6a. Pues ya si en el ejido / de hoy más no fuere vista ni hallada.
6b. Ejido comúnmente se llama un lugar donde
la gente se suele juntar a tomar solaz[1]
y recreación, y donde también se apacientan sus ganados.
6c. Por el ejido entiende aquí el alma el
mundo, donde los mundanos tienen sus pasatiempos y tratos y apacientan los
ganados de sus apetitos.
6d. Dice el alma a los del mundo que si no
fuera vista ni hallada, como solía antes que fuese toda de Dios, que la tengan
por perdida en eso mismo.
6e. Así lo digan; porque de eso se goza ella
queriendo que lo digan.
7a. Diréis que me he perdido.
7b. No se afrenta delante del mundo el que
ama de las obras que hace por Dios, ni las esconde con vergüenza, aunque todo
el mundo las haya de condenar.
7c. El que tuviere vergüenza delante de los
hombres de confesar al Hijo de Dios, dejando de hacer sus obras, el mismo Hijo
de Dios, como él dice por san Lucas tendrá vergüenza de confesarle delante de
su Padre.
7d. Lucas 9, 26: “Pues si uno se avergüenza
de mí y de mis palabras, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando
venga en su gloria, en la del Padre y en la de los ángeles santos”.
7e. El alma, con ánimo de amor, antes se
precia de que se vea para gloria de su Amado haber hecho una tal obra por él,
que se haya perdido todas las cosas del mundo.
7f. Por eso dice: Diréis que me he perdido.
8a. Esta tan perfecta osadía y determinación
en las obras, pocos espirituales las alcanzan.
8b. Aunque algunos tratan y usan este trato,
y aun se siente algunos por los de muy allá, nunca se acaban de perder en
algunos puntos, o del mundo o de la naturaleza, para hacer las obras perfectas
y desnudas por Cristo, no mirando a lo que dirán o qué parecerá.
8c. Así, no podrán estos decir: diréis que me
he perdido, pues no están perdidos a sí mismos en el obrar.
8e. Todavía tienen vergüenza de confesar a
Cristo por la obra delante de los hombres.
8f. Teniendo respeto a cosas; no viven en
Cristo de veras.

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