sábado, 16 de mayo de 2020

Subida al Monte Carmelo. Capítulo 6. Los apetitos.


Capítulo 8. En que se trata cómo los apetitos oscurecen y ciegan al alma.
1a.Así como los vapores oscurecen el aire y no le dejan lucir el sol claro; como el espejo tomado del paño [Accidente que disminuye el brillo o la transparencia de algunas cosas, rae.es] no puede recibir serenamente en sí el rostro; o como (en) el agua envuelta en cieno, no se divisa bien la cara del que en ella se mira; así, el alma que en apetitos está tomada, según el entendimiento está entenebrecida, y no da lugar para que ni el sol de la razón natural ni el de la sabiduría de Dios sobrenatural la embistan e ilustren de claro.
1b. Sal 39, 13: Mis maldades me comprehendieron [penetraron, rae.es], y no pude tener poder para ver.
2a. En eso mismo que se oscurece según el entendimiento, se entorpece también según la voluntad.
2b. Sal 6, 4: Mi alma está muy turbada.
2c. Ni el entendimiento [acción y efecto de ilustrar; ilustrar: razón humana; rae.es] tiene capacidad para recibir la ilustración [dar luz al entendimiento, rae.es] de la sabiduría de Dios, como tampoco la tiene el aire tenebroso para recibir la del sol, ni la voluntad tiene habilidad para abrazar en sí a Dios en puro amor.
3a. Ciega y oscurece el apetito al alma, porque el apetito en cuanto apetito, ciego es, porque de suyo, ningún entendimiento tiene en sí, porque la razón es siempre su mozo ciego.
3b. Todas las veces que el alma se guía por su apetito, se ciega, pues es guiarse el que ve por el que no ve.
3c. Mt 15, 14: Si el ciego guía al ciego, entrambos caerán en la hoya.
3d. Poco le sirve los ojos a la mariposilla, pues que el apetito de la hermosura de la luz la lleva encandilada a la hoguera.
3e. Sal 57, 9: Sobrevínoles el fuego que caliente con su calor y encandila con su luz.
3f. Eso hace el apetito en el alma, que enciende la concuspiscencia y encandila al entendimiento de manera que no pueda ver su luz.
3g. La causa del encandilamiento es que, como pone otra luz diferente delante de la vista ciégase la potencia visiva en aquella que está entrepuesta y no ve la otra.
3h. El apetito se le pone al alma tan cerca, que está la misma alma, tropieza en esta luz primera y cébase en ella, y así no la deja ver su luz de claro entendimiento, ni la verá hasta que se quite de en medio el encandilamiento del apetito.
4a. Es harto de llorar la ignorancia de algunos, que cargan de extraordinarias penitencias y de otros muchos voluntarios ejercicios, y piensan que les bastará eso y esotro para venir a la unión de la sabiduría divina, si con diligencia ellos no procuran negar sus apetitos.
4b. Así como es necesaria a la tierra la labor para que lleve fruto, así es necesaria la mortificación de los apetitos para que haya provecho en el alma.
5a. Sal 57, 10: “Antes que echen espinas, como la zarza / verde o quemada, arrebátelos el vendaval”.
5b. Es como si dijera: Antes que entendiesen vuestras espinas, esto es, vuestros apetitos, así como a los vivientes, de esta manera los absorberá en su ira Dios.
5c. Los apetitos vivientes en el alma antes que ellos puedan entender a Dios, los absorberá [de absorber: consumir enteramente algo, rae.es] Dios en esta vida o en la otra con castigo y corrección, que será por la purgación.
6a. ¡Oh, si supiesen los hombres de cuánto bien de luz divina los priva esta ceguera que les causan sus aficiones y apetitos, y en cuántos males y daños les hacen ir cayendo cada día en tanto que no los mortifican!
6b. Si hay afición o apetito, dejará de cegar y oscurecer y hacer caer poco a poco en peor.
6c. 1 Re 11, 4: Cuando llegó a viejo, sus mujeres desviaron el corazón de Salomón tras otros dioses y su corazón no fue por entero del Señor, su Dios, como lo había sido el corazón de David, su padre.
6d. ¿Quién dijera que un varón tan acabado en sabiduría y dones de Dios como era Salomón había de venir a tanta ceguera y torpeza de voluntad, que hiciese altares a tantos ídolos y los adorasen el mismo, siendo ya viejo?
6e. Eclesiastés 2, 10: Concedí a mis ojos cuanto me pedían y no privé a mi corazón de ninguna alegría: este era mi solaz y mi recompensa en medio de mis fatigas.
6f. Porque él mismo dice en el Eclesiastés que no negó a su corazón lo que le pidió.
6g. Y pudo tanto este arrojarse a sus apetitos, que, aunque es verdad que al principio tenía recato [cautela, reserva, honestidad, modestia, rae.es], pero, porque no los negó, poco a poco le fueron cegando y oscureciendo el entendimiento, de manera que vinieron a acabar de apagar aquella gran luz de sabiduría que Dios le había dado, de manera que a la vejez dejó a Dios.
7a. Y si en éste pudieron tanto, que tenía tanta noticia [conocimiento sobre una materia] de la distancia que hay entre el bien y el mal, ¿qué no podrán contra nuestra rudeza los apetitos no mortificados?
7b. Jonás 4, 11: “¿Y no me he de compadecer yo de Nínive, la gran ciudad, donde hay más de ciento veinte mil personas, que no distinguen la derecha de la izquierda, y muchísimos animales?”.
7c. A cada paso tenemos lo malo por bueno, y lo bueno por malo, y esto de nuestra cosecha lo tenemos.
7d. Is 59, 10: Tentamos el muro como ciegos, / como gente sin vista, / tropezamos en pleno día como al anochecer, / en medio de los sanos estamos como muertos.
7f. Habla el profeta con los que aman seguir estos sus apetitos, y es como si dijera: Habemos palpado la pared, como si fuéramos ciegos, y anduvimos atentando como sin ojos, y llegó a tanto nuestra ceguera, que en el mediodía atollamos, como si fuera en las tinieblas.
7g. Esto tiene el que está ciego del apetito, que, puesto en medio de la verdad y de lo que le conviene, no lo echa más de ver que si estuviera en tinieblas.


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