miércoles, 26 de agosto de 2020

2 Subida del Monte Carmelo. Capítulo 16-b. Desprenderse para hallar a Dios mediante la fe.

 


8a. En Dios no hay forma ni semejanza, bien lo da a entender el Espíritu santo en el Deuteronomio.

8b. Deuteronomio 4, 12: Oísteis la voz de sus palabras, y totalmente no visteis en Dios alguna forma.

8c. Pero dice que había allí tiniebla, y nube y oscuridad, que es la noticia confusa y oscura.

8d. Deuteronomio 4, 15: No visteis vosotros semejanza alguna en Dios en el día que os hablo en medio del fuego, en el monte Horeb.

9a. El alma no puede llegar a lo alto de Dios, cual en esta vida se puede.

9b. Lo dice el mismo Espíritu santo en los números, donde, reprendiendo Dios a Aarón y María, hermanos de Moisés, porque murmuraban contra él, queriendo darles a entender el alto estado en que le había puesto en unión y amistad consigo, dijo.

9c. Números 12, 6-8: Si entre vosotros hubiere algún profeta del señor, aparecerle he en alguna visión o forma o hablaré en él entre sueños. Pero no hay tal como mi siervo Moisés, que en toda mi casa es fidelísimo y hablo con él boca a boca, y no ve a Dios por comparaciones, semejanzas y figuras.

9d. En este alto estado de unión que vamos hablando, no se comunica Dios al alma mediante algún disfraz de visión imaginaria, o semejanza, o figura, ni la ha de haber; sino que boca a boca, esto es, esencia pura y desnuda de Dios, que es la boca de Dios en amor, con esencia pura y desnuda del alma, que es la boca del alma en amor de Dios.

10a. Para venir a esta unión de amor de Dios esencial, ha de tener cuidado el alma de no se ir arrimando a visiones imaginarias, ni formas, ni figuras, ni particulares inteligencias; antes le hará estorbo, y por eso las ha de renunciar y procurar no retenerlas.

10b. Estas visiones imaginarias, el bien que pueden hacer el alma es comunicarle inteligencia, o amor, o suavidad; pero para que causen este efecto en ella, no es menester que ella las quiera admitir, porque en ese mismo punto que en la imaginación hacen presencia, la hacen en el alma e infunden la inteligencia y amor, o suavidad, o lo que Dios quiere que causen.

10c. El alma aunque ella quiera, no puede dejar de recebir en sí las influencias o comunicaciones de aquellas figuras, aunque más las quisiere resistir; porque a las infusiones sobrenaturales no las puede resistir la voluntad negativa con resignación humilde y amorosa, sino sola la impureza e imperfecciones del alma, como también en la vidriera impiden la claridad de las manchas.

11a. Cuanto más el alma se desnudare con la voluntad y afecto de las aprehensiones de las manchas de aquellas formas, imágenes y figuras en que vienen envueltas las comunicaciones espirituales mas se dispone mucho más para recibirlas en abundancia, claridad o libertad de espíritu y sencillez.

11b. Son cortinas y velos que encubren lo espiritual que allí hay y, así ocupan el espíritu y sentido, si en ellas se quisiere cebar.

11c. Si el alma las quiere admitir y hacer caso de ellas, sería embarazarse y contentarse con lo menos que hay en ellas.

12a. Siempre se han de apartar los ojos del alma de todas estas aprehensiones que ella puede ver y entender directamente.

12b. Le aprovecharán al alma estas visiones en sustancia para fe, cuando bien supiere negar lo sensible e inteligible de ellas y usara bien del fin que Dios tiene en darlas al alma, desechándolas.

12c. No las da Dios para que el alma las quiera tomar y poner su asimiento en ellas.

13. Nace aquí una duda, y es: si es verdad que Dios da al alma las visiones sobrenaturales, no para que ella las quiera tomar, ni arrimarse a ella, ni hacer caso de ellas, ¿para qué se las da, pues en ellas puede el alma caer en muchos yerros y peligros?

14. Que piensen que, por el mismo caso que conocen ser verdaderas y de Dios, es bueno admitirlas y asegúrarse en ellas.

14b. Es bueno admitir las unas y reprobar las otras, metiéndose a sí mismo y a las almas en gran trabajo y peligro acerca del discernir entre la verdad y falsedad de ellas.

14c. Ni Dios les manda poner en ese trabajo, ni que a las almas sencillas y simples las metan en este peligro y contienda.

14d. Tienen doctrina sana y segura, que es la fe, en que han de caminar adelante.

15a. Lo cual no puede ser sin cerrar los ojos a todo lo que es de sentido e inteligencia clara y particular.

15b. Aun con estar san Pedro tan cierto de la visión de gloria que vio en Cristo en la transfiguración, no quiso que lo tomasen por principal testimonio de firmeza, sino, encaminándolos a la fe, dijo:

15c. 2 Pedro 1, 19: Y tenemos más firme testimonio que esta visión del Tabor, que son los dichos y palabras de los profetas que dan testimonio de Cristo, a las cuales hacéis bien de arrimaros, como a la candela que da luz en el lugar oscuro.

15d. Miremos a la fe que hablaron los profetas, como “a candela que luce en lugar oscuro”.

15e. Quedemos a oscuras, cerrados los ojos a todas esotras luces, y que en tinieblas sola la fe, que también es oscura, sea luz a que nos arrimemos.

15f. Si nos queremos arrimar a esotras luces claras de inteligencias distintas, ya no dejaremos de arrimar a la oscura, que es la fe, y nos deja de dar luz en lugar oscuro.

15g. El entendimiento que es el candelero donde se asienta esta candela de la fe, ha de estar oscuro “hasta que le amanezca” en la otra vida “el día” de la clara visión de Dios, y en esta el de la transformación y unión.

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