Capítulo 9. Cómo, aunque esta noche oscurece al espíritu, es para ilustrarle y darle luz.
1a. Esta
dichosa noche, aunque oscurece el espíritu, no lo hace sino por darle luz para
todas las cosas.
1b.
Aunque lo humilla y pone miserable no es sino para ensalzarle y levantarle.
1c.
Aunque le empobrece y vacía de toda posesión y afección natural, no es sino
para que divinamente se pueda extender a gozar y gustar de todas las cosas de
arriba y de abajo, siendo con libertad de espíritu general en todo.
1d. Así
como los elementos, para que se comuniquen en todos los compuestos y entes naturales,
conviene que con ninguna particularidad de color, olor ni sabor estén afectados,
para poder concurrir con todos los sabores, olores y colores.
1e. Así
al espíritu le conviene estar sencillo, puro y desnudo de todas maneras de
afecciones, naturales para poder comunicar con libertad con la divina
sabiduría, en que por su limpieza gusta los sabores de todas las cosas.
1f. Sin
esta purgación en ninguna manera podrá sentir ni gustar la satisfacción de toda
esta abundancia de sabores espirituales.
1g. Una
afición a que esté el espíritu asido basta para no sentir ni gustar ni
comunicar la delicadeza e íntimo sabor del espíritu de amor.
2a. Así
como los hijos de Israel, solo porque les había quedado una sola memoria de las
carnes y comidas de Egipto no podían gustar del delicado pan de ángeles en el
desierto, que era el maná, el cual:
2b. Sabiduría
16, 21: tenía una suavidad de todos los gustos y se convertía al gusto que dada
uno quería.
2c. Así
no puede llegar a gustar los deleites del espíritu de libertad el espíritu que
todavía estuviere afectado con alguna afición o con particulares inteligencias
o cualquiera otra aprehensión.
2d. La razón
es porque son afecciones, sentimientos y aprensiones del espíritu perfecto son
de otra suerte y genero tan diferente de lo natural.
2e.
Para poseer unas necesariamente se ha de expeler[1]
y aniquilar las otras.
2f.
Conviene mucho y es necesario para que el alma de contemplación las aniquile y
deshaga primero en sus bajezas, poniéndola a oscura, seca y apretada y vacía.
3a.
Conviene que, para que el entendimiento pueda unirse con ella sea primero
purgado y aniquilado de su lumbre natural, poniéndole actualmente a oscuras por
medio de esta oscura contemplación.
3b. La
cual tiniebla conviene que le dure tanto cuanto sea menester para expeler y
aniquilar el hábito.
3c. Las
tinieblas que aquí padece son profundas y horribles y muy penosas.
3d.
Conviene que, para que la voluntad pueda venir a sentir y gustar por unión de
amor esta divina afección y deleite sea primero purgada y aniquilada en todas
sus afecciones y sentimientos, dejándola en seco y en aprieto.
3e.
Para que extenuada y enjunta[2]
y bien extricada[3]
en el fuego de esta divina contemplación de todo género de demonio, como el
corazón del pez de Tobías en las brasas, tenga disposición pura y sencilla y el
paladar purgado y sano para sentir los subidos toques de divino amor.
3f. Tobías
6, 19: “Tobías, teniendo en cuenta lo que decía Rafael y que Sara era pariente
suya, de la familia de su padre, se enamoró intensamente de ella”.
4a. En
la dicha unión ha de estar el alma llena y dotada de cierta magnificencia
gloriosa en la comunicación con Dios.
4b.
Encierra en sí innumerables bienes de deleites que exceden toda la abundancia
que el alma naturalmente pueda poseer.
4c.
Isaías 64, 4: Ni ojo lo vio, ni oído lo oyó, ni cayó en corazón humano lo que
aparejó.
4d.
Conviene que primero sea puesta el alma en vacío y pobreza de espíritu,
purgándola de todo arrimo, consuelo y aprensión natural acerca de todo lo de
arriba y de abajo.
4e.
Vacía, esté bien pobre de espíritu y desnuda del hombre viejo.
5a.
Conviénele al espíritu adelgazarse y curtirse acerca del comúni y natural
sentir.
5b. Y a
la memoria remota de toda amigable y pacífica noticia, con sentido interior y
temple de peregrinación y exrtrañez de todas las cosas.
5c. En
esto va sacando esta noche de espíritu para traerle a sentido divino, el cual
es extraño y ajeno de toda humana manera.
5d.
Aquí le parece el alma que anda fuera de sí en penas.
5e.
Otras veces piensa si es encantamiento el que tiene o embelesamiento, y anda
maravillada de las cosas que ve y oye.
5f.
Aniquilada en este, quede informada[4]
en lo divino, que es más de la otra vida que de esta.
6a. Todas
estas aflictivas purgaciones del espíritu para reengendrarlo en vida de
espíritu por medio de esta divina influencia, las padece el alma, y con estos
dolores viene a parir el espíritu de salud, porque se cumpla la sentencia de
Isaías.
6b.
Isaías 26, 17-18: De tu faz, Señor, concebimos, y estuvimos con dolores de
parto, y parimos el espíritu de salud.
6c. Por
medio de esta noche contemplativa se dispone el alma para venir a la
tranquilidad y paz interior que es tal y tan deleitable que:
6d.
Filipenses 4, 7: excede todo sentido.
6e.
Conviénele al alma que esta paz del sentido del espíritu sea primero purgada en
ella y quitada y perturbada de la paz.
6f.
Como lo sentía y lloraba Jeremías en la autoridad que de él alegamos para declarar
las calamidades de esta noche pasada.
6g.
Lamentaciones 3, 17: Quitada y despedida está mi alma de la paz.
7a.
Esta es una penosa turbación de muchos recelos, imaginaciones y combates que
tiene el alma dentro de sí, en que sospecha que está perdida y acabados sus
bienes para siempre.
7b.
Trae en el espíritu un dolor y gemido tan profundo que le causa rugidos y
bramidos espirituales.
7c.
David declara muy bien esto, como quien bien lo experimentó, en un salmo.
7d.
Salmo 37, 9: Fui muy afligido y humillado, rugía del gemido de mi corazón.
7e. El
cual rugido es cosa de gran dolor.
7f.
Algunas veces, con la súbita y aguda memoria de estas miserias en que se ve el
alma, tanto se levanta y cerca en el dolor y pena las afecciones del alma, que
no sé cómo se podrá dar a entender sino por la semejanza que el profeta Job
estando en el mismo trabajo de él, por estas palabras dice:
7g. Job
3, 24: De la manera que son las avenidas de las aguas, así el rugido mío.
7h. Así
como algunas veces las aguas hacen tales avenidas que todo lo anegan y llenan,
así este rugido y sentimiento del alma algunas veces crece tanto, que,
anegándola y traspasándola toda, llena de angustias y dolores espirituales
todos sus afectos profundos y fuerzas.
8a. Job
30, 17: En la noche duermen.
8b. La
voluntad es traspasada con estos dolores que en desperazar el alma ni cesan ni
duermen.
8c. Las
dudas y recelos que traspasan el alma así nunca duermen.
9a.
Profunda es esta guerra y combate.
9b. La
paz que espera ha de ser muy profunda; y el dolor espiritual es íntimo y
delgado, porque el amor que ha de poseer ha de ser también muy íntimo y apurado[5].
9c.
Cuanto más íntima y esmerada ha de ser y quedar la obra, tanto más íntima,
esmerada y pura ha de ser la labor, y tanto más fuerte cuanto el edificio más
firme.
9d.
Como dice Job, se está marchitando en sí misma el alma e hirviendo sus interiores
sin alguna esperanza.
9e. Job
30, 16: Entretanto mi vida se diluye: me amenazan días de aflicción.
9f. Job
30, 27: Me hierven las entrañas sin cesar, enfrentado a días de aflicción.
9g. El
alma ha de venir a poseer y gozar en el estado de perfección a innumerables
bienes de dones y virtudes, así según la sustancia del alma, como también según
las potencias de ella.
9h.
Conviene que primero generalmente se vea y sienta ajena y privada de todos ellos
y vacía y pobre de ellos, y le parezca que de ellos está tan lejos, que todo
bien se le acabó.
9i.
Lamentaciones 3, 17: Olvidado estoy de los bienes.
10.
Siendo esta luz de contemplación tan suave y amiga del alma es la misma con que
se ha de unir el alma y hallar en ella todos los bienes en el estado de
perfección que desea, le cause con su embestimiento a estos principios tan penosos
y esquivos efectos con que aquí habemos dicho.
11a. A
esta duda responde diciendo lo que ya en parte habemos dicho.
11b. La
causa de esto es que no hay de parte de la contemplación e infusión divina cosa
que de suyo pueda dar pena, antes mucha suavidad y deleite, sino que la causa
es la flaqueza e imperfecciones que entonces tiene el alma, y disposiciones que
en sí tiene y contrarios para recibirlos.
[1]
Expeler: expulsar. www.rae.es
[2]
Enjuto: seco o carente de toda humedad.
[3]
Extricar: Liberar a una persona atrapada de su confinamiento. www.andinia.com
[4]
Dar forma sustancial a algo. www.rae.es
[5]
Apurar: purificar algo separando lo impuro o extraño.

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