4a. La dichos alma que por grande
ventura a este cauterio llega, todo lo sabe, todo lo gusta, todo lo que quiere
hace, y se prospera, y ninguno prevalece delante de ella, nada le toca.
4b. Esta alma es de quien dice el
apóstol:
4c. El espiritual todo lo juzga, y
él de ninguno es juzgado (1 Co 2, 15).
4d. El espíritu todo lo rastrea,
hasta los profundos de Dios (1 Co 2, 10).
4e. Esta es la propiedad del amor:
escudriñar todos los bienes del amado.
5a. ¡Oh gran gloria de almas que
merecéis llegar a este sumo fuego, en el cual, pues hay infinita fuerza para os
consumir y aniquilar, está cierto que no consumiendo inmensamente os consuma en
gloria!
5b. No os maravilléis que Dios
llegue algunas almas altamente hasta aquí, pues que el sol se singulariza en
hacer algunos efectos maravillosos.
5c. El cual, como dice el Espíritu
Santo, de tres maneras abrasa los montes, esto es, de los santos.
5d. Este cauterio tan suave como
aquí se ha dado a entender, ¡cuán regalada creeremos que estará el alma de que
él fuere tocada!
5e. Que queriéndolo ella decir no
lo dice, sino quédase con la estimación en el corazón y con el encarecimiento[1]
en la boca por este término ¡oh!, diciendo:
5f. ¡Oh regalada[2] llaga!

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