Salí tras ti clamando, y eras ido.
20a. En
las heridas de amor no puede haber medicina sino de parte del que hirió.
20b.
Por eso esta herida alma salió en la fuerza del fuego que causó la herida tras
su Amado.
20c.
Que la había herido, clamando a él para que la sanase.
20d.
Este salir espiritualmente se entiende aquí de dos maneras, para ir tras Dios:
20e. La
una, saliendo de todas las cosas, lo cual se hace por aborrecimiento y
desprecio de ellas.
20f. La
otra, saliendo de sí misma por olvido de sí, lo cual se hace por el amor de Dios.
20g.
Cuando este toca al alma con las veras[1]
que se va diciendo aquí, de tal manera la levanta, que no solo la hace salir de
sí misma por olvido de sí.
20h. Aún
de sus quicios[2]
y modos e inclinaciones naturales las saca, clamando por Dios.
20i. Es
como si dijera: Esposo mío, en aquel toque tuyo y herida de amor sacaste mi
alma, no solo de todas las cosas, mas también la sacaste e hiciste salir de sí.
20j.
Porque, a la verdad, y aun de las carnes parece la saca, y levantársela a ti
clamando por ti, ya desasida de todo para asirse a ti.
21a. Y
eras ido. Como si dijera:
21b. Al
tiempo que quiso comprender tu presencia, no te hallé, y quedéme desasida[3]
de lo uno y sin asir[4]
lo otro.
21c.
Penando en los aires de amor sin arrimo de ti y de mí.
21d.
Esto que aquí llama el alma “salir” para ir a buscar el Amado, llama la esposa
en los Cantares “levantar”, diciendo:
21e. Levantarme
he y buscaré al que ama mi alma, rodeando la ciudad, por los arrabales y las
plazas, Busquéle, dice, y no le hallé, y llagáronme.
21f.
Cantar de los Cantares 3, 2: “Me levantaré y rondaré por la ciudad, por las
calles y las plazas, buscaré al amor de mi alma. Lo busqué y no lo encontré”.
21g.
Cantar de los Cantares, 5, 7: “Me encontraron los centinelas, que hacen la
ronda por la ciudad; me golpearon, me hirieron, me desgarraron el velo los
centinelas de la muralla.
21h.
Levantarse el alma esposa, se entiende allí, hablando espiritualmente, de lo
bajo a lo alto.
21i. Es
lo mismo que aquí dice el alma salir, esto es: de su modo y amor bajo al alto
amor de Dios.
21j.
Dice la esposa que quedó llagada, porque no le hallí.
21k.
Aquí el alma también dice que está herida de amor, y la dejó así.
21l. El
enamorado vive siempre penando en la ausencia.
21m.
Porque él está ya entregado al alma, esperando la paga de la entrega que ha
hecho, y es la entrega del Amado a él, y todavía no se le da.
21n.
Estando ya perdido a todas las cosas y a sí mismo por el amado, no ha hallado
la ganancia de su pérdida, pues carece de la posesión del que ama su alma.
22a.
Esta pena y sentimiento de la ausencia de Dios suele ser tan grande a los que
van llegando al estado de perfección.
22b. Al
tiempo de estas divinas heridas, que, si no proveyese el Señor, morirían.
22c.
Como tienen el paladar de la voluntad sano y el espíritu limpio y bien
dispuesto para Dios.
22d. En
lo que está dicho se les da a gustar algo de la dulzura del amor divino, que
ellos sobre todo modo apetecen, padecen sobre todo modo.
22e.
Porque, como por resquicios se les muestra un inmenso bien y no se les concede,
así es inefable[5]
la pena y el tormento.
[1]
Veras: 2. Eficacia, fervor y actividad con que se ejecuta o desea algo. www.rae.es
[2]
Salir de su quicios, o de sus quicios algo: 1. Exceder el orden o curso natural
y arreglado. Ib.
[3]
Desasir: 1. Soltar, desprenderse lo asido. Ib.
[4]
Asir: Tomar o coger con la mano, y en general, tomar, coger, prender.
[5]
Inefable: 1. Que no se puede explicar con palabras.

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