martes, 19 de mayo de 2020

Subida del Monte Carmelo. Capítulo 9. Los apetitos y la visión de Ezequiel


Capítulo 9. En que se trata como los apetitos ensucian el alma. Pruébalo por comparaciones y autoridades de la Escritura sagrada.
1a. Eclo 13, 1: El que tocare a la pez, ensuciarse las de ella.
1b. Toda uno la pez cuando en alguna criatura cumple el apetito de su voluntad.
1c. El alma que está caliente de apetito sobre alguna criatura en el calor de su apetito saca inmundicia y mancha de él en sí.
2a. Lam 4, 7-8: Sus cabellos, es a saber, del alma, son más levantados en blancura que la nieve, más resplandecientes que la leche, y más bermejos que el marfil antiguo, y más hermosos que la piedra de zafiro [corindón (piedra preciosa, la más dura que el diamante) cristalizado de color blanco, rae.es]. La haz de ellos se ha ennegrecido sobre los carbones, y no son conocidos en las plazas.
2b. Por los cabellos entendemos aquí los afectos y pensamientos del alma, los cuales ordenados en lo que Dios ordena son más blancos que la nieve.
3a. Aunque es verdad que el alma desordenada, en cuanto al ser natural, está tan perfecta como Dios la crió (sic), pero, en cuanto al ser de razón, está fea, abominable, sucia, oscura y con todos los males que aquí se van escribiendo y mucho más.
3b. Aun sólo un apetito desordenado, aunque no sea de materia de pecado mortal, basta para poner un alma tan sujeta, sucia y fea, que en ninguna manera pueda convenir con Dios en una unión hasta que el apetito se purifique.
4. Así como el alma del justo en una sola perfección, que es la rectitud del alma, tiene innumerables dones riquísimos y muchas virtudes hermosísimas, así el alma desordenada tiene en sí variedad miserable de inmundicias y bajezas, tal cual en ella la pintan muchos apetitos.
5a. Ezequiel 8, 10-16: Hijo del hombre, ¿de veras no has visto las abominaciones que hacen éstos, cada uno en lo secreto de su retrete [cuarto pequeño de la casa o habitación, destinado a retirarse, rae.es]?
5b. En Ezequiel se escribe que mostró Dios a este profeta en lo interior del templo, pintadas en derredor [circuito o contorno de una cosa, rae.es] de las paredes, todas las semejanzas de sabandijas que arrastran por tierra, y allí toda la abominación de animales inmundos.
5c. Y mandando Dios al profeta que entrase más adentro y vería mayores abominaciones, dice que vio allí las mujeres sentadas llorando al dios de los amores, Adonis.
5d. Y mandándole Dios entrar más adentro dice que vio allí a veinticinco viejos que tenían vueltas las espaldas contra el templo.
6a. Las diferencias de sabandijas y animales inmundos son los pensamientos y concepciones que el entendimiento hace de las cosas bajas de la tierra y de todas las criaturas.
6b. Las mujeres son los apetitos que están en la segunda potencia del alma, que es la voluntad. Los cuales están como llorando en cuanto codician a lo que está aficionada la voluntad, que son las sabandijas.
6c. Los varones son las imágenes y representaciones de las criaturas, que guarda y resuelve en sí la tercera parte del alma, que es la memoria.
6d. Están vueltas de espaldas contra el templo cuando ya según estas tres potencias abraza el alma alguna cosa de la tierra acabada.
6e. Tiene las espaldas acabadas contra el templo de Dios, que es la recta razón del alma, la cual no admite en sí cosa de criatura.
7a. Si hubieras de tratar en particular de la fealdad menor que hacen y causan en el alma las imperfecciones, y su variedad, y la que hacen los pecados veniales y también las que hacen los apetitos de pecado mortal, sería nunca acabar, ni entendimiento angélico bastaría para lo poder entender.
7b. Cualquier apetito, aunque sea de la más mínima imperfección, mancha y ensucia el alma.

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