miércoles, 31 de marzo de 2021

Cántico espiritual. Canción 3, 2-3. Buscando mis amores. Sin esfuerzo no hay encuentro con Dios.

2a. Buscando mis amores, esto es, a mi amado, etc.

2b. Da a entender aquí el alma que para hallar a Dios de veras no basta solo orar con el corazón y la lengua, ni tampoco ayudarse de beneficios ajenos.

2c. Junto con eso es menester obrar de su parte lo que en sí es.

2d. Más suele estimar Dios una obra de la propia persona, que muchas que otras hacen por ella.

2e. Acordándose aquí el alma del dicho del Amado que dice:

2f. Lucas 11, 9: Buscad y hallaréis.

2g. Ella misma se determina a salir a buscarle por la obra, por no quedar sin hallarle, como muchos que no querrían que les costase Dios más que hablar, y aun eso mal.

2h. Y por él no quieren hacer casi cosa que les cueste algo.

2i. Algunos aun no levantarse de un lugar de su gusto y contento por él, sino que así se les viniese el sabor de Dios a la boca y al corazón, sin dar paso y mortificarse en perder alguno de sus gustos, consuelos y quereres inútiles.

2j. Aunque más voces den a Dios no le hallarán.

2k. Así le buscaba la esposa en los Cantares y no le haló hasta que salió a buscarle.

2l. Cantar de los Cantares 3, 1: En mi lecho de noche busqué al que ama mi alma: busquéle y no le hallé; levantarme he y rodearé la ciudad: por los arrabales y las plazas buscaré al que ama mi alma.

2m. Y después de haber pasado algunos trabajos, dice que le halló.

2n. Cantar de los Cantares 3, 4: “En cuanto los hube pasado, encontré al amor de mi alma. Lo abracé y no lo solté, hasta meterlo en mi casa materna, en la alcoba de la que me concibió”.

3a. El que busca a Dios queriéndose estar en su gusto y descanso, de noche le busca y así no le hallará.

3b. El que le busca por el ejercicio y obras de las virtudes, dejando aparte el lecho de sus gustos y deleites, este le busca de día, y así le hallará.

3c. Lo que de noche no se halla, de día parece.[1]

3d. Esto da a entender bien el mismo Esposo en el libro de la Sabiduría, diciendo:

3e. Sabiduría 6, 12-14: Clara es la sabiduría, y nunca se marchita, y fácilmente es vista de los que la aman y es hallada de los que la buscan. Previene a los que la codician, para mostrarse primero a ellos. El que por la mañanica madrugare a ella, no trabajará, porque la hallará sentada a la puerta de su casa.

3f. En lo cual da a entender que en saliendo el alma de la casa de su propia voluntad y del lecho de su propio gusto, acabado de salir, luego allí afuera hallará a la dicha Sabiduría divina, que es el Hijo de Dios, su Esposo.

3g. Que, por eso, dice el alma aquí: buscando a mis amores.



[1] Parecer: 5. Dicho de una cosa que estaba perdida u oculta. Hallarse o encontrarse.

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