habilidad de ella.

6b. Sin diligencia y sin habilidad de ella hace Dios el efecto que quiere con las tales cosas en ella.

6c. Es cosa que hace y obra pasivamente en el espíritu.

6d. No consiste en querer o no querer, para que sea o deje de ser, así como si a uno echasen fuego estando desnudo, poco aprovecharía no querer quemarse, porque el fuego por fuerza había de hacer su efecto.

6e. Así son las visiones y representaciones buenas, que, aunque el alma no quiera, hacen su efecto en ella primera y principalmente que en el cuerpo.

6d. Las que son parte del demonio sin que el alma las quiera causan en ella alboroto o sequedad, o vanidad o presunción de espíritu.

6e. Las del demonio solo pueden poner primeros movimientos en la voluntad y no moverla a más si ella no quiere, y alguna inquietud que no dura mucho.

6f. Las que son de Dios penetran el alma, y mueven la voluntad a amar, y dejan su efecto, al cual no puede el alma resistir aunque quiera, más que la vidriera al rayo de sol cuando da en ella.

7a. El alma nunca se ha de atrever a quererlas admitir, aunque, como digo, sean de Dios, porque, si las quiere admitir hay seis inconvenientes.

7b. Se le va disminuyendo la fe, porque mucho derogan a la fe las cosas que se experimentan con los sentidos. Apártase del medio de la unión de Dios, no cerrando los ojos del alma a todas esas cosas del sentido.

7c. Son impedimento para el espíritu si no se niegan, porque se detiene en ellas el alma y no vuela el espíritu a lo invisible.

7d. Jn 20, 17: “Sin embargo, os digo la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio si me voy, os lo enviaré”.

7e. Jn 20, 17: “Jesús le dice: No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro””.

7f. Tampoco dejó a María Magdalena que llegase a sus pies después de resucitado, porque se fundase en la fe.

7g. El alma no camina a la verdadera resignación y desnudez de espíritu.

7f. Van perdiendo el efecto de ellas y el espíritu que causan en lo interior, porque pone los ojos en lo sensual de ellas, que es lo menos principal. Y así, no recibe copiosamente el espíritu que causan, el cual se imprime y conserva más negando todo lo sensible.

7h. Va perdiendo las mercedes de Dios, porque las va tomando como propiedad y no aprovecha bien en ellas.

7i. Abre la puerta al demonio para que le engañe en otras semejantes, las cuales sabe él muy bien disimular y disfrazar, de manera que parezcan a las buenas.

7j. 1 Cor 11, 14: “Y no hay por qué extrañarse, pues el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz”.

7i. Pues puede, como dice el apóstol transfigurarse en ángel de luz.

8a. Siempre conviene al alma desecharlas a ojos cerrados, sean de quien fueren.

8b. Es bueno cerrarse en ellas y negarlas todas, porque en las malas se quitan los errores del demonio, y en las buenas el impedimento de la fe.

8c. Cuando el alma está resignada y contraria a ellas, el demonio va cesando de que ve que no hace daño, y Dios, por el contrario, va aumentando y aventajando las mercedes en aquel alma humilde y desapropiada, haciéndola sobre lo mucho, como al siervo que fue fiel en lo poco.

8d. Mt 25, 21: “Su señor le dijo: Bien, siervo bueno y fiel, como has sido fiel en lo poco te daré un cargo importante; entra en el gozo de tu señor”.

9a. Nuestro Señor de tal manera va probando el alma y levantándola, que primero la da cosas muy exteriores y bajas según el sentido, conforme a su poca capacidad, para que habiéndose ella como debe, tomando aquellos primeros bocados con sobriedad para fuerza y sustancia, la lleve a más y mejor manjar.

9b. Si venciere al demonio en lo primero, pasará a lo segundo, y si también en lo segundo, pasará a lo tercero; y de ahí adelante todas las siete mansiones, hasta meterla el Esposo en la cela vinaria de su perfecta caridad, que son los siete grados de amor.

9c. Cantar de los Cantares 2, 4: “Me llevó al banquete, / y enarboló sobre mí la bandera de su amor”.

10a. Ap 12, 3: “Y apareció otro signo en el cielo un gran dragón rojo que tiene siete cabezas y diez cuernos, y sobre sus cabezas siete diademas”.

10b. ¡Dichosa el alma que supiere pelear contra aquella bestia del Apocalipsis que tiene siete cabezas contrarias a estos siete grados de amor, con las cuales contra cada uno hace la guerra.

10c. Ap 13, 1-7: Vi una bestia que salía del mar, tenía diez cuernos y siete cabezas, llevaba en los cuernos diez diademas y en las cabezas un nombre blasfemo. La bestia que vi era semejante a una pantera con patas de oso y fauces de león. El dragón le dio su poder, su trono y gran autoridad. Y vi que una de sus cabezas estaba como herida de muerte, pero su herida mortal se había curado. Todo el mundo, admirado, seguía a la bestia; y adoraron al dragón por haber dado su autoridad a la bestia y adoraron a la bestia, diciendo: “¿Quién como la bestia?, ¿quién puede combatir con ella?”. Y se le dio una boca grandilocuente y blasfema y se le dio autoridad para actuar cuarenta y dos meses. Abrió su boca para blasfemar contra Dio, para blasfemar contra su nombre y contra su morada y contra los que habitan en el cielo. Y se le dio combatir contra los santos y vencerlos, y se le dio autoridad sobre toda raza, pueblo, lengua y nación”.

10d. Es mucho de doler por muchos, entrando en esta batalla espiritual contra la bestia, aun no sean para cortarle la primera cabeza, negando las cosas sensuales del mundo.

10e. Y ya que algunos acaban consigo y se la cortan, no le cortan la segunda, que es las visiones del sentido de que vamos hablando.

10f. La tercera, que es acerca de los sentidos sensitivos, pasando de estado de meditación.

10g. Y aun más adelante, al tiempo de entrar en lo puro del espíritu, los vence esta espiritual bestia, y vuelve a levantar contra ellos y a resucitar hasta la primera cabeza, y hácense las postrimerías de ellas peores que las primerías en su recaída, tomando otros siete espíritus consigo peores que él.

10h. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.

11a. Ha, pues, el espiritual de negar todas las aprehensiones con los deleites temporales que caen en los sentidos exteriores, si quiere cortar la primera cabeza y la segunda a esta bestia, entrando en el primer aposento de amor, y segundo de viva fe, no queriendo hacer presa ni embarazarse con lo que se le da a los sentidos, por cuanto es lo que más deroga a la fe.

12a. Jn 20, 17: “Jesús le dice: “No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”.

12b. Jn 20, 29: Jesús dijo: “¿Por qué me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto”.

12c. Y una de las causas por que no quería Cristo que le tocase la Magdalenta y santo Tomás era esta.

12f. El demonio gusta cuando un alma quiere admitir revelaciones y la ve inclinada a ella.

12g. Tiene él entonces mucha ocasión y mano para ingerir errores y derogar en lo que pudiere a la fe.

13a. Heme alargado algo en estas aprehensiones exteriores por dar y abrir alguna más luz para las demás de que luego habemos de tratar.

13b. Solo con decir que tenga cuidado de nunca admitir, si no fuese algo con algún muy raro parecer, y entonces, no con gana ninguna de ello, me parece basta en esta parte lo dicho.

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