Capítulo 17. En que se declara el fin y estilo que Dios tiene en comunicar al alma los bienes espirituales por medio de los sentidos, en lo cual se responde a la duda que se ha tocado.
1. Solamente
diré lo que basta para satisfacer nuestra duda, la cual era: que, pues, en
estas visiones sobrenaturales hay tanto peligro y embarazo para ir adelante,
¿por qué Dios, que es sapientísimo y amigo de apartar de las almas tropiezos y
lazos, se las ofrece y comunica?
2a. Fundamentos:
2b. Romanos
13, 1: Las obras que son hechas, de Dios son ordenadas.
2c.
Sabiduría 8, 1: “Todo lo gobierna con acierto”, es como si dijera: la sabiduría
de Dios dispone todas las cosas con suavidad.
2d.
Dios mueve todas las cosas al modo de ellas.
3a. Está
claro que para mover Dios el alma y levantarla del fin y extremo de su bajeza
al otro fin y extremo de su alteza en su divina unión, halo de hacer
ordenadamente y suavemente y al modo de la misma alma.
3b. El
orden que tiene el alma de conocer, sea por las formas e imágenes de las cosas
criadas, y el modo de su conocer y saber sea por los sentidos, para así irla
llevando al modo de ella hasta el otro fin de su sabiduría espiritual, que no
cae en sentido.
3c. La
lleva primero instruyendo por formas e imágenes y vías sensibles, ahora
naturales, ahora sobrenaturales, y por discursos, a ese sumo espíritu de Dios.
4a. Así
va Dios perfeccionando al hombre al modo del hombre, por lo más bajo y
exterior, hasta lo más alto e interior.
4b. Primero
le perfecciona el sentido corporal, moviéndole a que use de buenos objetos
naturales perfectos exteriores, como oír sermones, misas, ver cosas santas mortificar
el gusto en la comida, macerar con penitencia y santo rigor el tacto.
4c.
Cuanto ya están estos sentidos algo dispuestos los suele perfeccionar más, haciéndoles
algunas mercedes sobrenaturales y regalos para confirmarlos más en el bien.
4d.
Ofreciéndoles algunas comunicaciones sobrenaturales, así como visiones de
santos o cosas santas corporalmente, olores suavísimos y locuciones, y en el
tacto grandísimo deleite; con que se confirma mucho el sentido en la virtud y
se enajena del apetito de los malos objetos.
4e. Allende
de esto, los sentidos corporales interiores, como son imaginativa y fantasía,
juntamente se los va perfeccionando y habituando al bien con consideraciones,
meditaciones y discursos santos, y en todo esto instruyendo al espíritu.
4f. Ya
estos dispuestos con este ejercicio natural, suele Dios ilustrarlos y
espiritualizarlos más con algunas visiones sobrenaturales, que son las que aquí
vamos llamando imaginarias, en las cuales se aprovecha mucho el espíritu, se va
desenrudeciendo y reformando poco a poco.
4g. De
esta manera va Dios llevando el alma de grado en grado hasta lo más interior.
4h. A
veces hace Dios uno sin otro, y por lo más interior a lo menos.
5a. De
esta manera va Dios instruyéndola y haciéndola espiritual.
5b.
Comenzándole a comunicar lo espiritual desde las cosas exteriores, palpables y
acomodadas al sentido, según la pequeñez y poca capacidad del alma.
5c. A
la medida que va llegando más el espíritu acerca del trato con Dios, se va
desnudando y vaciando de las vías del sentido, que son las del discurso y
meditación imaginaria.
5d.
Cuando llegare perfectamente al trato con Dios de espíritu, necesariamente ha
de haber evacuado todo lo que acerca de Dios podía caer en sentido.
5e. Así
como cuanto más una cosa se va arrimando más a un extremo, más se va alejando y
enajenando del otro.
5f. Comúnmente
se dice un adagio espiritual, y es: Gustato spiritu, desipit omnis caro, que
quiere decir: Acabado de recibir el gusto y el sabor del espíritu, toda carne
es insipiente.
6a. Por
lo tanto, el espíritu ya perfecto no hace caso del sentido.
6b. 1
Corintios 13, 11: Cuando era yo pequeñuelo, sabía como pequeñuelo, hablaba como
pequeñuelo, pensaba como pequeñuelo, pero cuando fue hecho varón, vaié las
cosas que eran de pequeñuelo.
6c. Si
el alma se quisiere siempre asir a ellas y no desarrimarse de ellas, nunca
dejaría de ser pequeñuelo niño, y siempre hablaría de Dios como pequeñuelo, y
sabría de Dios como pequeñuelo, y pensaría de Dios como pequeñuelo; porque
asiéndose a la corteza del sentido, que es el pequeñuelo, nunca vendría a la
sustancia del espíritu, que es el varón perfecto.
7a.
Cuando son visiones imaginarias no las ha el alma de querer admitir por dos
cosas.
7b. La
una porque él hace en el alma su efecto, sin que ella sea parte para impedirlo.
7c. En
renunciar estas cosas con humildad y recelo, ninguna imperfección ni propiedad
hay.
7d. La
segunda es por librarse del peligro y trabajo que hay en discernir las malas de
las buenas, y conocer si es ángel de luz o de tinieblas, en que no hay provecho
ninguno.
8a. Si
nuestro Señor no hubiese de llevar al alma al modo de la misma alma, como aquí
diremos, nunca le comunicaría la abundancia de su espíritu por esos arcaduces
tan angostos de formas y figuras y particulares inteligencias, por medio de las
cuales da sustento el alma por meajas.
8b. Salmo
147, 17: Envía su sabiduría a las almas como a bocados.
8c. Lo
cual es harto de doler que, teniendo el alma capacidad infinita, la anden dando
a comer por bocados del sentido, por su poco espíritu e inhabilidad sensual.
8d. 1
Corintios 3, 1-2: Yo, hermanos, como viniese a vosotros, no os pude hablar como
a espirituales, sino como a carnales; porque no pudisteis recibirlo, ni tampoco
ahora podéis. Como a pequeñuelos en Cristo os di a beber leche y no a comer
manjar sólido.
9a. El
alma no ha de poner los ojos en aquella corteza de figuras y objeto que se le
pone delante sobrenaturalmente.
9b. Ni tampoco
lo ha de poner en cualesquier visiones del sentido interior, cuales son las
imaginarias; antes renunciarlas todas.
9c.
Solo ha de poner los ojos en aquel buen espíritu que causan, procurando
conservarle en obrar y poner por ejercicio lo que es de servicio de Dios
ordenadamente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario