10a. Y no parezca nadie en la montiña[1].
10b. Para este divino ejercicio interior es
también necesaria soledad y ajenación[2]
de todas las cosas que se podrían ofrecer al alma.
10c. Ahora de parte de la porción inferior,
que es la sensitiva del hombre.
10d. Ahora de la parte de la porción
superior, que es la racional.
10e. Las cuales dos porciones son en que se
encierra toda la armonía de las potencias y sentidos del hombre, llamada aquí
montiña.
10f. Porque, morando en ella y situándose en
ella todas las noticias y apetitos de la naturaleza, como la caza en el monte,
en ella suele el demonio hacer caza y presa en esos apetitos y noticias para mal
del alma.
10g. En esta montiña no parezca nadie, es a
saber, representación y figura de cualquier objeto perteneciente a cualquiera
de estas potencias o sentidos, que habemos dicho, no parezca delante el alma y
el Esposo.
10h. Es como si dijera: en todas las
potencias espirituales del alma, como son memoria, entendimiento y voluntad, no
haya noticias ni afectos particulares, ni otras cualesquier advertencias.
10i. En todos los sentidos y potencias
corporales, así interiores como exteriores, que son imaginativa, fantasía,
etc., ver, oír, etc., no haya otras digresiones y formas, imágenes y figuras,
ni representaciones de objetos al alma, ni otras operaciones naturales.
11a. Esto dice el alma para gozar
perfectamente de esta comunicación con Dios.
11b. Conviene que todos los sentidos y
potencias, así interiores como exteriores, estén desocupados, vacíos y ociosos
de sus propias operaciones y objetos.
11c. En tal caso, cuando ellos de suyo más se
ponen en ejercicio, tanto más estorban.
11d. En llegando el alma a alguna manera de
unión interior de amor, ya no obran en esto las potencias espirituales, y menos
las corporales, por cuanto está ya hecha y obrada la obra de unión de amor,
actuada el alma en amor, y así acabaron de obrar las potencias.
11e. Llegando al término cesan todas las
operaciones de los medios.
11f. Lo que el alma hace entonces es
asistencia de amor de Dios, lo cual es amar en continuación de amor unitivo.
11g. No parezca, pues, nadie en la montiña.
11h. Sola la voluntad parezca, asistiendo al
Amado en entrega de sí y de todas las virtudes en la manera está dicho.
[1]
Montiña: 1. Monte, montaña.
[2]
Ajenación – enajenación – enajenar: 4. Desposeerse, privarse de algo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario