Capítulo 13. De otros sabrosos efectos que obra en el alma esta oscura noche de contemplación.
1a. Algunas
veces en medio de estas oscuridades es ilustrada el alma y luce la luz en las
tinieblas.
1b. Juan
1, 5: “Y la luz brilla en las tinieblas”.
1c.
Derivándose esta inteligencia mística al entendimiento.
1d. Quedándose
seca la voluntad, sin unión actual de amor, con una serenidad y sencillez tan
delgada y deleitable al sentido del alma, que no se le puede poner nombre.
1e.
Unas veces en una manera de sentir de Dios, otras en otra.
2a.
También hiere juntamente en la voluntad y prende el amor subida, tierna y
fuertemente.
2b. Se
unen estas dos potencias, entendimiento y voluntad, cuando se va más purgando el
entendimiento, tanto más perfecta y calificadamente[1]
cuando ellas se van.
2c. Más
común es sentir la voluntad el toque de la inflamación que el entendimiento el
de la inteligencia.
3a.
¿Por qué, pues estas potencias se van purgando a la par?
3b.
Aquí no hiere derechamente este amor pasivo en la voluntad, porque la voluntad
es libre, y esta inflamación de amor más es pasión de amor que acto libre de la
voluntad.
3c.
Hiere en la sustancia del alma este calor de amor, y así mueve las afecciones
pasivamente.
3d.
Esta antes se llama pasión de amor que acto libre de voluntad, en cuanto es
libre.
3c.
Estas pasiones y afecciones se reducen[2]
a la voluntad, por eso se dice que, si el alma está apasionada con alguna
afección, lo está la voluntad.
3d. De
esta manera se cautiva la voluntad y pierde su libertad.
3e. De
manera que la lleva tras sí el ímpetu y fuerza de la pasión.
3f.
Esta inflamación de amor es en la voluntad, esto es, inflama el apetito de la
voluntad.
3g.
Antes se llama pasión de amor que obra libre de la voluntad.
3h.
Porque la pasión receptiva del entendimiento solo puede recibir la inteligencia
desnuda y pasivamente, y esto no puede sin estar purgado, por eso siente el
alma menos veces el toque de inteligencia que el de la pasión de amor.
3i.
Para esto no es menester que la voluntad esté tan purgada acerca de las
pasiones.
3j. Las
pasiones la ayudan asentir amor apasionado.
4a.
Esta inflamación y sed de amor, por ser ya aquí del espíritu, es diferentísima
de la otra noche que dijimos en la noche del sentido.
4b. La
raíz y el vivo de la sed de amor siéntese en el espíritu, sintiendo y
entendiendo de tal manera lo que siente y la falta que le hace lo que desea,
que todo el penar del sentido no le tiene en nada.
5a.
Cuando se comienza eta noche espiritual no se siente esta inflamación de amor.
5b. En
lugar de esto da Dios al alma un amor estimativo[3]
tan grande de Dios que todo lo más que padece y siente en los trabajos de esta
noche es ansia de pensar si tiene perdido a Dios y pensar si está dejada de él.
5c. Siempre
podremos decir que desde el principio de esta noche va el alma tocada con
ansias de amor, ahora de estimación[4],
ahora también de inflamación.
5d. La
mayor pasión que siente en estos trabajos es este recelo.
5e. Si
entonces se pudiese certificar que no está todo perdido y acabado y que Dios no
está enojado no se le daría nada de todas aquellas penas, antes se holgaría[5]
sabiendo que de ello sirve a Dios.
5f. Es
tan grande el amor de estimación que tiene a Dios, aunque a oscuras sin
sentirlo ella, que no solo eso, sino que se holgaría de morir muchas veces por
satisfacerle.
5g.
Cuando ya la llama ha inflamado el alma tal fuerza y brío suele cobrar y ansia
con Dios que sin mirar en cosa alguna, sin tener respeto a nada, en la fuerza y
embriaguez del amor y deseo haría cosas extrañas e inusitadas por cualquier
modo y manera que se le ofrece por poder encontrar con el que ama su alma.
6a.
Esta es la causa por qué María Magdalena, con ser tan estimada en sí como antes
era, no le hizo al caso la turba de hombres principales y no principales del
convite, ni el mirar que no venía bien ni lo parecía ir a llorar y derramar
lágrimas entre los convidados.
6b.
Lucas 7, 37-38: “En esto entró una mujer que había en la ciudad, una pecadora,
al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un
frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose tras junto a sus pies,
llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los
cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume”.
6c. A
trueque[6]
de, sin dilatar una hora esperando otro tiempo y sazón, poder llegar ante aquel
de quien estaba ya su alma herida e inflamada.
6d.
Esta es la embriaguez y osadía de amor, que, con saber que su amado estaba
encerrado en el sepulcro con una gran piedra sellada y cercado de soldados, que
por que le hurtase sus discípulos que le guardaban (Mt 27, 60-66) no le dio
lugar para que alguna de estas cosas se pusiese delante, para que dejara de ir
antes del día con los ungüentos para ungirle (Jn 20,1).
6e.
Mateo 27, 60-66: “Lo puso en su sepulcro nuevo que había excavado en la roca,
rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María la Magdalena
y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro. A la mañana
siguiente pasado el día de la preparación, acudieron en grupo los sumo sacerdotes
y los fariseos a Pilato y le dijeron: “Señor, nos hemos acordado de que aquel
impostor estando en vida anunció: “A los tres días resucitaré”. Por eso ordena
que vigilen el sepulcro hasta el tercer día, no sea que vayan sus discípulos se
lleven el cuerpo y digan al pueblo: “Ha resucitado de entre los muertos”. La
última impostura sería peor que la primera. Pilato contestó: “Ahí tenéis la
guardia: id vosotros y asegurad la vigilancia como sabéis”. Ellos aseguraron el
sepulcro, sellando la piedra y colocando la guardia”.
6f.
Juan 20,1: “El primer día de la semana María la Magdalena fue al sepulcro al
amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro”.
7a. Esta
embriaguez y ansia de amor la hizo preguntar al que, creyendo que era el
hortelano, si le estaba hurtando del sepulcro, que le dijese, si le había él
tomado, dónde le había puesto, para que ella le tomase; no mirando que aquella
pregunta era libre juicio y razón, era disparate, pues está claro que si el
otro lo había hurtado, no se le había de decir, ni menos se lo había dejar tomar.
7b.
Juan 20, 15: Jesús le dice: “Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?”. Ella,
tomándolo por el hortelano le contesta: “Señor, si tú te lo has llevado, dime
dónde lo has puesto y yo lo recogeré”.
7c.
Esto tiene la fuerza y vehemencia de amor, que todo le parece posible y todos
le parece que andan en lo mismo que anda él; porque no cree que hay otra cosa
en que nadie se debe emplear, ni buscar sino a quien ella busca y a quien ella ama,
pareciéndole que no hay otra cosa que querer ni en qué se emplear sino aquello,
y que también todos andan en aquello.
7d. Por
eso cuando la esposa salió a buscar a su amado por las plazas y arrabales,
creyendo que los demás andaban en lo mismo, le dijo que, si lo hallasen ellos,
le hablasen, diciendo de ella que penaba de su amor.
7e.
Cantar de los Cantares 5, 8: “Os conjuro muchachas de Jerusalén si encontráis a
mi amado ¿qué habéis de decirle? Que he sido herida de su amor.
7f. Tal
era la fuerza del amor de esta María, que le pareció que, si el hortelano le
diera dónde le había escondido, fuera ella y lo tomara, aunque más le fuera
defendido.
8a. A
este talle son las ansias de amor que va sintiendo esta alma, cuando ya va aprovechada
en esta espiritual purgación.
8b. De
noche se levanta, esto es, en estas tinieblas purgativas; y con las ansias y
fuerzas que la leona u osa va a buscar sus cachorros cuando se los han quitado
y no los halla.
8c. 2
Samuel 17, 8: “Y continuó: Tú sabes que tu padre y sus hombres son aguerridos y
estarán furiosos como una osa en el campo privada de sus crías. Tu padre es un
hombre de guerra y no pasará la noche con el pueblo”.
8d. Oseas
13, 8: “Los atacaré como una osa privada de sus crías, desgarraré las membranas
de su corazón, los devoraré allí mismo como una leona, una bestia salvaje que
los despedaza”.
8e.
Anda eta herida alma a buscar a Dios.
8f.
Como está en tinieblas siéntese sin él, estando muriendo de amor por él.
8g.
Este es el amor impaciente que no puede durar mucho el sujeto sin recibir o
morir, según tenía Raquel a los hijos cuando dijo a Jacob:
8h.
Génesis 30, 1: Dame hijos; si no, moriré.
9a. Es
aquí de ver cómo el alma sintiéndose tan miserable y tan indigna de Dios tenga tan
osada y atrevida fuerza para ir a juntarse con Dios.
9b. La
causa es, como ya el amor le va dando fuerza con que le ame de veras, y la
propiedad del amor sea quererse unir y juntar e igualar y asimilar a la cosa
amada, para perfeccionarse en el bien de amor.
9c. No
estando esta alma perfeccionada en amor, por no haber llegado a la unión, el
hambre y sed que tiene de lo que falta y las fuerzas que ya el amor ha puesto
en la voluntad le haga ser osada y atrevida según la voluntad inflamada.
9d.
Aunque según el entendimiento, por estar a oscuras y no ilustrado[7],
se siente indigno y se conoce miserable.
10a. La
causa por qué esta luz divina es, siempre luz para el alma, no la da, luego que
embiste ella, antes le causa tinieblas y trabajos:
10b.
Que las tinieblas y los demás males que el alma siente cuando eta divina luz
embiste, no son tinieblas ni males de la luz, sino de la misma alma, y la luz
le alumbra para que lo vea.
10c. Le
da luz esta divina luz; pero con ella no puede ver el alma primero sino lo que
tiene más cerca de sí o en sí, que son sus tinieblas o miserias, las cuales ve
ya por la misericordia de Dios.
10d.
Antes no la veía, porque no daba en ella esta luz sobrenatural.
10e.
Esta es la causa por al que al principio no siente sino tinieblas y males.
10f. Después
de purgada con el conocimiento y sentimiento de ellos tendrá ojos para que esta
luz la muestro los bienes de la luz divina.
11a. Por
lo dicho queda entendido cómo Dios hace merced aquí al alma de limpiarla y
curarla con eta fuerte lejía y amarga purga, según la parte sensitiva y la
espiritual, de todas las afecciones y hábitos imperfectos, oscureciéndole las
potencias interiores y vaciándolas acerca de todo esto.
11b. Lo
cual nunca el alma por sí misma pudiera conseguir.
11c.
Haciéndola Dios desfallecer en esta manera a todo lo que no es Dios
naturalmente, para irla vistiendo de nuevo, desnuda y desollada[8]
ya ella de su antiguo pellejo.
11d. Y
así, se le renueva, como al águila, su juventud.
11e.
Salmo 102, 5: “El sacia de bienes tus días, y como un águila se renueva tu
juventud”.
11f.
Quedando vestida del nuevo hombre que es criado, como dice el apóstol, según
Dios.
11g.
Efesios 4, 24: “Despojaos del hombre viejo y de su anterior modo de vida,
corrompido por sus apetencias seductoras”.
11h. Lo
cual no es otra cosa sino alumbrarle el entendimiento con la lumbre
sobrenatural.
11i. De
manera que de entendimiento humano se haga divino unido con el divino.
11j.
Informarle[9]
la voluntad de amor divino, de manera que ya no sea voluntad menos que divina,
no amando menos que divinamente, hecha y unida en Dios con la divina voluntad y
amor.
11k. Y
la memoria, ni más ni menos; y también las afecciones y apetitos mundanos y
vueltos según Dios divinamente.
11l. Esta
alma será ya alma del cielo, celestial, y más divina que humana.
11m.
Todo lo cual va Dios haciendo y obrando en ella por medio de esta noche, ilustrándola
e inflamándola divinamente con ansias de solo Dios y no de otra cosa alguna.
11n.
Por lo cual, muy justa y razonablemente añade luego: ¡Oh dichosa ventura!
[1]
Calificar: ennoblecer, ilustrar, acreditar. www.rae.es
[2]
Reducir: sujetar a la obediencia a quienes se habían separado de ella.
[3]
Amor estimativo: junto con todas las manifestaciones del deseo tiene su origen
en Dios y es de índole sobrenatural. Kiwka, Miroslaw. Hombre y amor en san
Juan de la Cruz. Extracto de la Tesis Doctoral presentada en la Facultad
Eclesiástica de Filosofía de la Universidad de Navarra. Nota 17. Pamplona.
1995. Pg. 347.
[4]
Estimación: instinto de los animales.
[5]
Holgar: recibir o sentir alegría.
[6]
A trueque: cambiar una cosa por otra.
[7]
Ilustrar: dicho de Dios, alumbrar interiormente a las criaturas con luz
sobrenatural.
[8]
Desollar: quitar la piel del cuerpo o de alguno de sus miembros.
[9]
Informar: dar forma sustancial a algo. Forma: en la filosofía escolástica,
principio activo que con la materia prima constituye la esencia de los cuerpos;
en filosofía, principio activo que con la materia prima constituye la esencia
de los cuerpos. Sustancia: realidad que existe por sí misma y es soporte de sus
cualidades y accidentes.

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