3a. Detente, cierzo muerto.
3b. El cierzo es un viento muy frío que seca
y marchita las flores y plantas, y, a lo menos, las hace encoger y cerrar
cuando en ellas hiere.
3c. La sequedad espiritual y la ausencia
afectiva del Amado hacen este mismo efecto en el alma que la tiene, apagándole
el jugo y sabor y fragancia que gustaba de las virtudes.
3d. La llama cierzo muerto, porque todas las
virtudes y ejercicios afectivo que tenía el alma tiene amortiguado.
3e. Por eso dice aquí el alma: Detente,
cierzo muerto.
3f. El cual dicho del alma se da de entender
que es hecho y obra de oración y de ejercicios espirituales, para que se
detenga la sequedad.
3g. Porque en este estado las cosas que Dios
comunica al alma son tan interiores que ningún ejercicio de sus potencias de
suyo puede el alma ponerlas en ejercicio y gustarlas, si el espíritu del Esposo
no hace en ella esta moción de amor, le invoca ella luego, diciendo:
4a. Ven, austro[1],
que recuerdas los amores.
4b. El austro es otro viento, que vulgarmente
se llama ábrego[2].
4c. Este aire apacible causa lluvias y hace
germinar las yerbas y plantas, abrir las flores y derramar su olor; tiene los
efectos contrarios a cierzo.
4d. Por este aire se entiende el alma al Espíritu
Santo.
4e. El cual dice que recuerda los amores.
4f. Cuando este divino aire embiste[3]
en el alma, de tal manera la inflama toda, y la regala y aviva y recuerda la
voluntad, y levanta los apetitos, que antes estaban caídos y dormidos, al amor
de Dios.
4g. Que se puede decir que recuerda los
amores de él y de ella.

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