3a. Canción 33.
No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dejaste.
Declaración.
3b. Animándose ya la esposa y preciándose a
sí misma en las prendas y precio que su Amado tiene.
3c. Viendo que por ser cosas de él, aunque
ella de suyo sea de bajo precio y no merezca alguna estima, merece ser
estimadas por ellas.
3d. Atrévese a su Amado, y dícele que ya no
la quiera tener en poco ni despreciarla.
3e. Si antes merecía esto por la fealdad de
su culpa y bajeza de su naturaleza.
3f. Después que él la miró la primera vez, en
que la arreó[1]
con su gracia y vistió con su hermosura.
3g. Bien la pueda ya mirar la segunda y más
veces, aumentándole la gracia y hermosura.
3h. Hay ya razón y causa bastante para ello
en haberla mirado cuando no lo merecía ni tenía partes para ello.
4a. No quieras despreciarme.
4b. No dice este por querer la tal alma ser
tenida en algo, porque antes los desprecios y vituperios son de grande estima y
gozo, para el alma que de veras ama a Dios.
4c. Ve que de su cosecha no merece otra cosa,
sino por la gracia y dones que tiene de Dios, según ella va dando a entender, diciendo.
5d. Que si el color moreno en mí hallaste.
5d. Es a saber: si antes que me mirabas
graciosamente hallaste en mí fealdad y negrura de culpas e imperfecciones y
bajeza de condición natural.
6a. Ya bien puedes mirarme,
después que me miraste.
6b. Después que me miraste, quitando de mí
ese color moreno y desgraciado de culpa con que no estaba de ver, en que me
diste la primera vez gracia.
6c. Ya bien puedes mirarme, esto es, ya bien
puedo yo y merezco ser vista, recibiendo más gracia de tus ojos.
6d. Con ellos no solo la primera vez me
quitaste el color moreno, pero también me hiciste digna de ser vista, pues con
tu vista de amor.
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