viernes, 18 de junio de 2021

Cántico espiritual. Canción 17, 3-4. Dos vientos acometen al alma: el cierzo y el austro o ábrego.


3a. Detente, cierzo muerto.

3b. El cierzo es un viento muy frío que seca y marchita las flores y plantas, y, a lo menos, las hace encoger y cerrar cuando en ellas hiere.

3c. La sequedad espiritual y la ausencia afectiva del Amado hacen este mismo efecto en el alma que la tiene, apagándole el jugo y sabor y fragancia que gustaba de las virtudes.

3d. La llama cierzo muerto, porque todas las virtudes y ejercicios afectivo que tenía el alma tiene amortiguado.

3e. Por eso dice aquí el alma: Detente, cierzo muerto.

3f. El cual dicho del alma se da de entender que es hecho y obra de oración y de ejercicios espirituales, para que se detenga la sequedad.

3g. Porque en este estado las cosas que Dios comunica al alma son tan interiores que ningún ejercicio de sus potencias de suyo puede el alma ponerlas en ejercicio y gustarlas, si el espíritu del Esposo no hace en ella esta moción de amor, le invoca ella luego, diciendo:

4a. Ven, austro[1], que recuerdas los amores.

4b. El austro es otro viento, que vulgarmente se llama ábrego[2].

4c. Este aire apacible causa lluvias y hace germinar las yerbas y plantas, abrir las flores y derramar su olor; tiene los efectos contrarios a cierzo.

4d. Por este aire se entiende el alma al Espíritu Santo.

4e. El cual dice que recuerda los amores.

4f. Cuando este divino aire embiste[3] en el alma, de tal manera la inflama toda, y la regala y aviva y recuerda la voluntad, y levanta los apetitos, que antes estaban caídos y dormidos, al amor de Dios.

4g. Que se puede decir que recuerda los amores de él y de ella.



[1] Austro: 1. Viento procedente del sur.

[2] Ábrego: 1. Viento templado y húmedo del sudoeste, que trae lluvias.

[3] Embestir: 1. Ir con ímpetu sobre alguien o sobre algo.

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