8a. El canto de la dulce filomena[1].
8b. Lo que nace en el alma de aquel aspirar
del aire es la dulce voz de su Amado a ella, en la cual ella hace a él su
sabrosa jubilación[2].
8c. Lo uno y lo otro llama aquí canto de
filomena.
8d. Así como el canto de filomena, que es el
ruiseñor, se oye en la primavera, pasados ya los fríos, lluvias y vaciedades
del invierno, y hace melodía al oído y al espíritu recreación, así en esta
actual comunicación y transformación de amor que tiene ya la esposa en esta
vida.
8e. Amparada ya y libre de todas las
turbaciones y variedades temporales, y desnuda y purgada de las imperfecciones,
penalidades y nieblas, así como del espíritu, siente nueva primavera en
libertad y anchura y alegría de espíritu.
8f. En la cual siente la dulce voz del Esposo,
que es su dulce filomena.
8g. Con la cual voz renovando y refigerando
la sustancia de su alma, como a alma ya bien dispuesta para caminar a vida
eterna, la llama dulce y sabrosamente, sintiendo ella la sabrosa voz que dice:
8h. Cantar de los cantares 2, 10-12:
Levántate, date priesa, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven: porque ya ha
pasado el invierno, la lluvia se ha ya ido muy lejos, las flores han parecido
en nuestra tierra, el tiempo del podar es llegado, y la voz de la tórtola se
oye en nuestra tierra.

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