8a. Los míos adorar lo que en ti vían.
8b.Es como decir: las potencias de mi alma,
Esposo mío, que son los ojos con que de mí puedes ser visto, merecieron
levantarse a mirarte.
8c. Las cuales antes con la miseria de su
baja operación y caudal natural estaban caídas y bajas.
8d. Porque poder mirar el alma a Dios es
hacer obras en gracia de Dios.
8e. Así merecían las potencias del alma en el
adorar.
8f. Porque adoraban en gracia de su Dios, en
la cual toda operación es meritoria.
8g. Adoraban alumbrados y levantados con su
gracia y favor, lo que en él ya veían, lo cual antes por su ceguera y bajeza no
veían.
8h. ¿Qué era, pues, lo que ya veían?
8i. Veían grandeza de virtudes, abundancia de
suavidad, bondad inmensa de amor y misericordia en Dios.
8j. Beneficios innumerables que de él había
recibido, ahora estando tan allegada a Dios, ahora cuando o lo estaba.
8k. Todo esto merecían adorar ya con
merecimiento los ojos del alma, porque estaban ya graciosos y agradables al Esposo.
8l. Lo cual antes no solo no merecían adorar
ni ver, pero ni aun considerar de Dios algo de ello.
8m. Es grande la rudeza y ceguera del alma
que está sin su gracia.
9a. Mucho hay aquí que notar y mucho de qué
se doler, ver cuán fuera está de hacer lo que es obligada el alma que no está
ilustrada con el amor de Dios.
9b. Estando ella obligada a conocer estas y
otras innumerables mercedes, así temporales como espirituales, que de él ha
recibido y a cada paso recibe, y a adorar y servir con todas sus potencias a
Dios sin cesar por ellas, no solo no lo hace, mas ni aun mirando y conocerlo
merece, ni caer en la cuenta de tal cosa, que hasta aquí llega la miseria de
los que viven, o, por mejor decir, están muertos en pecado.
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