jueves, 2 de junio de 2022

Cántico espiritual. Canción 39, 8. El Espíritu Santo es el canto de Dios que anuncia el final del invierno.

 


8a. El canto de la dulce filomena[1].

8b. Lo que nace en el alma de aquel aspirar del aire es la dulce voz de su Amado a ella, en la cual ella hace a él su sabrosa jubilación[2].

8c. Lo uno y lo otro llama aquí canto de filomena.

8d. Así como el canto de filomena, que es el ruiseñor, se oye en la primavera, pasados ya los fríos, lluvias y vaciedades del invierno, y hace melodía al oído y al espíritu recreación, así en esta actual comunicación y transformación de amor que tiene ya la esposa en esta vida.

8e. Amparada ya y libre de todas las turbaciones y variedades temporales, y desnuda y purgada de las imperfecciones, penalidades y nieblas, así como del espíritu, siente nueva primavera en libertad y anchura y alegría de espíritu.

8f. En la cual siente la dulce voz del Esposo, que es su dulce filomena.

8g. Con la cual voz renovando y refigerando la sustancia de su alma, como a alma ya bien dispuesta para caminar a vida eterna, la llama dulce y sabrosamente, sintiendo ella la sabrosa voz que dice:

8h. Cantar de los cantares 2, 10-12: Levántate, date priesa, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven: porque ya ha pasado el invierno, la lluvia se ha ya ido muy lejos, las flores han parecido en nuestra tierra, el tiempo del podar es llegado, y la voz de la tórtola se oye en nuestra tierra.



[1] Filomena > filomela:  ruiseñor.

[2] Jubilación: 2. Viva alegría, júbilo.

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