Capítulo
8. En que se trata cómo los apetitos oscurecen y ciegan al alma.
1a.Así
como los vapores oscurecen el aire y no le dejan lucir el sol claro; como el
espejo tomado del paño [Accidente que disminuye el brillo o la transparencia de
algunas cosas, rae.es] no puede recibir serenamente en sí el rostro; o como (en)
el agua envuelta en cieno, no se divisa bien la cara del que en ella se mira;
así, el alma que en apetitos está tomada, según el entendimiento está
entenebrecida, y no da lugar para que ni el sol de la razón natural ni el de la
sabiduría de Dios sobrenatural la embistan e ilustren de claro.
1b. Sal
39, 13: Mis maldades me comprehendieron [penetraron, rae.es], y no pude tener
poder para ver.
2a. En
eso mismo que se oscurece según el entendimiento, se entorpece también según la
voluntad.
2b. Sal
6, 4: Mi alma está muy turbada.
2c. Ni
el entendimiento [acción y efecto de ilustrar; ilustrar: razón humana; rae.es] tiene
capacidad para recibir la ilustración [dar luz al entendimiento, rae.es] de la
sabiduría de Dios, como tampoco la tiene el aire tenebroso para recibir la del sol,
ni la voluntad tiene habilidad para abrazar en sí a Dios en puro amor.
3a. Ciega
y oscurece el apetito al alma, porque el apetito en cuanto apetito, ciego es,
porque de suyo, ningún entendimiento tiene en sí, porque la razón es siempre su
mozo ciego.
3b. Todas
las veces que el alma se guía por su apetito, se ciega, pues es guiarse el que
ve por el que no ve.
3c. Mt
15, 14: Si el ciego guía al ciego, entrambos caerán en la hoya.
3d.
Poco le sirve los ojos a la mariposilla, pues que el apetito de la hermosura de
la luz la lleva encandilada a la hoguera.
3e. Sal
57, 9: Sobrevínoles el fuego que caliente con su calor y encandila con su luz.
3f. Eso
hace el apetito en el alma, que enciende la concuspiscencia y encandila al
entendimiento de manera que no pueda ver su luz.
3g. La
causa del encandilamiento es que, como pone otra luz diferente delante de la vista
ciégase la potencia visiva en aquella que está entrepuesta y no ve la otra.
3h. El
apetito se le pone al alma tan cerca, que está la misma alma, tropieza en esta
luz primera y cébase en ella, y así no la deja ver su luz de claro
entendimiento, ni la verá hasta que se quite de en medio el encandilamiento del
apetito.
4a. Es
harto de llorar la ignorancia de algunos, que cargan de extraordinarias
penitencias y de otros muchos voluntarios ejercicios, y piensan que les bastará
eso y esotro para venir a la unión de la sabiduría divina, si con diligencia
ellos no procuran negar sus apetitos.
4b. Así
como es necesaria a la tierra la labor para que lleve fruto, así es necesaria
la mortificación de los apetitos para que haya provecho en el alma.
5a. Sal
57, 10: “Antes que echen espinas, como la zarza / verde o quemada, arrebátelos
el vendaval”.
5b. Es
como si dijera: Antes que entendiesen vuestras espinas, esto es, vuestros
apetitos, así como a los vivientes, de esta manera los absorberá en su ira
Dios.
5c. Los
apetitos vivientes en el alma antes que ellos puedan entender a Dios, los absorberá
[de absorber: consumir enteramente algo, rae.es] Dios en esta vida o en la otra
con castigo y corrección, que será por la purgación.
6a. ¡Oh,
si supiesen los hombres de cuánto bien de luz divina los priva esta ceguera que
les causan sus aficiones y apetitos, y en cuántos males y daños les hacen ir
cayendo cada día en tanto que no los mortifican!
6b. Si
hay afición o apetito, dejará de cegar y oscurecer y hacer caer poco a poco en
peor.
6c. 1 Re
11, 4: Cuando llegó a viejo, sus mujeres desviaron el corazón de Salomón tras
otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había
sido el corazón de David, su padre.
6d.
¿Quién dijera que un varón tan acabado en sabiduría y dones de Dios como era
Salomón había de venir a tanta ceguera y torpeza de voluntad, que hiciese
altares a tantos ídolos y los adorasen el mismo, siendo ya viejo?
6e. Eclesiastés
2, 10: Concedí a mis ojos cuanto me pedían y no privé a mi corazón de ninguna
alegría: este era mi solaz y mi recompensa en medio de mis fatigas.
6f.
Porque él mismo dice en el Eclesiastés que no negó a su corazón lo que le
pidió.
6g. Y
pudo tanto este arrojarse a sus apetitos, que, aunque es verdad que al principio
tenía recato [cautela, reserva, honestidad, modestia, rae.es], pero, porque no
los negó, poco a poco le fueron cegando y oscureciendo el entendimiento, de
manera que vinieron a acabar de apagar aquella gran luz de sabiduría que Dios
le había dado, de manera que a la vejez dejó a Dios.
7a. Y
si en éste pudieron tanto, que tenía tanta noticia [conocimiento sobre una
materia] de la distancia que hay entre el bien y el mal, ¿qué no podrán contra
nuestra rudeza los apetitos no mortificados?
7b.
Jonás 4, 11: “¿Y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad, donde hay
más de ciento veinte mil personas, que no distinguen la derecha de la
izquierda, y muchísimos animales?”.
7c. A cada
paso tenemos lo malo por bueno, y lo bueno por malo, y esto de nuestra cosecha
lo tenemos.
7d. Is
59, 10: Tentamos el muro como ciegos, / como gente sin vista, / tropezamos en
pleno día como al anochecer, / en medio de los sanos estamos como muertos.
7f.
Habla el profeta con los que aman seguir estos sus apetitos, y es como si
dijera: Habemos palpado la pared, como si fuéramos ciegos, y anduvimos
atentando como sin ojos, y llegó a tanto nuestra ceguera, que en el mediodía atollamos,
como si fuera en las tinieblas.
7g.
Esto tiene el que está ciego del apetito, que, puesto en medio de la verdad y
de lo que le conviene, no lo echa más de ver que si estuviera en tinieblas.

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