Habiéndome herido.
16. Que
es como si dijera: no solo me bastaba la pena y el dolor que ordinariamente
padezco en tu ausencia, sino que, hiriéndome más de amor con tu flecha y aumentando
la pasión y el apetito de tu vista, huyes con ligereza de ciervo y no te dejas
comprender algún tanto.
17a.
Allende de otras muchas diferencias de visitas que Dios hace al alma, con que
llaga y levanta el amor, suele hacer unos encendidos toques de amor.
17b. A
manera de saeta de fuego hieren y traspasan el alma y la dejan toda cauterizada[1]
con fuego de amor.
17c.
Estas propiamente se llaman heridas de amor, de las cuales habla aquí el alma.
17d.
Inflaman estas tanto la voluntad en afición[2]
que se está el alma abrasando en fuego y llama de amor.
17e.
Parece consumirse en aquella llama y la hace salir fuera de sí y renovar toda y
pasar a nueva manera de ser.
17f.
Así como el ave fénix que se quema y renace de nuevo.
17g. De
lo cual hablando David, dice: Fui inflamado mi corazón, y las renes[3]
se mudaron, y yo me resolví en nada, y no supe.
17h.
Salmo 72, 21-22: “Cuando mi corazón se agriaba y me punzaba mi interior, yo era
un necio y un ignorante, yo era un animal ante ti”.
18a.
Los apetitos y afectos que aquí entiende el profeta por renes, todos se
conmueven y mudan en divinos en aquella inflamación del corazón.
18b. El
alma por amor se resuelve en nada, nada sabiendo sino amor.
18c. A
este tiempo es la conmutación[4]
de estas renes en grande manera de tormento y ansia por ver a Dios.
18d.
Tanto, que le parece al alma intolerable rigor de que con ella usa el amor, no
porque la hubo herido, porque antes tiene ella las tales heridas por salud,
sino porque la dejó así penando de amor.
18e. Y
no lo hirió más valerosamente, acabándola de matar para verse y juntarse con él
en vida de amor perfecto.
18f.
Encareciendo[5]
o declarando ella su amor dice: Habiéndome herido.
18g. Es
a saber, dejándome así herida, muriendo con heridas de amor de ti, te
escondiste con tanta ligereza como ciervo.
19a.
Este sentimiento acaece así porque en aquella herida de amor que hace Dios al
alma levántase el afecto de la voluntad con súbita presteza a la posesión del
Amado, cuyo toque sintió.
19b. Con
esa misma presteza siente la ausencia y el no poderle poseer aquí lo que desea.
19c. Allí
juntamente siente el gemido de tal ausencia, porque estas visitas tales no son
como otras en que Dios recrea y satisface al alma.
19d.
Porque estas solo las hace más para herir que para sanar.
19e.
Más para lastimar que para satisfacer.
19f. Sirven
para avivar la noticia y aumentar el apetito y, por consiguiente, el dolor y el
ansia de ver a Dios.
19g.
Estas se llaman heridas espirituales del amor.
19h.
Las cuales son al alma sabrosísimas y deseables.
19i.
Por lo cual querría ella estar siempre muriendo mil muertes a estas lanzadas,
porque las hace salir de sí y entrar en Dios.
19j. Lo
cual da ella a entender en el verso siguiente, diciendo: Salí tras ti clamando,
y eras ido.

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