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6a. Por las amenas liras / y canto de sirenas os conjuro.
16b. Por las amenas liras entiende aquí el
Esposo la suavidad que de sí dan al alma en este estado.
16c. Hace cesar todas las molestias que
habemos dicho en el alma.
16d. Así como la música de las liras llena el
ánima de suavidad y recreación, y le embebe y suspende de manera que le tiene
enajenado de sinsabores y penas.
16e. Así esta suavidad tiene el alma tan en
sí, que ninguna cosa penosa le llega.
16f. Es como si dijera: por la suavidad que
yo pongo en el alma cesen todas las cosas no suaves al alma.
16g. Se ha dicho que el canto de sirenas
significa el deleite ordinario que el alma posee.
16h. Llama a este deleite canto de sirenas porque
así como el canto de sirenas es tan sabroso y deleitoso que al que le oye de
tal manera le arroba y enamora que le hace olvidar como transportado de todas
las cosas.
16i. Así el deleite de esta unión de tal
manera absorbe el alma en sí y la recrea que la posee como encantada a todas
las molestias y turbaciones de las cosas ya dichas.
16j. Las cuales son entendidas en este verso:
17a. Y cesen vuestras iras.
17b. Llamando iras a las dichas turbaciones y
molestias de las afecciones y operaciones desordenadas.
17c. Así como la ira es cierto ímpetu que
turba la paz, saliendo de los límites de ella, así todas las afecciones, etc.,
ya dichas, con sus movimientos, exceden el límite de la paz y tranquilidad del
alma, desquietándola cuando la tocan.
17d. Y, por eso, dice:
18a. Y no toquéis al muro.
18b. Entendiendo por el muro el cerco de la
paz y vallado de virtudes y perfecciones con que la misma alma está cercada y
guardada.
18c. Siendo ella el huerto que arriba ha
dicho, donde su Amado pace las flores, cercado y guardado solamente para él.
18d. Por lo cual llama en los Cantares huerto
cerrado, diciendo:
18e. Cantar de los cantares 4, 12: Mi hermana
es huerto cerrado.
18f. Así, dice aquí que ni aun a la cerca y
muro de este huerto le toquen.
19a. Porque la esposa duerma más seguro.
19b. Es a saber: porque más a sabor se
deleite de la quietud y suavidad que goza en el Amado.
19c. Aquí para el alma no hay puerta cerrada,
sino que en su mano está gozar cada y cuando quiere de este suave sueño de
amor, según lo da a entender el Esposo en los Cantares.
19d. Cantar de los cantares 3, 5: Conjúroos,
hijas de Jerusalén, por las cabras y los ciervos de los campos, que no
recordéis ni hagáis velar a la amada hasta que ella quiera.

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