2a. ¡Oh cauterio suave!
2b. Este cauterio es aquí el
Espíritu Santo.
2c. Como dice Moisés en el Deuteronomio:
Nuestro Señor Dios es fuego consumidor (Dt 4, 24).
2d. Fuego de amor, el cual, como
sea de infinita fuerza, inestimablemente puede consumir y transformar en sí el
alma que tocare.
2e. A cada uno abrasa y absorbe
como la halla dispuesto.
2f. A una más y a otra menos.
2g. Cuando él quiere y cómo y
cuando quiere.
2h. Como él sea infinito fuego
de amor, cuando él quiere toca el alma algo apretadamente.
2i. Es el ardor del alma en tan
sumo grado de amor que le parece a ella que está ardiendo sobre todos los
ardores del mundo.
2j. Por eso en esta junta llama
a ella al Espíritu Santo cauterio.
2k. Así como en el cauterio está
el fuego más intenso y vehemente y hace mayor eecto que en los demás ignitos[1].
2l. Así el acto de esta unión,
por ser de tan inflamado fuego de amor más que todos los otros, por eso le
llama cauterio respecto de ellos.
2m. Este divino fuego, en este
caso, tiene transformada toda el alma en sí, no solamente tiene cauterio, mas
toda ella está hecha un cauterio de vehemente fuego.
3a. Es cosa admirable y digna de
contar que, con ser este fuego de Dios tan vehemente consumidor, que con mayor
facilidad consumiría mil mundos que el fuego de acá una raspa[2]
de lino.
3b. No consuma y acabe el alma
en que arde de esta manera, y menos la dé pesadumbre alguna.
3c. Antes a la medida de la fuerza
del amor la endiose y deleite, abrasando y ardiendo en él suavemente.
3e. Esto es así por la pureza y
perfección del espíritu con que arde en el Espíritu Santo.
3f. Como acaeció en los Actos de
los apóstoles (Hechos 2, 3), donde, viniendo ese fuego con grande vehemencia,
abrasó a los discípulos.
3g. Los cuales, como dice san
Gregorio, interiormente ardieron en amor suave.
3h. Esto es lo que da a entender
la Iglesia cuando dice al mismo propósito: Vino fuego del cielo, no quemando
sino resplandeciendo; no consumiendo, sino alumbrando.

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