7a. Allí le prometí ser su esposa.
7b. Así como la desposada no pone en otro su
amor ni su cuidado ni su obra fuera de su Esposo, así el alma en este estado no
tiene ya ni afectos de voluntad, ni inteligencias de entendimiento, ni cuidado
ni obra alguna que todo no sea inclinado a Dios, junto con sus apetitos.
7c. Está como divina, endiosada.
7d. De manera que aun hasta los primeros
movimientos no tiene contra lo que es la voluntad de Dios, en todo lo que ella
puede entender.
7e. Así como un alma imperfecta tiene muy
ordinariamente a lo menos primeros movimientos inclinados a mal, según el
entendimiento, y según la voluntad y memoria, y apetitos e imperfecciones.
7f. También, así el alma de este estado según
entendimiento y voluntad y memoria, y apetitos, en los primeros movimientos de
ordinario se mueve e inclina a Dios por la grande ayuda y firmeza que tiene ya
en Dios y perfecta conversión al bien.
7g. Todo lo cual dio bien a entender David
cuando dijo, hablando de su alma, en este estado:
7h. Salmo 61, 2-3: ¿Por ventura no estará mi
alma sujeta a Dios? Sí; porque de él tengo yo mi salud, y porque él es mi Dios
y mi Salvador, recibidor mío, no tendré más movimiento.
7i. Salmo 61, 2-3: “Solo en Dios descansa mi
alma, porque de él viene mi salvación; solo él es mi roca y mi salvación, mi alcázar:
no vacilaré”.
7j. En lo que dice recibidor mío, da a
entender que por estar su alma recibida en Dios y unida cual aquí decimos, no
había de tener ya más movimiento contra Dios.
8a. El alma que ha llegado a este estado de
desposorio espiritual no sabe otra cosa sino amar y andar siempre en deleites
de amor como el Esposo.
8b. Como ha llegado a la perfección, cuya
forma y ser, como dice san Pablo (Col 3, 14), es el amor.
8c. Cuanto un alma más ama, tanto es más
perfecta en aquello que ama.
8d. Esta alma, que ya está perfecta, todo es
amor y todas sus acciones son amor, y todas sus potencias y caudal de su alma
emplea en amar, dando todas sus cosas, como el sabio mercader (Mt 13, 46).
8e. Mt 13, 45-46: “El reino de los cielos se
parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran
valor se va a vender todo lo que tiene y la compra”.
8f. Este tesoro de amor que halló escondido
en Dios, el cual es de tanto precio delante de él, que, como el alma ve que su
Amado nada precia ni de nada se sirve fuera del amor.
8g. De aquí es que, deseando ella servirle
perfectamente, todo lo emplea en amor puro de Dios.
8h. Y no solo porque él lo quiere así, sino
porque también el amor en que está unida, en todas las cosas y por todas ellas
las mueve en amor de Dios.
8i. Así como la abeja saca de todas las
yerbas la miel que allí hay y no se sirve de ellas más que para esto.
8j. Así también todas las cosas que pasan por
el alma, con gran facilidad saca ella la dulzura de amor que hay.
8k. Que amar a Dios en ellas, ahora sea
sabroso, ahora desabrido, estando ella informada y amparada con el amor, como
lo está, ni lo siente, ni lo gusta, ni lo sabe.
8l. Porque el alma no sabe sino amor.
8m. Su gusto en todas las cosas y tratos
siempre es deleite de amor de Dios.
8n. Para denotar[1]
esto, dice ella la siguiente canción.

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